Los incorruptos de París

por Javier Pérez Campos

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A tan solo unos minutos de allí se encuentra también la Capilla de San Vicente de Paúl, construida en 1827 a partir de las donaciones de centenares de fieles. De fachada también sencilla y sin estilo propio, en ella se encuentra el cuerpo incorrupto de Vicente de Paúl (1580-1660), que mantuvo una cercana relación con Luisa de Marillac, y que fundó importantes grupos de caridad, entre ellos el de las Hermanas de la Caridad, al que pertenecían Luisa de Marillac y Catalina Labouré, y que recibió el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2005.

El cuerpo incorrupto de Santa Luisa de Marillac

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Cuando su cuerpo fue exhumado en 1712 por el Arzobispo de París, dos obispos, dos promotores de la fe, un doctor, un cirujano y un número de sacerdotes de su orden, todos ellos quedaron asombrados al ver que su cuerpo, que debía estar descompuesto tras 52 años de sepultura, parecía recién enterrado.

"Cuando abrieron la tumba todo estaba igual que cuando se depositó. Solamente en los ojos y nariz se veía algo de deterioro. Se le contaban 18 dientes […]”

Y así continúa a día de hoy, aunque con un leve tratamiento de cera en la cara para ocultar pequeñas imperfecciones.

A pesar de haber fallecido hace más de trescientos años, su barba permanece perfectamente recortada, y su semblante es digno de alguien que yace dormido, descansando, y no de una persona fallecida siglos atrás.
Sin embargo, nuestro particular recorrido no termina aquí. Y es que la ciudad de la luz esconde en su sombra otras historias de cuerpos incorruptos que la medicina no ha sabido aún explicar.

El cuerpo incorrupto de Vicente de Paúl

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Cerca de la capital francesa se encuentra el pequeño pueblo de Nevers. Allí yace el cuerpo incorrupto de Marie Bernard (1844-1879), canonizada el 8 de diciembre de 1933.

Bernardita, como es conocida cariñosamente entre los devotos, está vinculada a la historia de Lourdes, ciudad francesa donde nació y clave de la peregrinación mundial debido a los supuestos milagros que allí suceden.

Tras la muerte de Marie Bernard, decenas de creyentes se aglutinaron junto a su tumba para hacerle peticiones que posteriormente se cumplían. Por ello, treinta años después de su muerte, se procedió a la exhumación de su cuerpo. Y cuál fue la sorpresa al descubrir que el cuerpo de Bernard apenas había sido víctima de la descomposición.

También fuera de París, concretamente en la villa de Ars, cerca de Lyon, encontramos el caso de Juan María Bautista Vianney, un sacerdote nacido en 1818 que se ganó la confianza de tantos fieles y atrajo a tal cantidad de creyentes que fue necesaria una mejora de las infraestructuras de la pequeña villa de Ars. El padre Vianney recibía una cantidad de entre trescientos y cuatrocientos devotos diarios en busca de confesión durante 1845, pero el número de devotos aumentó mucho más durante el último año de vida de Vianney, cuando llegó a recibir a ciento veinte mil creyentes.
Se hablaba de que el padre Vianney hizo alguna predicción sobre el destino de la iglesia en Inglaterra y el protestantismo, e incluso de toda la avalancha de fieles que día a día se aglutinaban frente a las puertas de la iglesia de Ars, para ser recibidos por el sacerdote más afamado del momento, que aseguraba, además, haber vivido en diversas ocasiones el fenómeno de la bilocación.

El 4 de agosto de 1859, Vianney fallecía víctima del agotamiento. Años después se procedía también a la exhumación de su cuerpo y, como no podía ser de otra forma, se encontraba igual que el día de su entierro.

Posteriormente, el 8 de Enero de 1905, el Papa Pío X, beatificó al cura de Ars, que pasó a ser llamado El Santo Cura de Ars.

Éstos son solo algunos casos sucedidos en París. Existen otros, algunos mucho más espectaculares, repartidos por el resto del mundo, como el caso de San Chárbel Makhlouf a quien se le atribuyeron los prodigios de sudar sangre después de su muerte e incluso de irradiar luz, según atestiguaron varias personas que aseguraban haber presenciado el fenómeno.

Pero, reales o no estos fenómenos anómalos y prodigiosos, sigue siendo impactante el hecho de vislumbrar cómo algunas personas conservan su cuerpo a la perfección ya sea años, décadas e incluso siglos después de fallecidos, cuando las leyes naturales van en contra de todo ello.

Y es que, si ponerse frente a un cuerpo sin vida es ya impactante, ponerse frente a un cuerpo lívido pero que rompe cualquier ley natural y conserva su vitalidad más allá de la muerte, lo es más aún…

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