El Rectorado de la Universidad de Castilla-La Mancha es un lugar cargado de
misterio y leyendas. Leyendas que en este caso, parecen hacerse realidad
desafiando a cualquier lógica. Existen decenas de testimonios, de casos, de
personas que una noche se toparon con algo inexplicable. Algo que a día de hoy,
todavía son incapaces de olvidar. Algo que sigue inquietándolos...
Comencemos por el
principio
El lugar abrió sus
puertas el 29 de Abril de 1788 por el cardenal Lorenzana, para hacer de casa de
acogida para las personas menos favorecidas, dando cobijo a pobres, alcohólicos
e incluso prostitutas. Posteriormente pasó a ser un hospital (llevado por
monjas, atención al detalle que posteriormente toma importancia), llamado “Real
casa de la Misericordia”.
En 1809 el edificio pasa a ser un Regimiento de artillería, el "Cuartel de la
Misericordia". Y es ya a partir de esta época cuando comienzan a sucederse los
fenómenos extraños. Un gran número de personas que hicieron allí el servicio
militar me han narrado la misma historia, o al menos con la misma protagonista,
una extraña monja.
Es el ejemplo de J.R. que me contó cómo una noche transportando alimento sobre
una burra, todo quedó en completo silencio. El animal comenzó a asustarse y a
ponerse nervioso. A tal punto llegó el miedo a apoderarse de la burra, que esta
comenzó a dar coces y a temblar de manera incontrolada. Entonces sucedió. En
mitad de la noche, una figura semitransparente apareció caminando a lo lejos.
Una figura sin piernas, que se alzaba unos centímetros sobre el suelo.
J.R, completamente asustado, tiró de la burra y corrió por donde había venido
como alma que lleva el diablo.
- "Aquella
era una figura de monja. Llevaba las manos juntas, como rezando, y una túnica.
Eso es todo lo que puedo contarte. ¡Y no porque no quiera! Es que no me acuerdo
de más...".
Existe
otro caso casi idéntico al de nuestro protagonista. Sin embargo, no todos
quieren hablar y recordar aquellos momentos.
Lo curioso es que
este otro testigo trabaja actualmente para una conocida compañía de envíos y
tiene que llevar paquetes al lugar cada semana.
El edificio en la
actualidad es el Rectorado de Castilla-La Mancha, y los fenómenos que ocurren en
la actualidad no tienen casi nada que envidiar a los sucedidos años atrás.
Aunque bien es
cierto que esa figura con forma de monja no ha vuelto a ser vista por los
pasillos ni por los patios -pero sí se ha dejado fotografiar como veremos más
adelante-.
Fachada del edificio.
Como curiosidad debemos decir que las paredes actuales son las mismas que las
del antiguo hospital de la Misericordia, aunque restauradas y mejoradas,
obviamente.
Conseguí entrevistarme con algunos de los protagonistas que han vivido
auténticas noches de terror, y hacer incluso una ronda nocturna por el edificio.
Este el caso de uno de los vigilantes que trabajan allí de la noche. Me contó
cómo estando más de una noche en su despacho, frente a los monitores que
reflejan las imágenes de las cámaras de seguridad, a eso de las tres de la
madrugada, se habían encendido los fluorescentes, como si una mano invisible
hubiera pulsado el interruptor. Me describió incluso la sensación de terror que
le provocó solo escuchar “ese ruido de los halógenos”.
Otro suceso no menos inquietante es el provocado por las alarmas de movimiento.
De madrugada, para ellos no era extraña la costumbre de que estas alarmas
saltaran solas.
Algunas tal vez
tengan explicación lógica -si es así, yo me presto a ella- si se encuentran
cerca de una ventana, o de una puerta por la que pueda entrar cierto haz de luz
provocando así una sombra que confunda al sistema de la alarma.
Sin embargo, un
guardia me mostró una de las alarmas que más solía saltar. Y se encontraba bajo
una escalera, alejada de ventanas y posibles focos de luz.
Fachada
posterior del edificio.
