«Los sin nombre»

Estos son sólo algunos casos escogidos de sucesos aún hoy sin resolver. Es terrible pensar que personas que tiempo atrás cometieron crímenes de una brutalidad inimaginable, puedan estar caminando todavía hoy entre nosotros.

por Javier Pérez Campos, marzo 2010

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En 1888 un extraño personaje creó el pánico en los suburbios de Londres. El barrio de Whitchapel se convirtió durante varias noches en el escenario de brutales crímenes. Varias prostitutas aparecieron abiertas en canal a lo largo de dicho año.

Aquel personaje anónimo, apenas una sombra, se bautizó a sí mismo como Jack el Destripador a través de las cartas que enviaba a la policía firmadas “desde el infierno”, en las que se regodeaba de sus macabros actos.

Finalmente, El destripador desapareció en la oscuridad de Whitechapel tras poner en jaque a la policía metropolitana. Nada volvió a saberse de él, y sin embargo, mucho se ha especulado desde entonces sobre su identidad.

Un suceso de tal magnitud parecía muy propio del S.XIX, donde los métodos forenses para la resolución de un caso parecían algo futurista por lo inabarcable.

Sin embargo, si tuviéramos oportunidad de sumergirnos, por ejemplo, en los archivos del FBI, encontraríamos decenas de casos aún sin resolver, en los que la identidad del asesino sigue aún hoy siendo un misterio.

Este es solo un pequeño repaso por algunos de esos expedientes sin foto…

Los descendientes del Destripador

Hasta hace escaso tiempo se consideraba que uno de los casos más semejantes al de Jack el Destripador fue el de Zodiac, al que dediqué un extenso artículo tiempo atrás. Sus semejanzas se basaban en que el rostro del asesino seguía sin identificar, y en que éste también había enviado cartas a la prensa, convirtiéndose en un auténtico personaje popular que jugaba con la fama que le habían otorgado sus asesinatos.

Sin embargo, existen asesinos sin identificar que también enviaban cartas a la prensa, en las que se identificaban con seudónimos y narraban con orgullo los detalles de sus crímenes.

De hecho, existe un desconcertante caso ocurrido en Londres entre 1964 y 1965, en el que el autor del asesinato de, posiblemente, 8 prostitutas, se hizo llamar “Jack the Stripper” (en español, algo así como “Jack el Desnudador”, intentando parodiar al pseudónimo que utilizó “Jack el Destripador”, que en inglés es “Jack the Ripper”).

Sus casos fueron conocidos como “los asesinatos desnudos”, debido a que sus víctimas, siempre prostitutas de entre 20 y 30 años, aparecían desnudas en las calles de Londres, o flotando sobre el río Támesis, después de haber sido estranguladas, en el mejor de los casos.
En realidad, el número oficial de víctimas es 6, ya que las otras 2 no están realmente confirmadas, pues no encajan en el modus operandi del Desnudador.

Helen Barthelemy, una de las víctimas de 'Jack the Stripper' y John Du Rose, investigador de los asesinatos del 'Desnudador'.

John Du Rose, el investigador de Scotland Yard que llevaba el caso, llegó a barajar una lista de 7000 sospechosos. Ante el desconcierto de aquellos sucesos, organizó una rueda de prensa para anunciar que la policía había reducido a 20 el número de sospechosos. Aquello no era más que un intento de amedrentar al asesino, pues no era cierta aquella drástica reducción de sospechosos. Para continuar con su plan, días después volvió a organizar una nueva rueda de prensa, anunciando que el número de sospechosos se había reducido a 10, y poco tiempo después aquella supuesta lista se redujo a 3 sospechosos. El plan funcionó, pues Jack “The Stripper” no volvió a actuar después de aquellas ruedas de prensa.

Uno de los principales sospechosos era Mungo Ireland, un guardia de seguridad escocés. La causa principal fue que en el escenario del crimen de algunos asesinatos se encontraron restos de pintura… Al parecer, dicha pintura coincidía con una pintura industrial que había en la empresa en la que Mungo trabajaba como vigilante. Finalmente, Mungo Ireland acabó suicidándose por intoxicación de monóxido de carbono, debido a la gran presión de las acusaciones. Y aunque muchos sostenían que Mungo era el principal sospechoso, posteriores investigaciones mostraron que Mungo estaba en Escocia cuando una de las víctimas había sido asesinada.

Otro macabro personaje que siguió este camino fue el “Destripador de Lisboa”, en 1993. El diario “El País” publicó aquellos sucesos en su edición del 26 de marzo de aquel año, bajo el impresionante titular: “Jack el Destripador resucita en Lisboa”. El psicópata había asesinado a 3 prostitutas de entre 20 y 27 años en las calles de Lisboa; habían sido estranguladas y destripadas, esta vez no con instrumental quirúrgico, sino con un cuello de botella roto. De todos ellas se llevó una de sus vísceras, quizá a modo de macabro recuerdo… Posteriormente aparecieron otros 2 cadáveres que nunca se supo si atribuir a dicho personaje, ya que presentaba otros signos distintos de ensañamiento.

Estos sucesos provocaron una auténtica situación de pánico en la capital de Portugal, y comenzó a especularse con el origen de aquellos asesinatos, llegándose a hablar de rituales satánicos. Incluso, algunas prostitutas especularon con que el asesino podía haber sido un antiguo cliente que había sido contagiado de sida por una de las prostitutas.

