El fantástico reino del Preste Juan

por Pablo Villarrubia

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Introducción:Los orígenes bíblicos de un rey fantástico

La configuracion legendaria

Mucho se ha hablado del misterioso y desaparecido continente de Atlántida, de la búsqueda de El Dorado y sus riquezas infinitas, de las ciudades perdidas de América, de islas fantasmales como la de San Brandán, o de la misteriosa e ignota tierra de la reina de Saba, amada del rey Salomón.

Estas leyendas —bajo las cuales probablemente subyacen historias verdaderas— han sido recordadas por muchos autores y los míticos paisajes donde se desarrollan han enturbiado la imaginación de muchos aventureros. Algunos lugares, como el mítico El Dorado, no han desaparecido del imaginario occidental e incluso en la actualidad constituyen el anhelado objetivo de algunos entusiastas.

Es el caso, por ejemplo, del explorador anglo-chileno Roland Stevenson, que pretende hallar las ciudadesde oro desde su base en medio de la selva amazónica brasileña. Él ha demostrado que el sueño o la fantasía pueden tener base real.

Tan importante como los relatos legendarios señalados, otro mito ocupó el pensamiento occidental desde los siglos oscuros de la Edad Media: la fantástica historia del Preste Juan de las Indias, un rey que, en tiempos pasados, fue tan famoso e importante como el rey Arturo.

A estas alturas de los estudios históricos la duda es si el Preste Juan fue realmente un monarca-sacerdote (rex et sacerdos) de carne y hueso, pero mitificado, o si el personaje se configuró como un hábil artificio de algunos intelectuales de la baja Edad Media para llevar a cabo un inteligente plan cuyos objetivos no están muy claros. A lo largo de las próximas páginas tendré la oportunidad de exponer varias hipótesis que ofrezcan algunas respuestas a propósito de este singular personaje. Algunas teorías —tal vez— sean en exceso osadas, y no pretenden estar exentas de crítica, pero resultan tan interesantes que merece la pena compartirlas con historiadores y especialistas en la materia.

El reino del Preste Juan supera con creces todos los sueños y anhelos de los hombres del Medioevo e incluso de los hombres del siglo XXI.

¿Existió realmente el maravilloso reino del orgulloso y prepotente monarca cristiano en algún lugar de Oriente? ¿Fue ese lugar una quimera, como los continentes desaparecidos de Atlántida, Lemuria y otros reinos fantásticos? ¿Quién era aquel Preste Juan?

Según una de las misteriosas cartas que circularon por Europa a partir de 1165, el soberano decía de sí mismo: «Y sabed que me llaman el Preste Juan porque debo ser tan humilde como un sacerdote. Y porque la de sacerdote es la mayor dignidad que existe y porque Jesucristo fue sacerdote y clérigo, enalteciendo tanto este nombre, me llaman el Preste Juan».

Si existió alguien parecido al Preste Juan, ¿dónde vivió y dónde murió? Varios viajeros no dudaron de su existencia y lo buscaron en los confines de Asia. Algunos creyeron haberlo encontrado y otros regresaron frustrados y decepcionados después de una infructuosa búsqueda. Pero nadie se quedó indiferente ante su historia.

El reino de Preste Juan es un lugar que roza la utopía. En aquel amplio territorio, enigmático y maravilloso, existen enormes desiertos, como el mar de Arena, y bosques donde viven diversas criaturas o razas humanas que pueden ser monstruosas o angelicales.

Algunos de estos seres, especialmente los más monstruosos, son devoradores de carne humana, pérfidos, crueles y traicioneros. Otros son leales al Preste Juan, siempre dispuestos a ayudarle contra los ejércitos invasores.

En sus tierras hay grandes riquezas, especialmente oro y piedras preciosas, que abundan por doquier. En sus campos crece toda clase de especias y hierbas medicinales, amén de aquellas que son capaces de exorcizar los demonios de nuestra alma.

Aquellos territorios están poblados de seres imposibles, sacados de un bestiario fantástico, como los sagitarios, gigantes, cíclopes, humanos sin cabeza, hombres salvajes con el cuerpo cubierto por espesa pelambrera, bestias descomunales que recuerdan a los dinosaurios o monstruosidades devoradoras de hombres.

Todos ellos componen un muestrario de seres que el maestro de los efectos especiales Ray Harryhausen —siempre unido a su vieja técnica del frame to frame— materializó sobre el celuloide en películas como Simbad y el Ojo del Tigre (1977) o Lucha de titanes (1981).

En ocasiones el reino del Preste Juan se confunde con el mismísimo Paraíso Terrenal. Según se deduce de los textos, parte de sus dominios podría albergar el Paraíso o colindar con él; es donde nacen los ríos edénicos mencionados en el Génesis bíblico. Algunos creyeron que tales ríos nacían cerca del Ganges, en la India, o en la zona de Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates, cuna de la Humanidad.

También según la leyenda, en aquel fantástico reino se erigieron los dos grande palacios del Preste, más parecidos a escenarios de películas de ciencia-ficción que a edificios medievales.

Son palacios mágicos. En el recinto principal se halla un objeto extraordinario, digno de las obras de Julio Verne. Es el Gran Espejo que todo lo ve; es el Gran Hermano orwelliano de la alta Edad Media: un artefacto de respetables dimensiones que sirve para ver cualquier cosa que suceda en las tierras del poderosísimo soberano.

En realidad ese aparato recuerda una antena que recoge la información de artefactos que sobrevuelan y fotografían todos los rincones del vasto reino, especialmente para observar rebeliones y movimientos de tropas enemigas, exactamente como harían hoy los satélites militares de las grandes potencias. Como puede observarse, la idea de controlar un territorio desde el cielo no es nueva, ¡sino de hace más de ochocientos años!

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