«Una noche en el Palacio de Linares»
por Santiago Vázquez
Como todavía no se habían iniciado las obras de acondicionamiento para establecer en el lugar la actual Casa de América, nos encontramos con un edificio de finales del siglo XIX. Los vigilantes del lugar nos comentaron que el interior del inmueble estaba prácticamente sin tocar, tal y como lo habían dejado los marqueses al morir. Lo cierto es que, en casi un siglo de historia, nadie había vivido allí o, tal vez, nadie había querido instalarse en el lugar a tenor de la lúgubre leyenda que pesaba sobre sus corredores y habitaciones.
Tras la muerte de José de Murga –primer marqués de Linares- lo adquirió la familia Villapadierna. Después de la Guerra Civil fue alquilado por la compañía naviera Transmediterránea, quien se lo vendió a la Confederación de Cajas de Ahorros. La empresa Teseo, S.A. adquirió también la mansión. Finalmente el empresario Emiliano Revilla lo compró y éste lo vendió al Ayuntamiento de Madrid para inaugurar finalmente la Casa de América.
Curiosamente, a pesar de haber pasado por varias manos, nadie ha vivido allí jamás desde la muerte de los marqueses a principios del siglo XX. Nosotros, tras casi nueve décadas, nos encontrábamos ante el escenario de los hechos, junto a los sillones, tocadores, mesas y cuadros que acompañaron a sus moradores.
Después de cruzar la puerta de entrada y tras subir por una lujosa escalera de mármol o escalinata principal, llegamos a la segunda planta, donde -según la mayor parte de los testigos- se desarrollaban todos los fenómenos paranormales.
El palacio estaba completamente a oscuras. Nuestra única iluminación eran nuestras linternas y las de los vigilantes que nos acompañaban. Llegados a la segunda planta del edificio, decidimos instalar en algún punto nuestra “base” con el fin de comenzar la investigación.
En todo el inmueble se encontraban: un equipo de la Cadena SER, el grupo de investigación Unidad Cero, unos redactores de Onda Madrid y nosotros.
Los primeros se encontraban encerrados a cal y canto en el despacho del marqués. La puerta de acceso a la estancia había sido precintada, ya que, como pudimos observar a través de su mirilla, realizaban una sesión de espiritismo, con una médium en pleno trance. La copa colocada sobre el tablero se desplazaba a una velocidad de vértigo y la médium pronunciaba palabras en tono imperativo. Estos compañeros, al igual que el resto, abandonaron el palacio apenas pasada la medianoche. Y allí estábamos nosotros cuatro, dispuestos a salir de dudas. ¿Era auténtica la leyenda de “casa encantada” de la mansión? –nos preguntábamos en aquellos momentos...
Iniciamos nuestro recorrido por todas las galerías y estancias. Queríamos familiarizarnos con el lugar. Eran tantas las habitaciones, tan numerosos sus corredores, tantos sus rincones que deseábamos conocer con exactitud el escenario de nuestro trabajo. En aquellos instantes retrocedimos al siglo XIX. Lujosas columnas de mármol, pisos de marquetería, delicados tapices, estatuas de bronce, suntuosas lámparas de cristal, sillas y sillones raídos por los años... todo hablaba. Cada paso era una mirada al pasado, un revivir el tiempo ya ido.
Estábamos embebidos en tanto asombro, cuando uno de nosotros propuso entonces subir a la azotea. Fue cuando vivimos nuestro primer fenómeno paranormal dentro del palacio. Pasaban algunos minutos de las doce de la noche. Subíamos a la última planta a través de una estrecha escalera de servicio de madera, los cuatro, uno detrás del otro.
El primero, Pedro Esteban, alumbraba a los demás con una potente linterna, la única de la que disponíamos en aquellos momentos. De repente, como un torbellino, nos traspasó una violenta corriente de aire frío, muy frío, que se prolongó por unos segundos. Nos quedamos inmóviles. Fue entonces cuando se apagó súbitamente la linterna. Pensamos que Pedro la había apagado para darle más misterio a la experiencia recién vivida, pero no, él no había tocado el interruptor.
Para que no surgiera la histeria colectiva, nos tranquilizamos mutuamente y fuimos subiendo los escalones, alumbrados por nuestros mecheros, pero la experiencia no acabó ahí. Tardamos en llegar dos minutos y, al alcanzar la azotea y salir al exterior, la linterna se encendió de nuevo.
¿Explicación? Ninguna causa natural provocó ninguno de los dos fenómenos. Ni la termogénesis, que es un cambio brusco de temperatura y que se da con frecuencia en las “casas encantadas”, a veces en forma de corrientes o soplos de aire fríos, ni la fuga de luz en nuestra linterna, tuvieron un origen natural. Faltaban unos días para iniciarse el verano, hacía calor y no había corrientes de aire y, mucho menos, frío.
La linterna era nueva y las pilas también. La fotógrafa Lola Heras y Antonio José Alés, entre otros testigos, también experimentaron este fenómeno en su visita al palacio pocos días después. Nuestra investigación continuó con más motivación, ya que lo que acabábamos de vivir evidenciaba que algo fuera de lo normal ocurría entre las paredes del lugar.
Dossier 'Palacio de Linares' en Cuarto Milenio:
Cuarto Milenio nº75:
Dossier 'Palacio de Linares'
Sin lugar a dudas el caso español paranormal más impactante de las últimas décadas. Todos lo medios de comunicación de la época se hicieron eco de los supuestos fantasmas que habitaban el mítico edificio de la capital.
Se habló de fraude, pero muchos que allí estuvieron hablan de extraños sucesos jamás explicados. Varios de los personajes que algo tuvieron que ver con lo ocurrido en el Palacio de Linares en mayo de 1990 como Sol Blanco Soler y Paloma Navarrete, miembros del Grupo Hepta, y el periodista Santiago Vázquez, expusieron en Cuarto Milenio lo que vivieron en la hoy llamada Casa de América.