Lo cierto es que nunca se obtuvo ni una sola prueba en el escenario del crimen, y tal y como apareció, aquel personaje desapareció para siempre…

Todo esto puede parecer lejano, no en el tiempo, sino en el espacio. Sin embargo, en España también hemos sufrido casos semejantes. Y es que Almería fue el escenario del crimen de 7 prostitutas entre 1989 y 1996. Todas ellas habían sido estranguladas; tras esto, eran desnudadas y lanzadas por un barranco de la Nacional-340.

Diez años después del último asesinato, apareció el primer nombre de un sospechoso; Volker Eckert, un camionero alemán que había confesado ser el asesino de 5 prostitutas, 3 de ellas en Cataluña. Eckert había cruzado Almería con su camión, y sus antecedentes lo convirtieron en el principal sospechoso de estos sucesos.

Finalmente, en 2007, Eckert fue imputado por 19 crímenes cometidos en España, Francia y Alemania.

Esta vez, y por fortuna, el caso parecía cerrado.

Los asesinos de niños

Si hay algo que colma el límite de lo macabro en la criminología son los casos de asesinos seriales de niños.

El 19 de noviembre de 1980, el diario El País se hizo eco del temor que vivía la ciudad de Atlanta (Georgia), bajo el titular: “Misterio e inquietud ante el asesinato sucesivo de once niños de raza negra en Atlanta”.

Además de los 11 asesinados, había 4 niños desaparecidos. El hecho de que todos los infantes fueran de raza negra hizo llevar a los investigadores a la teoría de que el asesino podría ser un miembro del Ku-Klux-Klan. Sin embargo, el hecho de que el 60% de la población del momento fuera de raza negra, hizo pensar que quizá la raza no fuera el motor principal de aquellos asesinatos, sino un hecho casual.

Los vecinos estaban tan atemorizados que llegaron a formar auténticas patrullas vecinales nocturnas para vigilar que aquellos sucesos no volvieran a repetirse.

Tras la importante investigación llevada a cabo por los que eran considerados como los 5 mejores policías de Nueva York, todos los sospechosos (entre los que se encontraban 4 miembros de Ku-Klux-Klan, y 2 simpatizantes del partido nazi norteamericano) fueron descartados, y no pudo inculparse al autor (o los autores) de tan macabros e incomprensibles asesinatos.

Luis Alfredo Garavito Cubillo (foto izquierda) confesor de la muerte de 142 niños en Colombia. Volker Eckert (a la derecha) imputado por el asesinado de 19 mujeres en España, Francia y Alemania.

Mucho más impactante por la cifra, aunque en este caso sí se descubrió la identidad del asesino, es el caso del colombiano Luis Alfredo Garavito Cubillos, que confesó haber acabado con la vida de 142 niños, a los que violó y descuartizó, aunque se sospechaba que la cifra podría ascender a 182.

En el caso que nos ocupa, ocurrido en 1980, el asesino llegó a confesar: “Llegó un momento en que me aburrí de asesinar niños, por lo fácil que era seducirlos y matarlos”.

Todas aquellas desapariciones también habían llevado a pensar a las autoridades en la presencia de una secta satánica. Lo que nadie imaginaba es que el autor de tan atroces crímenes podría ser una única persona… Tiempo después, en alguna entrevista, Garavito aseguró que había cometido los asesinatos por orden directa del diablo.

En este caso, y por fortuna, el asesino aún paga su condena.

Fichas en blanco

Estos son solo algunos casos escogidos de sucesos aún hoy sin resolver. Hace unos días llamaba mi atención una lista obtenida de una obra de investigación criminológica… La obra, “Introducción a la psicología forense”, de Enrique Esbec Rodríguez, contenía una lista de países con mayor número de asesinos seriales. Estados Unidos encabeza dicha lista con un 76% del total de asesinatos en serie. En Europa tendrían lugar un 17% de estos sucesos; y concretamente en España se estima que estén actuando entre 1 y 3 asesinos seriales.

Lo cierto es que los grandes medios que existen actualmente y la excelente preparación de los equipos mejor cualificados para la resolución de estos casos ha hecho disminuir el número de sucesos sin resolver, sobre todo desde 1960 a esta época, pero no han conseguido erradicarlos por completo, y aún hoy existen incógnitas en casos de importante magnitud. Por ejemplo, los casos del “estrangulador de Cincinatti”, el “acechador nocturno”, o “el hachero de Nueva Orleans”…

Otro caso llamativo es, por ejemplo, el del “acuchillador de Frankford”, en el que, cuando creían tener al culpable y este permanecía encerrado en la cárcel, los crímenes continuaron sin cesar, lo que les llevó a la certera conclusión de que habían encarcelado a la persona equivocada. Nada se supo del verdadero autor de 9 asesinatos a sangre fría.

Y es que si uno lo piensa, es inquietante pensar en esas fichas amarillentas, huérfanas de la fotografía de un culpable. Pero mucho más terrible es pensar que esas personas que tiempo atrás cometieron crímenes de una brutalidad inimaginable, puedan estar caminando todavía hoy entre nosotros.

Javier Pérez Campos