«CIBERMILENIO3» por Iker Jiménez

El mundo ha cambiado y la radio también. Milenio3 se ha convertido en un fenómeno de masas lejos de los receptores. A través de los podcast, itunes, ivoox y decenas de páginas web, cada emisión de la nave del misterio radiofónica ha ido creciendo hasta alcanzar dimensiones difíciles de controlar. Dimensiones únicas y nunca vistas en un programa.

Lunes 14 Septiembre 2009

Cuando nacimos en 2002, la posibilidad de escucharnos a cualquier hora y en cualquier lugar, al margen de lo impuesto por la parrilla de la emisora, era poco menos que un sueño imposible y confuso. Durante un tiempo prudencial, tanto las cadenas de radio, como los profesionales -como ha ocurrido en muchos otros medios de comunicación- sentíamos un vértigo extraño. No sabíamos si era bueno, si era perjudicial para las personas que esperaban Milenio3 en la madrugada, si era contrario a los intereses comerciales de la justa dueña de los derechos... Eramos testigos de un universo nuevo y naciente en el que ya estamos completamente inmersos.

Guillermo León, webmaster de www.ikerjimenez.com, sí que era un visionario. Todas sus acciones, pacientes y bien estructuradas, no tuvieron la duda que a mi mantenía a mi en vilo. Siempre tuvo en mente que la red no era el futuro de la comunicación para la radio. Era el presente. Y, una vez más, no se equivocó.

Yo, pegado por un lado a las viejas enciclopedias y por otro observando con extrañeza el mundo de la red a la que me subí como polizón desubicado en un lejano verano de 2001 cuando decidí dejar las publicaciones periódicas de papel, no lo veia nada claro. Pero pasado un lustro, Milenio3 es el programa en castellano que más se escucha en el mundo. Eso suena fuerte.

Las plataformas que dan sus datos concretos de descargas, al margen del EGM y de otros estudios estadísticos, lo dicen claro. Milenio3 congrega horas después de su emisión a tantas personas -o más- dispuestas a escuchar desde cualquier lugar del mundo. No hay trampa ni cartón, solo descargas. Una a una. Personas no condicionadas por la fuerza que tenga una emisora u otra. Ni por la publicidad, ni por la fama de sus conductores, ni por las campañas, el esfuerzo de la emisora, o el prestigio más o menos creado. Libertad absoluta. Por eso Milenio3 sorprende hasta en su propio hogar. Quizá nadie lo esperaba en esta dimensión abrumadora.

Personas que eligen y que clican para escuchar lo que quieren escuchar. Añadiendo a este gesto ingobernable de la libertad de las personas, el detalle de que Milenio3 “se baja” desde muy diversos servidores. Si se unificaran en uno o en dos las cifras serían escalofriantes.

Dicho esto, me permito mandar un abrazo a toda esa gente de más allá de las fronteras españolas que han formado auténticas comunidades de seguidores en Chile, Suecia, México, Japón, Estados Unidos y cien países más. Por otro lado, cuando a veces escucho el programa desde una web, o desde el podcast, noto que no suena igual. En absoluto. Milenio3, en verdad, está hecho para la noche y para el sonido inconfundible de la Ser. Esa es la verdad. Los filtros informáticos, los altavoces de los computadores, matizan las músicas, empacan los sonidos, y, en el fondo no resulta igual. Se metaliza todo y pierde alma. Y Milenio no es solo información, sino sensaciones y emociones. Y no me refiero, como muchos podrán pensar, a los programas donde la sugestión o el miedo se incrementan. Me refiero a que el programa, con sus bandas sonoras, siempre, sea el tema que sea, busca un estado concreto mental para llegar a lo profundo de la mente. Un estado del subconsciente en el que seguimos experimentando. Quitándole ciertos elementos, se queda fuera. Arrancamos quizá lo más importante.

Es mi parecer, secreto hasta ahora. Y si a esto le añadimos que mucha gente lo escucha en su trabajo, de día, en lugares con gente, haciendo otras actividades…me parece que del espíritu del programa no queda mucho. Oyen otra cosa. Que no es del todo la real. La que generamos en la noche un grupo de soñadores.

La noche, posiblemente la soledad, la cama, la carretera, forman parte de esa forma de escuchar que a nosotros nos emocionó cuando éramos niños. Una forma de escuchar que nosotros seguimos practicando. Seguir el programa por podcast, cuando se tienen posibilidades de hacerlo a su hora y por la radio… es perderse álgo. Álgo que no se mide, ni se compra ni se vende. Álgo que es el espíritu auténtico de la radio.

Como leer un libro y leer el mismo texto en una pantalla de ordenador. No es lo mismo.

Dicho esto, no puedo sino asombrarme del eco social que todo ésto ha producido, llevando nuestra filosofía personal hasta lugares jamás sospechados.

¿Y por qué Milenio3 es lo más descargado en nuestra lengua? ¿Qué tiene el programa para mantener la atención de tantos cientos de miles de amigos tan diferentes? ¿Por qué este seguimiento en un programa que ha ido cambiando, trasformándose, reinventándose?

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Esa es una pregunta que, de momento y al menos para mí, sigue en el aire. En el aire de la radio.

Iker Jiménez