Resurreccionistas
Los ladrones de cuerpos
por Javier Pérez Campos
Otro de los prestigiosos médicos que recurrió a la labor de los “resurreccionistas” fue el doctor John Hunter, reconocido y prestigioso anatomista conocido en la actualidad como padre de la cirugía científica y primer investigador en ortopedia.

Según las viejas crónicas de la época su casa tenía dos entradas; la principal, por la que atendía a ricos comerciantes y prestigiosos doctores, y la trasera, que daba a un oscuro callejón, por la que algunas noches hacía entrar a fornidos trabajadores que le traían “mercancía fresca” con la que llevar a cabo sus disecciones.
Hay quien afirma que R. L. Stevenson se basó en aquella casa para crear el marco de su Dr. Jekyll y Mr. Hyde (cuyo personaje estaba, a su vez, basado en la historia de Deacon Brodie, ampliado en el artículo Leyendas de Escocia). Tenía en mente construir un museo en el que mostraría sus investigaciones y descubrimientos…
Y consiguió llevarlo a cabo; es, en la actualidad, el Museo Hunteriano del Real Colegio de Cirujanos de Londres. Una de las principales curiosidades aparecidas en este museo es la del esqueleto de Charles Byrne, más conocido como el gigante O’Brien (2’54 m.), gran pieza de su museo que llamó la atención de los más curiosos. El cadáver de Byrne era tan codiciado que él mismo se aseguró de que al morir su cuerpo fuera enterrado en un ataúd de hierro armado y, posteriormente, tirado al canal de Irlanda. De hecho, una cita textual de un diario de la época, asegura que al morir el gigante:
Toda la tribu de cirujanos reivindicaba al pobre irlandés y rodearon su casa como unos arponeros rodearían a una enorme ballena”.
Lo cierto es que John Hunter codiciaba más que nadie aquel cuerpo, y encargó la difícil labor de obtenerlo costase lo que costase… Así, se llevó a cabo el plan de emborrachar en una taberna a los encargados de portar el cadáver hacia el canal de Irlanda y, mientras uno daba conversación y se aseguraba de que la borrachera surtía efecto, otros se encargaban de sacar el cadáver del gigante para, posteriormente, llenar de piedras el ataúd y partir con el gigante hacia el hogar de John Hunter, que les pagaría la nada rechazable cantidad de quinientas libras. Como es de esperar, aquel plan dio resultado.
Y para terminar, no podemos olvidar en este recorrido de macabra nebulosidad el momento en que los estudiantes de anatomía de la universidad de Cambridge levantaron la sábana de la mesa de autopsias para encontrarse con el rostro cetrino de Laurence Sterne, un reconocido clérigo escritor y humorista que había fallecido meses atrás y a cuyo primer entierro solo acudió su librero. Escribió, por causas quizá del destino, dos frases que son muy ilustrativas en este caso y que podrían aplicarse a su trágica e involuntaria “aportación” a la ciencia. Decían así:
La muerte abre la puerta de la fama y cierra tras de sí la de la envidia…” y “La temeridad cambia de nombre cuando obtiene éxito. Entonces se llama heroísmo.”
Como última curiosidad, decir que a su segundo entierro no acudió nadie.
- Tráfico de cadáveres en la actualidad…
Actualmente, por increíble que parezca, siguen llevándose a cabo profanaciones de tumbas con el objeto de hacer negocios con los cadáveres… Un artículo con el titular “Los tejidos de cadáveres, una gran demanda” escrito por Aron Smith en 2005 aseguraba que:
En la vida real, las empresas están trabajando en algo menos furtivo: aloinjertos, o tejidos trasplantados que son tomados de cadáveres. Estas empresas no trasplantan caras, pero sí huesos, piel, válvulas cardíacas y tendones. Empresas que comercializan estos productos se enfrentan a una serie de desafíos, tales como el mantenimiento del cadáver estéril antes de la cirugía.
Se había especulado sobre el origen de algunos de estos tejidos, y sobre el nuevo negocio que volvía a abrir las puertas a esta macabra labor.
Incluso, mucho más mediático, fue el caso del anatomista alemán Gunther Von Hagens, el director de la exposición Bodyworlds, donde recurría a la plastinación como medio de conservación de los tejidos. Su labor ha estado marcada por la polémica. La más reciente, en 2004, le hizo devolver siete cadáveres a China, admitiendo que podían pertenecer a prisioneros ejecutados. Existe, en su web, un formulario de donación de tu cuerpo para que, una vez fallecido, pase a formar parte de su mundialmente exitosa colección.
Otro macabro y reciente hecho fue el acontecido en octubre de 2004 al cadáver de Gladys Hammond, que era suegra de los dueños de la granja Derley Oaks, donde se criaban cobayas para fines científicos y que fue robado en Reino Unido del cementerio de Yoxall (Staffordshire). Tras una investigación de cuatro años se descubrió que los causantes de aquel secuestro habían sido unos defensores extremistas de los derechos de los animales que, finalmente, fueron condenados a penas de entre cuatro y doce años de cárcel por conspiración y chantaje. Afortunadamente los restos fueron recuperados y vuelven a descansar en paz.
Pero, pensándolo fríamente, quizá aquellos cadáveres fueron los mártires de la anatomía y de los conocimientos actuales; nuestras dolencias y enfermedades pueden ser localizadas gracias, en parte, a los estudios realizados sobre esos cuerpos robados y alejados de cualquier actitud semejante al descanso eterno. Porque, como ya escribía Laurence Sterne, la temeridad cambia de nombre cuando obtiene éxito. Entonces se llama heroísmo…
Y aunque aquí termina este breve recorrido por una siniestra parte de nuestra historia, se abre, a su vez, un debate moral que es, a partir de ahora, personal e intransferible.
Javier Pérez Campos, estudia periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.
Se puede definir como una joven promesa en el mundo del "periodismo de lo desconocido" y un intrépido investigador...
Colabora en diversos medios de comunicación entre ellos ikerjimenez.com donde ha publicado ya varios reportajes que despertaron gran interés.
Sus recientes investigaciones las podrás encontrar en su bitácora personal:
