Un fenómeno devastador

Torrejoncillo (Cáceres), 6 de septiembre de 1980,
15.00 horas

Aquella tarde, toda la comarca dormía la siesta bajo unos termómetros que superaban con creces los 40 grados a la sombra. Nadie sabe bien cómo ocurrió, pero lo cierto es que la voz de alarma surgió en un cobertizo de una finca apartada llamada Cuatro Cuartos. Allí descansaban del rigor del sol extremeño los miembros de la familia Salgado, encargados de los rebaños de esa propiedad.


Cuarto Milenio «El fuego de Torrejoncillo» (primera parte)

Un estruendo increíble, identificado en principio como un «avión raro y potente», surgió en la lejanía y a los pocos segundos un fenómeno devastador e inexplicable se plantaba ante la solitaria choza. La dantesca escena se produjo ante la atenta mirada de otros guardeses que acudieron en ayuda de los Salgado. Mientras tanto, el formidable torbellino de fuego se dividía en dos y flanqueaba, como manejado por una fuerza inteligente, la humilde vivienda de los campesinos.


Cuarto Milenio «El fuego de Torrejoncillo» (continuación)

Benito Salgado, el empleado que primero percibió la anómala situación, lo recordaba así:

Nos entró el miedo. Aquello iba volando, no a ras de tierra, y las encinas se iban abrasando a medida que pasaba junto a ellas. Y todo era muy rápido. Tanto que vimos cómo los conejos eran "atrapados", sin tiempo de escapar de las madrigueras.

Aquello los abrasó al instante, como si el torbellino fuese "acarbonizando" todo lo que tocaba. A la vez decidimos despertar a nuestra madre, que dormía en otro cuarto de la casa, para sacarla de allí. Y nos costó convencerla. Ella gritaba y se agarraba a lo que fuese. No quería dejar su casa, pero le dijimos: "Vámonos, mamá, que esto nos mata"...»

Espectáculo dantesco

La noticia, difundida con rapidez por el corresponsal de Radio Nacional en Coria, Pedro José Yerpes, fue transmitida a la propia Comandancia de la Guardia Civil, quien acordonó la zona apenas transcurrida una hora del incidente. Grabadora en mano, José Yerpes, realizó in situ una inolvidable crónica de todo lo que allí ocurría:

Comprobamos que el fenómeno había surgido exactamente a 1.800 metros en línea recta a la casa. Seguimos el propio rumbo del «fuego» y constatamos que aquello iba elevado a unos palmos del propio suelo, abrasando todas las encinas que se encuentran en aquel lugar. Luego, en la llanada que existe frente a la casucha, descendió y abrasó la tierra por dentro en varios palmos.

Lo misterioso es que había varios cortes perfectos producidos por el fuego que demostraban que éste había hecho extranísimos giros sobre el terreno. Eso sí que era en verdad desconcertante. Luego, ya dentro de la finca, vimos aterrorizados cómo había decenas, centenares de conejos completamente carbonizados. No habían podido escapar ni reaccionar. Y eso sí que parecía sobrenatural. ¿A qué velocidad podían ir aquellas llamas?..."

[...] Había una perra preñada completamente asfixiada con el lomo despellejado por el fuego, con los cachorros abrasados a su lado. Recuerdo además un pequeño gato que había sobrevivido, pero que llevaba las orejas y parte de un ojo completamente chamuscados. ¿Le habría pasado la energía justo por encima?

Avanzamos hacia la casa y vimos cómo unos bidones de los típicos de gasoil, de una capacidad de 200 litros, habían sido agujereados por aquellas gotas que al parecer expulsaba el artefacto. Estaban, además, desplazados unos doscientos metros de su lugar de origen. Era como si algo los hubiese lanzado por los aires. Y lo mismo ocurría con grandes piedras que habían sido como arrancadas y depositadas en otros sitios. Recuerdo que incluso recogí varios trozos de madera y los llevé al instituto donde ejercía como profesor para enseñárselo a todos mis alumnos. Aquello fue terrible. Dios mío, ¿Qué clase de energía calórica provocó aquel desastre?..."

Una energía desconocida

Entre las primeras personas que llegaron hasta la llamada zona del «desastre» se encontraba el geólogo Juan Gil Montes. Éste afirmó rotundamente no haberse encontrado nada parecido en su larga trayectoria profesional. Sin ruborizarse comentó:

Existían junto a las ventanas unas encimeras con platos y vasos de los de duralex y ¡se habían fundido todos! Aquello era una pasta uniforme que se extendía por los suelos. Lo mismo que las botellas de cerveza. Escuchad lo que os digo... botellas de litro de cerveza que se habían retorcido sobre sí mismas hasta convertirse en una espiral de cristal semejante a las jaras del campo cuando se queman. Era alucinante aquella visión [...].

Algunos de los envases de cristal se habían fundido completamente y solo quedaba una inmensa torta esférica con el orificio del tapón en medio. Se había derretido por completo al paso de un calor que apenas estaría en la zona un par de minutos. Realmente prodigioso. Como prodigioso fue encontrarme con cuarzo y mármol parcialmente fundido y las cercas de espino metálico goteando completamente deshechas. ¡ Jamás habíamos visto cosa igual !...»

Tras las pesquisas pertinentes el suceso quedó registrado en los archivos de la Guardia Civil de Torrejoncillo (véase Enigmas, año IV, número 5) y jamás se le dio explicación alguna al inmenso cono de fuego que selectivamente abrasó veinte hectáreas y fue selectivo, por ejemplo con la vivienda de los pastores.

La documentación oficial sólo hace alusión a que cuatro miembros, encabezados por el jefe de puesto de Torrejoncillo, Antonio Rollán Martín, subieron hasta la finca dispuestos a inspeccionar la zona del incidente. Había acudido presurosos tras presentarse, completamente alterado, en el cuartelillo del pueblo el guarda Domingo Jaralero, el hombre que salvó la vida de la madre de los Salgado subiéndola en su coche a toda prisa mientras la masa rojiza avanzaba. Su testimonio fue breve y conciso. Pero no hizo falta más.

Un cono de fuego ha estado a punto de abrasarnos vivos junto al chamizo de los Cuatro Cuartos, arrasando con todo cuanto se ponía por delante..."

Un argumento convincente para que a los pocos minutos un nuevo dispositivo del Cuarto General de la Guardia Civil de Coria y varios miembros de extinción de incendios de ICONA se pusieran en marcha para acudir al terreno ya cercado y realizar un expediente-atestado cifrado con los dígitos del número de orden 17/8 del 9 de 1980, en el que se limitaron a redactar lo poco que sabían. «Incendio de extrañas características en terrenos de la finca Cuatro Cuartos-Arroyomolinos», decía la escueta notificación oficial. Y no faltaban a la verdad ni un ápice. Según sus cálculos, quince hectáreas habían resultado inexplicablemente devastadas.

Pero, como siempre sucede al poco tiempo de que ocurran incidentes imposibles, una riada de presuntas hipótesis vino a aumentar el nerviosismo y la tensión de los convecinos.

El ovni destructor, la bomba incendiaria 'despistada' de algún caza de la Base Aérea de Talavera la Real, una explosión tras experimentación nuclear...los rumores que recorrían veloces las callejas de Torrejoncillo eran variopintos...y ninguno le hacía la más mínima gracia a las autoridades.

Han pasado varios lustros, pero todos los que presenciaron y asistieron al desastre de Torrejoncillo no podrán olvidarlo ya mientras vivan. Los fragmentos de algunos materiales alcanzaron más de 2.000 grados centígrados, mostrando que aquella insólita energía desencadenada bien pudiera ser absolutamente desconocida para el hombre...

+ Más información:

ENIGMAS SIN RESOLVER, de Iker Jiménez, editorial EDAF
ENCUENTROS. La Historia de los O.V.N.I. en España, de Iker Jiménez, editorial EDAF

Ikerjimenez.com