por David Zurdo y Ángel Gutiérrez

- Extracto del libro LA VIDA SECRETA DE FRANCO, editorial EDAF -

 

¿Tuvo Franco una vida secreta? ¿Tuvo un rostro oculto? Sin duda, la respuesta a ambas preguntas es afirmativa. Mientras los españoles lo consideraban un hombre de férreo catolicismo, enemigo de la masonería, el comunismo y el sionismo, entregado al servicio de la nación y ortodoxo en todas sus manifestaciones, la realidad es que Franco introducía símbolos esotéricos en el Valle de los Caídos, se rodeaba de una guardia mora con fines protectores relacionados con la tradición islámica, había intentado ser aceptado en la masonería en al menos una ocasión, realizó un extraño ritual relacionado con el taladro de un enebro, trajo a España el mayor templo egipcio que hay fuera de Egipto... y estos datos son solo una muestra de las extrañas creencias del dictador. Sobre el, incluso, dicen que se refieren algunas profecías de Nostradamus...

Franco hizo construir la mayor cruz que existe en el mundo, acumuló en su persona las mas altas dignidades del Estado, se hizo llamar Glorioso Caudillo, se retractó como un cruzado, se sintió un nuevo Felipe II y permitió a los nazis buscar en España el Santo Grial y crey6 en las reliquias como talismanes protectores.

Hombre de mente compleja —aunque siempre oculto tras la mascara de la frialdad y la autoridad—, fue muy aficionado a la pintura, quiso ser novelista y director de me, se le propuso para cardenal, estuvo a punto de poseer la bomba atómica y, a pesar de todas sus extravagancias y rarezas, recibió las alabanzas de todos los papas de su tiempo o de estadistas como el general Eisenhower y el mariscal Pétain.

La vida secreta de Franco fue rica, extraña y desconocida. Acompáñenos a descubrir su rostro oculto.

RELIGIÓN Y MISTICISMO

Francisco Franco hizo una fulgurante carrera militar que podía haber acabado, en realidad, muy pronto. La guerra de Marruecos le dio la oportunidad. El era arrojado. Algunos quisieron ver un genio estratega, mientras que otros le conceden solamente el valor táctico. Hay quienes sostienen, incluso, que su osadía suplió su categoría como militar, que «no era tan bueno como se cree». Pero esa osadía solo lleva al éxito si se cuenta con la suerte como Así lo creyó el enemigo, los moros de aquel entonces. Ante los éxitos de Franco crearon un aura de leyenda en torno a el: Franco tenia baraka, estaba protegido por fuerzas superiores.

Que es la baraka

La suerte, tal v como la entendemos en el mundo occidental, es algo mas bien lingüístico. En nuestro acervo cultural esta impreso el significado, pero lo usamos de un modo «ligero». Cuando queremos significar algo mas, hablamos de Destino, de Sino o, incluso, de Providencia. El Destino ha sido muy atacado por científicos y filósofos desde el siglo XIX; y la Providencia queda solo en manos de las personas de fe religiosa. Sin embargo, permanecen ambos conceptos en nuestra memoria colectiva y hay quienes defienden su verdad, como Albert Einstein o los teólogos mas competentes. No entraremos aquí a discutir sobre esto. Pero nos sirve para oponer el concepto° de «suerte» que nosotros manejamos con esa «baraka» que los moros de Marruecos atribuían a Franco.

La baraka es la suerte divina, la protección que el cielo derrama sobre los elegidos. Mas tiene que ver con la Providencia, por tanto, que con la suerte que uno desea a alguien cuando, por ejemplo, compra un décimo de lotería. Quizá también pueda asimilarse al concepto de suerte providencial («se le ha aparecido la Virgen»), aunque con un sentido continuado, no puntual sobre un cierto acontecimiento o suceso. La baraka entronca con los chiitas v el concepto sufí. La desprende un hombre santo, y solo por el hecho de estar en su presencia se produce la bendición. Es el vehículo por el que el maestro comunica la «gracia» a su discípulo. Antiguamente se iba en peregrinación a los morabitos —tumbas de eremitas o santos musulmanes—, ya que se creía que el lugar donde reposaban estaba bendito v producía milagros. En lenguaje moderno se podría llamar «estrella».

Desde los tiempos en que Francisco Franco era un canijo cadete en la Academia Militar de Toledo, muy bajo para su edad, con un fusil a medida, vocecilla sin energía y víctima de las burlas de sus compañeros, hasta que su carrera militar experimentó el fulgurante avance en Marruecos que lo encumbró a la fama en toda Europa como general más joven del continente en aquel momento y desde Napoleón Bonaparte —comparado incluso con este por edad y brillantez—, desde esos tiempos, la leyenda de que tenia baraka se justifica a través de numerosos episodios.

