Resurreccionistas
Los ladrones de cuerpos

por Javier Pérez Campos

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Una vez allí, tapaban el agujero y se lo llevaban en silencio, sin que, por suerte o por desgracia, nadie se enterara de absolutamente nada. Entonces comenzaron a correr habladurías de ladrones de cuerpos que habían sido sepultados por la tierra húmeda del pasadizo que ellos mismos habían cavado; algunos hablaban incluso de un castigo del más allá por aquellas profanaciones de ultratumba… Debido a esta amplificación del riesgo y dificultad de la labor, muchos fueron dejando de lado este extraño oficio y, como sucede siempre en el mercado, al disminuir el número de trabajadores de una labor, esta pasa a ser remunerada de forma más generosa…

Cabe destacar que aunque esta labor sea casi primigenia en el Reino Unido (especialmente Edimburgo y Londres), también se desarrolló más allá de sus fronteras. Ocurría, por ejemplo, con ciertas variedades en Canadá, donde eran los propios estudiantes de medicina los que tenían que desenterrar los cadáveres para poder realizar sus prácticas…

- De prestigiosos médicos y sus temibles mercantiles…

Cuentan las crónicas que mientras el anatomista Andrés Vesalio (forma latinizada de Andries Van Wesel) del S.XVI estudiaba en París, mejoró sus diagramas anatómicos mediante los cuerpos de personas que él había solicitado una vez morían en la horca. Se plantea que incluso Da Vinci recurriera a este oficio para igualmente realizar algunos de sus avanzados trabajos…

Sin embargo, más impresionante es el caso de dos auténticos bandidos… Burke y Hare fueron considerados los primeros asesinos en serie de la historia moderna; dos temidos criminales que no solo desenterraban cuerpos de los cementerios sino que, además, proporcionaban “material” fresco que ellos mismos asesinaban con sus propias manos.

En las frías noches de niebla, cuando el señor Burke encontraba a algún vagabundo o víctima indefensa, le echaba una manta por encima hasta acallar sus gritos, para acabar asfixiándolo junto a su cómplice, Hare, que taponaba su nariz con fuerza y cuidado para no macerar demasiado el cuerpo y preservar los órganos a la perfección y así, posteriormente, portar el cadáver de madrugada hacia el laboratorio del doctor Knox, para que este pudiera proporcionar material fresco a sus estudiantes de la Universidad de Medicina de Edimburgo.

A cambio el doctor les pagaba unas siete libras y diez chelines por cada cuerpo. Así, llegaron a hacer negocio con 16 víctimas que permanecían cada mañana en una mesa de disección. La primera víctima, iniciadora de este macabro negocio, había sido un soldado de apellido Donald que había aparecido muerto en su habitación de Log Lodging, que era un viejo caserón de huéspedes propiedad de Hare, quien había sufrido el impago de este cliente.

Aquella fue la razón por la que decidió llenar de corcho el ataúd que sería enterrado posteriormente y esconder el cadáver de Donald en un saco. Horas más tarde y haciendo caso a las historias que había oído en alguna taberna cercana sobre lo codiciados que eran los cadáveres en las facultades de medicina, decidió partir junto a Burke, a quien había conocido meses antes, hacia el colegio de cirujanos de Edimburgo.

Allí un estudiante los condujo hacia el número 10 de Surgeons Square, donde se situaba la consulta de Robert Knox. Allí hicieron negocio con él y concretaron una cita nocturna para entregarle la mercancía. Sería la primera de todas las que llegarían después…

Aparece entonces la labor de la London Metropolitan Police (Policía Metropolitana de Londres) creada por Robert Peel y que, posteriormente, acabaría convirtiéndose en lo que hoy conocemos como Scotland Yard, resolviendo una de sus primeras misiones. Comenzaron una investigación marcada por toda una serie de casualidades que llevaron a la detención de Burke y Hare… El segundo decidió declarar en contra de su compañero de fechorías, declarando los nombres y datos de todas sus víctimas. De esta forma ganó un pasaje a la vida, mientras Burke era condenado a muerte…

El 28 de enero de 1829, William Burke fue colgado en la horca ante un público de entre veinticinco mil y cuarenta mil personas, y posteriormente se procedió a la disección pública de su cadáver para alertar a todos aquellos que quisieran seguir sus pasos o estuvieran ya en el camino… Aquella disección fue llevada por el doctor Alexander Monro, un rival confeso del doctor Knox quien, por cierto, fue absuelto impune aunque poco después de aquella jornada su casa fue asaltada por una gran masa de gente enfurecida, teniendo así que huir de Edimburgo…

En cuanto a Hare, fue liberado y emigró a la ciudad de Carlisle. Algunos decían haberlo visto tiempo después mendigando ciego por algún viejo callejón empedrado…

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