«Una noche en el Palacio de Linares»
por Santiago Vázquez
El segundo fenómeno paranormal llegó a la 1 y 12 minutos de la madrugada. Nos hallábamos a oscuras, expectantes, ante la entrada de la capilla. Habíamos dejado grabando un magnetófono con el fin de obtener psicofonías. El silencio era total. Y como surgido de todos los rincones del edificio, retumbó, por espacio de varios segundos, el llanto desgarrador de un niño.
Nos quedamos petrificados.
¿El llanto de un niño? –nos preguntábamos intentándonos convencer unos a otros. Tras el llanto se hizo de nuevo el silencio, llanto que recogió nuestro micrófono y que guardo en mi archivo personal. Pero todavía nos aguardaban ciertas “sorpresas”...
Caminábamos por el corredor principal de la segunda planta. Pedro Esteban y Fernando Vázquez iban delante. Enrique Muro y yo les seguíamos. Andábamos pausadamente, sin hacer ruido, casi sin musitar palabra alguna.
De repente, al igual que ocurriera con el llanto, surgieron unos tétricos y desconcertantes sonidos musicales, como de órgano antiguo. De nuevo, el grupo se paró. ¿Lo habéis oído? –pregunté. Nos quedamos unos segundos intentando adivinar de dónde venían aquellos acordes.
Fue inútil. La música se desvaneció en unos instantes... ¿Un órgano en el palacio de Linares? He recogido con el paso del tiempo más testimonios de personas que han visitado o trabajado en el lugar y que han vivido la misma experiencia. También éste es un fenómeno relativamente frecuente en las “casas encantadas”. Los acordes quedaron igualmente recogidos en una de nuestras grabaciones psicofónicas.
La cuarta experiencia vivida en este inquietante edificio vino ya avanzada la madrugada, hacia las 4:20 horas. Nuestro grupo se encontraba en la tercera planta. Habíamos dejado un micrófono sobre lo que, en su día, fue el tocador de la marquesa, en la segunda planta. Alguien tenía que bajar a recoger el material y me ofrecí voluntario. Bajé las escaleras y enfilé el corredor principal en dirección a los aposentos de la marquesa. Una linterna era mi única compañera.
De súbito comencé a oír, a escasos metros de mí, los jadeos lastimeros de una mujer, el llanto de una mujer que gemía y gemía con gran angustia. Entonces me paré en seco y alumbré con la linterna frente a mí: no había nadie. Me tuve que armar de valor y no dejarme vencer por el miedo. Mantuve la calma, gracias a Dios. Seguí caminando por la galería y aquel gimoteo no cesaba, iba delante de mí, a escasos metros.
Aquel llanto femenino era perfectamente audible, cercanísimo, y nada tenía que ver con el escuchado por todo el grupo hacia la 1 de la madrugada, que se escuchó algo más lejano. Un nuevo fenómeno sucedió entonces: empezaron a percibirse, a unos metros delante de mí, una sucesión de pasos acelerados. A juzgar por el sonido eran zapatos de tacón. Alguien caminaba a unos metros de mí pero yo no veía a nadie. Entré en la estancia donde se encontraba la grabadora, la cogí entre mis manos y velozmente, presa del desconcierto ante lo vivido, me reuní con mis compañeros y les referí lo ocurrido. ¿Qué había sucedido? A esas horas ya no quedaba nadie en todo el palacio, excepto los dos vigilantes que se encontraban en su puesto junto a dos preciosos pastores alemanes. ¿Gemidos? ¿Jadeos? ¿Llantos? ¿Taconeos? ¿Pero qué sucedía en ese lugar? Todavía hoy lo desconozco. Sólo puedo certificar la veracidad y autenticidad de los hechos que estoy refiriendo.
En nuestra estancia en la mansión realizamos diversas pruebas: un barrido fotográfico de todas las estancias y galerías, múltiples grabaciones en cinta magnetofónica para obtención de psicofonías, filmación en dos cámaras de video simultáneas, etc.
En lo referente a las psicofonías obtenidas aquella madrugada, los resultados fueron interesantes. A las 23:22 horas efectuamos una primera prueba en el palomar, donde se decía que encerraban a la niña Raimunda cuando venía del hospicio. Obtuvimos una voz resonante que dice: “Raimunda”, y un grito lejano. A las 00:07 h grabamos en la que se cree fue la habitación de la niña: ningún resultado. A la 1:12 h en la capilla: quedó registrado el llanto desgarrador de niño que he referido y una voz infantil que dice: “mamá”. A las 2:44 h efectuamos otra grabación, de nuevo, en la habitación de la niña: aparecen sonidos musicales. A las 3:48 h grabamos en el despacho del marqués: golpe sonoro y fuerte propinado a nuestro micrófono. Y a las 4:20 h la última grabación de la noche, en el tocador de la marquesa: una voz infantil que dice nuevamente: “mamá”, seguido de un leve lamento. Estos fueron, resumiendo mucho, nuestros resultados psicofónicos más sobresalientes de aquella noche en el palacio.
Sobre «El Profesor», la sección de Santiago Vázquez:
La parapsicología es una disciplina científica, reconocida como tal en 1969 por la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, que estudia los denominados fenómenos paranormales, es decir, aquellos que se producen al margen de lo que es normal o explicable mediante las leyes naturales.
Aunque su denominación más común y coloquial es la de parapsicología, es el término parapsicobiofísica el que debe emplearse para hablar con mayor propiedad, ya que esta disciplina investiga y trata de explicar, primeramente, los fenómenos parapsíquicos (por ejemplo: la telepatía), los fenómenos de orden parabiológico (por ejemplo: los ectoplasmas) y también aquella fenomenología que atañe a los parafísicos (por ejemplo: la levitación).
Es decir, que en su investigación intervienen, principalmente, la psicología y la psiquiatría, la biología y la física, aparte de otras muchas disciplinas científicas.
Nos extenderíamos en exceso si citáramos en esta presentación, todos los nombres de aquellos eminentes hombres de Ciencia (muchos de ellos galardonados con el Premio Nobel) que se han ocupado de estudiar rigurosamente la fenomenología paranormal desde finales del siglo XIX y hasta nuestros días, llegando a la conclusión de que los fenómenos paranormales son una realidad.
El hecho de que no podamos explicar estos fenómenos, no implica su inexistencia. Los fenómenos se producen, eso ha quedado ya corroborado durante décadas de investigación, pero ¿cuál es la causa que los provoca? ¿Se encuentra la causa de estos fenómenos en el ser humano o, por el contrario, nos hallamos ante las manifestaciones de una realidad que no vemos pero que actúa en nuestra dimensión física y material?
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