Familia no hay más que una

por Javier Pérez Campos

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Dentro del cine de terror siempre han existido diferentes estilos y clases. Pero nunca antes se habían agrupado determinadas películas como en este artículo que usted está a punto de leer.

Un cine que, según se nos cuenta, está basado en hechos reales. Y de ser así, no querría imaginar el calvario que debieron padecer todas las víctimas de estos horribles hechos.

Hablamos de un cine cuyo horror reside en la ruptura del núcleo familiar y su posterior modificación por morbosa perversidad elevada a su máxima potencia. Y es que, ¿hay algo peor que estar al amparo de una familia completa que ha perdido el juicio? ¿Realmente “La matanza de Texas” (Tobe Hooper, 1974) está basada en hechos reales como se nos contaba?
¿Existen casos auténticos de familias que perdieron el juicio por completo?

Cuando seas grande, comerás carne…

El canibalismo dentro del cine de terror es uno de los recursos más habituales para generar malestar, inseguridad, repugnancia y, en definitiva, la desesperada sensación de estar en manos de seres irracionales ajenos a cualquier tipo de diálogo.

En 1974 una película hace convulsionarse a la industria cinematográfica tras ser censurada en seis países. “La matanza de Texas”, de Tobe Hooper, se convierte en un icono del cine de terror, y eleva a su creador a la categoría de director de culto.

Imagine que su coche le deja tirado en una solitaria carretera secundaria de Texas, bajo el asfixiante sol de Agosto. Allí, en medio de la nada, una casa parece el único lugar donde recurrir auxilio. Sin embargo, en su interior, reside una familia poco común. El pequeño del clan ha sufrido constantes vejaciones y abusos debido a una malformación de su cara. Es por ello que su familia decide sobreprotegerlo de una manera muy especial, y se hacen con todos los viajeros despistados que pasan por el lugar para que Leatherface (Cara de cuero), como es conocido el “pequeño”, disponga de auténtica piel humana con la que hacerse máscaras que tapen sus malformaciones. Lo más terrible es que en aquel lugar, nadie podrá escuchar sus gritos… Excepto esa perturbada familia capaz de llevar a cabo cualquier brutalidad… Ellos asesinan, asestan golpes dolorosos, llevan a cabo crueles planes y practican el canibalismo, además de otros macabros hechos.

Esta historia ha dado lugar a numerosas secuelas y remakes. Pero lo que realmente llegó a impactar al espectador de los años 70, y que dio lugar a que muchos llegaran a abandonar las salas, es el subtítulo que podía leerse en el cartel de la película. Era un oscuro letrero, que decía “What happened is true” (Lo que sucedió es real)… Algo que hoy se ha convencionalizado como “Basado en hechos reales”.

Sin embargo, la historia original no tuvo como protagonistas a estos jóvenes desorientados, ni como antagonistas a una familia de maníacos cuya maldad ha sido heredada genéticamente.

El protagonista de la historia en que se basa “La matanza de Texas”, además de otras películas como “El silencio de los corderos”, “Psicosis” o aquella que lleva el mismo nombre que el asesino causante del terror en el pequeño pueblo de Plainfield, “Ed Gein”.

El carnicero de Plainfield, como también pasó a ser conocido este sádico personaje, asesinó a dos personas y desenterró varios cadáveres del cementerio para crear su particular museo del terror. Cuando Ed Gein pasó a ser uno de los sospechosos de aquellos macabros asesinatos y profanaciones, la policía entró en su casa para realizar una investigación oficial. Minutos después los dos agentes salían rápido de la casa, conteniendo la respiración y tratando de controlar las violentas arcadas mientras un sudor frío recorría sus frentes. Pidieron ayuda por radio, y en poco tiempo se presenciaron en el lugar los refuerzos.

Lo que allí se encontraron nunca volvió a salir de sus mentes, y se repetiría en sueños cada noche mientras sus fríos cuerpos se enredaban entre las impolutas sábanas, en la oscuridad del dormitorio…

Cráneos auténticos yacían en la cocina, haciendo la función de ceniceros o cuencos, mientras las sillas habían sido forradas con piel humana. Del mismo material eran los mangos de cuchillos, lámparas, un chaleco e incluso máscaras y caretas. En el dormitorio se encontraba la cabeza de una de las víctimas, Bernice Worden, que ejercía una función decorativa muy lejana a la de cualquier otro objeto convencional. En aquella morada tan poco acogedora, la única habitación que parecía haber sido respetada se situaba al final de un pasillo… Era el dormitorio de su madre, con quien decía haberse comunicado un año después de su muerte.

Ed Gein fue internado en un centro psiquiátrico, donde falleció tiempo después, siendo considerado un paciente ejemplar.

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