Él mismo, con el sentimiento de que los hilos del destino lo guiaban por el camino de los elegidos, siempre estuvo rodeado por un grupo de aquellos magrebíes que primero le habían hecho ver esa «verdad»: la guardia mora. ¿Fue este cuerpo militar una extensión de las tierras de Marruecos, una especie de talismán de protección v continuación de su baraka? Mas allá de la simple pompa y el boato de que Franco quiso dotar a su representación de poder externa, ¿tuvo en la guardia mora un papel que excedía ese deseo?

El destino v la superstición se funden cuando comprobamos que Franco estaba siempre atento a los signos. Trataba de enfocar esa realidad escondida para el común de los mortales y, en ella, leer lo que le dictaba la Providencia. Así, actuaba a menudo como un hombre supersticioso, por más que en su animo, en su fuero intimo, creyera que aquella era la llamada del destino, del que se sentía hijo y elegido. Quizá sea exagerado, pero es posible que Franco se creyera un mesías de España y de los españoles. Esto puede ser exagerado, pero no es descabellado.

Durante la Guerra de África, en la decisiva campana del Rif, Franco consultó en más de una ocasión a una vidente que se hacia llamar Mersida. El verdadero nombre de esta mujer era Mercedes Roca, en parte de origen bereber. Franco le hizo preguntas relativas a la marcha de la guerra de África v también le consultó sobre sus personas más cercanas. En todo caso, esto no significa que creyera en lo que le decía. Podría ser como aquel emperador romano que pasaba por hombre interesado en la filosofía, la sabiduría v los conocimientos humanos, porque llevaba siempre en su carro, junto a el, a un conocido filósofo. Pero no; cuando este murió, el emperador reconoció que nunca había entendido una palabra de lo que le decía. Ni siquiera lo escuchaba. Le gustaba que le acompañase v le fuese hablando por el efecto relajante de su calida y agradable voz. Nada le importaba lo que estuviera diciendo.

Las profecías sobre Franco

Se ha interpretado una profecía del mas famoso profeta de todos los tiempos, Nostradamus, en relación con Franco. Para quien quiera refrescar su memoria, Nostradamus, llamado Michel de Notre-Dame, fue un hombre sabio: medico que combatió la epidemia de peste, astrónomo atento a la observación del firmamento°, profeta cuyos aciertos superan la simple probabilidad o la intencionada interpretación. Aunque su origen fue judío, el era cristiano de religión. Nació en Francia, concretamente en la Provenza en 1503, y murió en 1566 en el mismo país. Aunque la astrología no era una actividad admitida por la Iglesia, Nostradamus vivió y murió como cristiano y recibió sepultura en terreno bendito. Quizá esto se debe a que el siempre atribuyó su don de la profecía a la influencia de Dios, a su inspiración directa, ya que para él la astrología únicamente le daba el conocimiento del tiempo en que los hechos revelados acontecerían. Además de sus muchas profecías cumplidas, anunció con acierto su propia muerte, detalles incluidos, que se produjo como el había dicho, aunque un año más tarde.

Sus profecías más famosas son las Centurias astrológicas, compuestas por series de cien composiciones de cuatro versos cada una, con rima, llamadas «cuartetas». Veamos la cuarteta que podría referirse a Franco:

Centuria IX, cuarteta 16

De castillo Franco saldrá la asamblea,

El embajador no grato será cisma:

Los de Ribiere estarán en la pelea,

Y en el gran abismo negarán la entrada.

La posible interpretación es esta: Franco, citado así literalmente, sale de la asamblea como jefe de Castilla, que simboliza a toda España. El «embajador no grato será cisma» da idea de que hubo oposición, como después se especifica con «los de Ribiere». Con ese apelativo podría referirse al fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera, de apellido similar fonéticamente. La oposición entre Franco y José Antonio existió, a pesar de que el primero alabara al segundo y celebrara la fecha de su muerte, o lo hiciera enterrar en la basílica del Valle de los Caídos. El sentido de «el gran abismo», si esta interpretación es correcta, es la Segunda Guerra Mundial, en la que España no intervino directamente, es decir: «negaran la entrada», quizá gracias de algún modo a «los de Ribiere».

Según Jean-Charles de Fontbrune, uno de los mayores expertos modernos en interpretación de Nostradamus, existe otra cuarteta —de traducción algo confusa— que se refiere al anarquismo español, el exilio) del rey Alfonso XIII y el levantamiento de Franco en la Guerra Civil:

Centuria I, cuarteta 19

Cuando serpientes vengan a circundar el ara

La sangre troyana vejado por las Españas:

Por ellos gran número habrán sido mermadas,

Jefe huye, escondido en el pantano entre canas.

La interpretación, basada en la de Fontbrune, podría ser algo así: La sangre de los Borbones sufrirá vejación en España por causa de los anarquistas, que también mataran a muchos. Pero un jefe, que se puede asimilar con Franco, los expulsará v les hará esconderse para evitar que su sangre se derrame. La mención a las canas podría referirse a Valencia, adonde se trasladó el Gobierno de la Republica.

Confidencias de uno de los últimos integrantes de la guardia mora

Quien sabe si Franco quiso traerse a la Península un poco de esa baraka marroquí cuando creó la vistosa guardia mora. Es difícil de saber, pero no resulta en absoluto una idea irrazonable como posibilidad, en ese mar de incertidumbre histórica al respecto de muchas de las intenciones o sentimientos ocultos del Caudillo.

Detrás de su jefe, desfilaron los batallones de regulares moros en Madrid después del final de la guerra. Combatieron con los nacionales contra la República. Fueron feroces, como se les pedía. Demostraron gran valentía en las batallas en que intervinieron. Hoy están olvidados, y algunos de ellos, los últimos, reciben algún dinero del Estado español.

En todo caso, los moros que vinieron con Franco a partir de la Guerra Civil, se fueron estableciendo en el barrio madrileño de Tetuán, al que pusieron ese nombre porque les recordaba a su patria; y también en un barrio de El Pardo llamado Mingorrubio, que se creó ya desde el principio como una colonia militar. Allí vive hoy uno de aquellos hombres, Jaime Mohan (ha adoptado un nombre de pila español). Perteneció a la guardia mora hasta 1956, y luego paso al ejercito. El mismo nos aclarará algunas de las incógnitas del cuerpo al que perteneció y de su servicio a Franco.

Mingorrubio dista del núcleo de El Pardo poco más de un kilómetro en dirección al embalse —que construyó Franco— y al cementerio. Su arquitectura, formada por casas bajas con buhardilla, recuerda a la del «poblado» del Valle de los Caídos. No en vano su construcción es coetánea y el arquitecto que las diseñó, el mismo. Allí en Mingorrubio, viven todavía dos miembros de la guardia mora. Son los últimos representantes de este cuerpo que residen en la zona. Ambos entraron en ella en los años cincuenta, década en que se disolvió definitivamente.

Quizá Franco, rehecho del peligro de perder el poder gracias a las alianzas con los Estados Unidos y la entrada de España en la ONU, no necesitaba ya baraka. Se sentía fuerte, tanto como para llevar en su mano las riendas por medio de su capacidad de adaptación a las condiciones y circunstancias políticas y sociales.

—¿Por qué cree usted que Franco quiso tener una guardia personal compuesta por marroquíes?

—La verdad es que no lo se. Era una cosa bonita, vistosa. En Marruecos empezó a ascender en su carrera militar y luego le gusto taller un grupo de escoltas de infantería y caballería. En las zonas española y francesa de Marruecos siempre hubo soldados moros. Franco fue destinado a África porque había muchos rebeldes y consiguió hacerse amigo de los soldados marroquíes. Siempre le tuvieron gran respeto y consideración.

—También comenzó allí su leyenda como hombre protegido, con baraka, ¿no es cierto?

—Eso no lo se. No soy una persona religiosa.

—A ese respecto, ¿se les permitía a ustedes mantener su propia religión, o tenían que ser cristianos?

—No, no, en absoluto. Se permitía la religión de cada uno. No había falta ser cristiano. Había culto en el propio cuartel, con un clérigo musulmán. No había ningún tipo de problema con eso.

—¿Estaban ustedes bien integrados?

—Los mandos eran todos españoles. Estábamos bien integrados. Se nos respetaba, había camaradería, aunque también un poquito de racismo.

—No se decía, pero se notaba.

—¿Racismo? ¿Como ahora o más que ahora?

—Siempre ha sido igual, creo yo. No hay más racismo ahora ni antes.

—¿Cómo era la relación de la guardia mora con Franco?

—Distante, fría. El no se mezclaba en nada. Le servíamos y ya está.

Como cuerpo se nos respetaba completamente. Éramos lo más vistoso. Pero nuestra relación directa con Franco, casi nula. Era un hombre muy serio. Todo era muy serio.

Jaime Mohan parece un hombre algo desencantado, conciso en sus respuestas, poco hablador. Quizá piense que podemos perjudicarlo en este libro. Al contrario. Cuando el sirvió en España no lo hizo por cuestiones políticas. Y eso hay que respetarlo siempre. Los tiempos cambian, pero las personas que permanecen han de seguir viviendo. Los marroquíes de la guardia mora fueron soldados al servicio de una sociedad española que cada vez avanzaba mas rápidamente. Han quedado en el pasado, absorbidos por el futuro, olvidados. Que este libro sirva para recordarlos.

—¿Por qué se disolvió la guardia mora?

—Por la independencia de Marruecos de España y de Francia. Los franceses tenían preso al rey Mohamed V. Cuando lo soltaron y se independizó el país, Franco tuvo que renunciar a este cuerpo. Ya no habría más marroquíes para engrosar sus filas. En 1956 Francia y España reconocieron la independencia de sus protectorados.


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LA VIDA SECRETA DE FRANCO de editorial EDAF

Escrito por David Zurdo y Ángel Gutiérrez