El asesino del zodiaco

por Javier Pérez Campos

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Continúan las amenazas…

Aquel extraño personaje estaba sembrando el pánico en todo Vallejo y sus hazañas empezaban a ser conocidas más allá de las fronteras de California. Sus misivas a la prensa y a las autoridades continuaron; enviaba postales, mensajes cifrados y amenazas…
La prensa intentó darle la espalda, pero aquel hombre envió pronto una carta asegurando que si la prensa no publicaba sus escritos, pondría una bomba en un autobús escolar… Aquello, afortunadamente, nunca llegó a cumplirse.
Su letra era desequilibrada e inconexa, y pronto fue estudiada por todo tipo de profesionales…


Una de las misivas enviadas a la prensa

Se llegó a la conclusión de que para la escritura de dichas cartas había utilizado métodos que distorsionaran su propia letra, de forma que fuera imposible de identificar. Se dedujo que para escribir todos aquellos mensajes, aquel hombre debía dedicar horas, por lo que se trataba de un asesino metódico y paciente. Además, incluso, algunos bautizaron sus criptogramas como brillantes…
Como curiosidad, todas sus cartas llegaban siempre selladas con el doble de la cantidad necesaria para hacerlas llegar…
Después de tres años de aparente silencio, en enero de 1974, Zodiac volvió a escribir al diario San Francisco Chronicle para calificar la película El exorcista como “la mejor comedia satírica que había visto”… Firmó como: “Me [yo]= 37, SFPD= 0”
Tras aquello, otras cartas fueron llegando al diario simplemente para quejarse de alguna película o columnista, en un tono satírico y una letra que recordaba bastante a aquel extraño personaje, pero nunca vueltas a firmar con aquel extraño signo y aquel nombre que tanto se había mitificado... Zodiac.

Las investigaciones más recientes...

El principal sospechoso de los sucesos fue Arthur Leigh Allen, investigado seriamente por la policía. Todo comenzó cuando en julio de 1971 un amigo de Allen alertó a las autoridades sobre las sospechas que tenía de este…

Una de las teorías más impresionantes, tienen que ver con el nombre y el signo que eligió el asesino para identificarse… ¿Por qué Zodiac, y por qué esa marca que representaba, aparentemente, la mira de un arma? Pronto un dato importante estaba a punto de salir a la luz… Arthur Leigh Allen portaba un reloj de la marca Zodiac. Y, ¿adivinan el logotipo de dicha marca de relojes suizos?


Arthur Leigh Allen, principal sospechoso...

Así, la policía empezaba a tener evidencias en contra de este hombre por los interrogatorios, y se encontraron, además, explosivos en su domicilio, además de varias actuaciones sospechosas que no hicieron más que incriminarlo aún más, aunque nunca tuvieron evidencias físicas que atestiguaran que se trataba del autor de los asesinatos de Vallejo. Además, Allen siempre negaba aquellas acusaciones vertidas sobre él, llegando a declarar: “Yo no soy Zodiac, pero si lo fuera, tampoco te lo diría”…

Y aunque muchos apuntaban hacia él como el verdadero asesino del zodiaco –muchos aún lo sostienen- por impresionantes similitudes, las recientes pruebas de ADN realizadas a las huellas obtenidas de las cartas enviadas hicieron caer todas esas teorías.

Así, las pruebas de ADN han arrojado tan solo un perfil genético parcial que ha servido, al menos, para excluir a varios sospechosos, entre los que se encontraba Bruce Davis, miembro de la familia Manson.

En abril de 2004 la policía archivó el caso, pero debido a una gran presión por parte de varios sectores, se decidió reabrir el caso en marzo de 2007.
En la actualidad, siguen aceptándose teorías sobre la autoría del asesino de Vallejo, a quien se le atribuyeron siete víctimas canónicas, de las cuales dos sobrevivieron. Sin embargo, Zodiac, en sus cartas, aseguró haber asesinado a treinta y siete personas, y existen otra cuantía de víctimas, cuyas evidencias no son concluyentes, pero que podrían atribuirse también a este personaje.

Alguien dijo un día que no existen los crímenes perfectos, sino las investigaciones imperfectas. Esta última opción no parecía muy descabellada allá por 1888, cuando actuó el también mediático Jack el Destripador; la investigación policial no estaba tan desarrollada como en la actualidad. Sin embargo, en la segunda mitad del S.XX, ¿pudo una investigación llegar a ser tan imperfecta? Obviamente, las comparaciones de los dos casos son inevitables, y ello nos conduce a otra pregunta también inevitable… ¿Cuántas cartas eran realmente de aquel asesino, y cuantas de gente normal y corriente que buscaba unos segundos de fama, como ya ocurriera con los falsificadores de cartas de Jack el Destripador?.

Y sobre todo, la gran pregunta todavía no respondida, formulada de esta forma tan novelesca por un escritor francés “¿Qué enigma empuja a un repartidor de periódicos, a un ex policía o a un clérigo a matar […]? El eslabón perdido que une al hombre con la bestia; un plomo que se funde, un cortocircuito…”

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