Otro de los hechos
más comunes -aunque pudiera tener una explicación más lógica- es la apertura de
puertas por “manos invisibles”. Aunque podemos llamar manos invisibles al
viento, pues la explicación a este hecho sí que existe. Las puertas que suelen
abrirse solas son unas puertas de cristal que hay en todos los patios y que no
tienen cerradura. Por tanto, el viento puede colarse en el patio, y crear una
especie de efecto chimenea que a su vez llevaría a crear una enorme presión.
Esta importante acumulación de viento conlleva una fuerza que abre las puertas
solas.
Otro suceso que aparece con menos frecuencia en el Rectorado es la aparición de
una extraña
luminaria o un extraño resplandor
en algunas habitaciones, que generalmente ha sido visto a través de ventanas
-nunca frente a frente-. Finalmente, los ruidos son el pan nuestro de cada día.
Algunos son ruidos absolutamente naturales, y otros –me aseguran personas
acostumbradas a trabajar de noche- no lo son tanto.
Una extraña
fotografía
Los sucesos del Rectorado se hicieron más que conocidos hace unos meses, cuando
estas extrañas vivencias se pasaban de boca en boca. Y no fueron pocos los
curiosos que, en busca del misterio, realizaron fotos al edificio. Con tanta –o
tan poca- suerte que algo apareció en una de ellas.
En una ventana -la segunda de la derecha, abajo, en la parte de la fachada que
da al paseo del Paraninfo- aparecieron
dos figuras casi
etéreas donde se distinguen perfectamente a dos monjas.
Una de ellas lleva las manos juntas, y se distingue claramente su vestimenta.
La historia
continúa, más allá del Rectorado
Cuando comencé a investigar sobre los hechos que sucedían en el Rectorado,
alguien me dio una pista, y me envió a un lugar cercano.
-
Cuidadito
–me dijo-
que no solo aquí suceden cosas extrañas…
Comencé a meterme en camisa de once varas, tal vez... Y descubrí que había un
edificio bastante cercano al Rectorado donde también sucedían fenómenos
extraños. La casualidad o causalidad, llamémoslo como queramos, hace que el
edificio se alce también dentro del perímetro del antiguo regimiento de
artillería.
Entonces me planteé si los hechos pueden llegar a marcar un lugar. Alterar el
ambiente y alterar la vida de las personas que día tras día -y peor aún, noche
tras noche- deben acudir a trabajar al lugar. Eso se refleja muy claramente en
sus caras cuando narran cómo ellos “lo vieron”.
Y
aquello es lo que más me marcó. Las caras de miedo, la impotencia de no saber
explicar unos hechos que suceden en el lugar de trabajo, y sobre todo los
cambios progresivos en la actitud de los trabajadores.
Primero agradables y
dispuestos a hablar, pero posteriormente casi hostiles, con todas las letras. “Aquí
no pasa nada, no queremos decir nada ni queremos que el nombre del edificio
salga en ninguna parte”.
Cuando llegué por primera vez, como decía, todos estaban dispuestos a echarme un
cable. Pero ninguno a hablar frente a una grabadora.
Edificio cercano
donde también suceden sucesos inexplicables.
Todos me contaban lo que les había sucedido. Pero ninguno permitía que tuviera
el “aparatito” en las manos. Los sucesos más repetidos en el lugar son
ruidos de extraña procedencia, luces y sombras de dudable explicación e incluso
pasos y ascensores que suben y bajan solos a las 2 de la madrugada, cuando el
edificio debería de estar vacío, cuando tan solo un guardia mora el lugar.
La primera vez que acudí al lugar, el vigilante era nuevo y no había vivido nada
extraño, todavía. Así que le pedí perdón por haberle hecho empezar con “tan
buen pie”.
A la siguiente visita que hice, el vigilante me contaba asustado cómo una noche,
haciendo la ronda, pasó frente al cuarto de baño y escuchó la cisterna. Al
entrar, descubrió que -como era “lógico”- no había nadie en el lugar. Sin
embargo, una “mano invisible” apretaba el pulsador que accionaba la cisterna.
Tres segundos más tarde, como si el ajeno individuo se hubiera marchado, el
pulsador volvió a su estado original, y el ruido del agua cesó por fin.
Aquel vigilante, totalmente aterrorizado desde la citada noche, me contaba cómo
era incapaz de hacer una sola ronda sin sacar su porra. Hablé incluso con una de
las señoras de la limpieza, que me contó que había llamado al guardia más de una
noche para que la acompañara a limpiar los despachos de la primera planta,
asustada por todos los ruidos. Me aseguró que incluso se había planteado
renunciar a su puesto.
Pero lo más fuerte, son las pruebas que han hecho los guardias en el edificio.
Atemorizados, y sin saber bien cómo actuar, decidieron hacer una prueba. Una
noche separaron todas las papeleras de la pared y las dejaron en mitad del
pasillo. Los dos vigilantes se marcharon a hacer la ronda, y cuando volvieron a
pasar por el pasillo, las papeleras volvían a estar pegadas a la pared, en su
estado original.
La última vez que visité el edificio, me atendió el guardia con el que había
hablado la primera vez. Con el nuevo. Alfredo, el técnico con el que también
había conversado -y al que realicé una entrevista, pues este sí quiso hablar-
también estaba allí.
Y el cambio de humor fue brusco. De simpatía a apatía, el camino era muy breve.
- Mira
–dijo el vigilante-
aquí no pasa nada
raro. ¿Que los ascensores se ponen en marcha solos? Eso es por subidas y bajadas
de tensión. ¿La cisterna se pone en marcha sola? Eso es que se atascó… ¿Las
luces, las sombras? Este es un edificio acristalado. ¿Y los ruidos? Pues porque
está recién construido y hasta que se “amolde”…
Lo de las luces y sombras… puede que pase, lo de los ruidos también -aunque el
ruido de un plástico que se arruga, una estantería que se cae, pasos en zonas
donde no debería haber nadie- lo de los ascensores es raro. Una subida de
tensión es normal, pero ¿constantes subidas de tensión?, ¿No habría ido nadie a
repararlas?, ¿No habría provocado daños en el material electrónico?.
- Alfredo…
-dije yo,
intentando buscar un apoyo.
Él encogió los hombros, como diciendo “esto es lo que hay” con expresión de
pesar.
El vigilante
mencionó a la dirección del edificio, y continuó:
- Y no
queremos saber nada, no queremos problemas, ni queremos que el nombre de este
edificio aparezca por ninguna parte.
Y salí por la puerta, pero con una expresión completamente distinta a aquella
con la que entré el primer día.
Pero realmente, no esperaba menos. De un momento a otro, sabía que aquello
ocurriría.
Sin embargo, era curioso, pues si él afirmaba que todo tenía una explicación
lógica, era porque finalmente lo había visto con sus propios ojos y trataba al
menos de dar explicación lógica a dichos sucesos.
Lo cierto y verdad es que nadie llegó a dejar que grabara su testimonio -aparte
de Alfredo-, y todos iban “echándose el muerto” el uno a otro. Todo era:
“Pásate esta tarde que está fulanito”… Y a la tarde, “pásate mañana
que está menganito”.
Lo que yo no sabía cuando salí del edificio por última vez, era que una sorpresa
estaba aguardándome. Una especie de regalito aún envuelto, esperando a ser
abierto.
Pasó el tiempo, y el 5 de mayo de este 2006 recibí la llamada al móvil de un
querido amigo.
Salva Millán,
director del
programa “Expediente Abierto”,
en Radio Bunyol, con el que había colaborado toda una temporada.
- Javi,
ponte las pilas que volvemos a empezar. ¿Qué tema podríamos elegir para este
programa?
–me preguntó.
- ¿Qué te parecen las casas encantadas? He estado investigando en un edificio
donde están pasando cosas… Y creo que sería interesante. Podría pasarte incluso
algunos cortes de una entrevista que realicé al técnico del edificio.
-
Perfecto, va a quedar genial. Ya me lo envías al correo.
Y ahí quedó la cosa. El programa del 9 de mayo contaría con algunos pedazos de
esa entrevista. Ponerla entera llevaría un buen rato del programa, por lo que
decidí cortar los trozos más importantes e impactantes. Y ahí llegó la sorpresa.
O el susto.
Afortunadamente no era de noche cuando hice el descubrimiento. Eran las 16.20 de
la tarde. No se me olvidará.
Estaba repasando la entrevista, viendo qué trozos cortar… Y de pronto, escucho
algo que no encaja. Algo que se conoce como psicofonía o parafonía.
Para el que no conozca qué es este fenómeno, decir que se trata de voces que
aparecen de repente en nuestros grabadores. Voces que no estaban allí en el
momento. Hay gente que se toma a pecho estas voces, y que las utiliza en
investigaciones en lugares como la Atalaya, esperando a que esas voces le den
alguna respuesta. Algunos dicen que son las voces de los ya fallecidos.
Otros aseguran que
se trata de un curioso efecto sonoro sin misterio alguno. Y otros, afirman que
nuestras voces, nuestras conversaciones, quedan registradas en el
espacio-tiempo, como si de una caja de resonancia se tratara, y pueden grabarse
transcurridos unos años.
Yo no sé la respuesta, ni intenté hallarla nunca. Es un fenómeno que estaba ahí,
que había llamado mucho mi atención pero que jamás me había propuesto hacer. Ni
me lo había planteado.
Y entonces, cuando menos lo esperaba, y sin yo buscarlo, aparece una voz que me
deja descuadrado, que tira todos mis esquemas y que, para qué negarlo, me
asusta.
En un principio, me impacta, pero no soy verdaderamente consciente de que eso es
extremadamente raro. No soy consciente de que miles de personas están, a día de
hoy, fascinadas por este fenómeno, lo persiguen -en ocasiones rozando la locura-
pero no siempre dan con él, pues es tan esquivo y escurridizo.
En la entrevista de Alfredo, el técnico, la parte en la que yo le pregunto “¿Y
lo más fuerte que ha pasado en el edificio?
-y él responde- “Lo
que te dijeron a ti el otro día…”
yo respondo: “¿Lo
de la sombra?”
y Alfredo, afirmándolo dice: “Sí,
lo de la sombra, eee”
y en ese “eee”
pensativo, mientras él busca cómo continuar su frase, una voz extraña,
seria, seca, alejada del micrófono y que parece burlarse de nosotros, dice “Una
sombra” o “La sombra” -no se distingue muy bien lo que precede a la palabra
“sombra”-.
Y es curioso, ya que algunos afirman que estas voces necesitan tomar aire, como
si se recargaran de alguna energía. Pues bien, tres o cuatro segundos antes de
hacer su incursión, se escucha como una respiración de alguien con dificultades
para tomar aire.
Extracto voz que dice
"la sombra" o "una sombra", repetida 3 veces.
Lo primero que hice fue enviar el audio a las personas que habían escuchado más
psicofonías. Una de esas personas fue Guillermo León, analista informático y
colaborador del programa Milenio3 y Cuarto Milenio, donde siempre sabe catalogar
qué fotos tienen misterio, y cuales no. Su opinión era esta:
[…] Se aprecia claramente que es de distinta procedencia a las personas que
hablan antes, o sea tú y el entrevistado... Parece además una voz típica
psicofónica o parafónica sin entonación, que solapa vuestras voces y precedida
de un ruido seco o respiración que también se escucha unos segundos antes…
Espectrograma del
archivo sonoro donde se destaca la voz que pronuncia "sombra"
Y digamos que aquello “colmó el vaso”. Un vértigo se apoderó de mi
estómago y me sentí vacío, como si mis órganos flotaran dentro de mí.
Es fácil escuchar un
programa donde te hablen de psicofonías, y decir: “Me lo creo/No me lo creo”.
Pero no le das más vueltas.
Sin embargo, cuando te sucede a ti, cuando sabes que aquella voz no debería
estar ahí, cuando sabes que no hay ni trampa ni cartón, ni explicación
razonable… La cosa cambia bastante.
He escuchado esa voz más de treinta veces, tratando de buscar su explicación, un
por qué. Y lo cierto es que a día de hoy, sigo sin entender de quién era esa
misteriosa voz.