El asesino del zodiaco

por Javier Pérez Campos

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Víctimas en aumento…

Los asesinatos continuaron el 27 de septiembre de 1969 en el que se convirtió en uno de los asesinatos más impactantes.

Bryan Calvin Hartnell y Cecilia Ann Sephard, de 20 y 22 años respectivamente, habían ido a pasar el día al lago Berryesa, concretamente a una zona que actualmente es conocida como “Isla del zodiaco”.

De pronto se les acerca un hombre portando una capucha de verdugo y unas gafas de sol… Lleva, además, una pistola, y en la otra mano unas cuerdas de tender la ropa… Le pide a Cecilia Ann Sephard que con ellas ate a Bryan Calvin, que solo tiene intención de robarles su coche para poder huir. Una vez que ella lo ha hecho, el extraño personaje decide asegurarse, por lo que revisa los nudos y al descubrir que estaban flojos, los aprieta… Es entonces cuando, sin pensarlo siquiera dos veces, apuñala a la pareja.

Cecilia Ann Sephard recibe 10 puñaladas en la espalda. Bryan Calvin Hartnell, 6 puñaladas, y se convierte en uno de los supervivientes del “asesino del zodiaco”. Posteriormente, ofrecería datos importantes para la investigación: “Era un hombre de constitución fuerte y unos 180 cm de estatura, se presentó con capucha y una especie de manto negro sobre el pecho que contenía el símbolo de la mira, dijo haber escapado de una prisión de Colorado y que necesitaba el coche para irse a México".

Se observan entonces cambios en su modus operandi: ya no ataca solo de noche, pues cometió aquel asesinato a plena luz del día… Además había cambiado su pistola por un arma blanca.

Tras apuñalar a la pareja, el asesino se acercó al coche de Bryan Calvin, situado a unos 500 metros, y grabó en la puerta el dibujo que se había convertido en su firma: la mira de un arma, y al lado, las fechas en que había cometido aquellos asesinatos, e incluso la hora de este último: Vallejo 12-20-68, 7-4-69, Sept27-69-6:30 by knife. (con un cuchillo)


Mensaje en la puerta del coche de Bryan Calvin

Días después, el 11 de octubre de 1969, en torno a las 9.55 pm., Paul Lee Stine, un taxista de 29 años, recibe un disparo de 9 mm. en su cabeza, en la calle Cherry de San Francisco. El asesino le quita la camisa, las llaves del coche y la cartera. Es visto por tres adolescentes situados al otro lado de la calle, que observan cómo aquel hombre limpia el taxi.

Minutos después, tras el aviso de los jóvenes, la policía se presencia en el lugar, y lo más impactante es que dos miembros se cruzaron con él en medio de la calle… Era un hombre blanco, sus rasgos no muy visibles en aquella oscura noche… Los policías lo paran, le preguntan qué ha ocurrido, y tras dos minutos de charla, el asesino del zodiaco les responde: “Un hombre ha disparado a un taxista, yo lo vi corriendo por la otra calle, hacia arriba”… Ante esto, los policías cometen el error de sus vidas: abandonan a aquel hombre para correr hacia el otro lado, sin tan siquiera fijarse bien los rasgos de aquella extraña figura nocturna… Posteriormente, Zodiac aseguraría en una misiva que aquella noche habló con uno de los policías, declaraciones ante las que la policía tuvo que emitir un comunicado explicando lo que había sucedido; previamente se había descrito al asesino de raza negra, y posteriormente se rectificó en las declaraciones aludiendo a la oscuridad nocturna como consecuencia de aquella confusión.

Es el 14 de octubre de 1969 cuando en la redacción del diario San Francisco Chronicle se recibe una carta desalentadora y amenazante procedente del asesino del zodiaco. En ella asegura que llevaría a cabo un tiroteo en la puerta de una escuela de niños. Y, para demostrar su autenticidad, adjuntaba un trozo de la camisa de Paul Lee Stine, taxista al que había quitado la vida tan solo unos días antes. Afortunadamente, nunca cumplió su palabra.

Pero aquello empezaba a mosquear el cuerpo de policía de Vallejo, cuya labor estaba empezando a ser puesta en evidencia en los medios de comunicación. Además, ante tal fenómeno mediático, comenzaban a surgir inofensivos imitadores que se hacían pasar por Zodiac; ocurrió, por ejemplo, el 20 de octubre de 1969, cuando empezó a correr el rumor de que el asesino del zodiaco llamaría en el Show televisivo matinal de Jim Dunbar. Comenzó el programa, y se pidió públicamente que no se ocuparan las líneas del programa… Entonces, se recibió la esperada llamada; el asesino decía llamarse Sam, y quería quedar con Melvin Belli, un reputado abogado que había acudido al programa a la espera de dicha llamada; eligieron hora y lugar, pero Zodiac nunca se presentó… Posteriormente se rastreó el lugar desde el cual se habían hecho varias llamadas aquella misma mañana, y todo condujo al Hospital Estatal de Napa; las llamadas habían sido realizadas por un enfermo mental.

Sin embargo, Belli recibiría días después una carta de Zodiac en la que le pedía que le ayudara, y le adjuntaba un trozo de la camisa de Paul Lee Stine, el taxista al que había asesinado.

Continuaron las misivas a los medios; destaca un nuevo criptograma de 340 caracteres enviado a el 8 de noviembre de 1969 y que, a día de hoy, sigue sin descifrar.


Misiva de los 340 caracteres, nunca descifrada...

El 22 de marzo de 1970, Kathleen Jones, de 22 años, circula de noche por la carretera 132 al oeste de Modesto (California)… Un conductor le da luces; ella se para… El conductor le dice que una de las llantas traseras de su coche estaban flojas, y le ha dado luces para que no tuviera un accidente…

Agradecida aunque extrañada por no haber notado nada, ella sube en su coche tras dejar que aquel extraño arreglara su coche, y sigue su ruta… Unos minutos después, la llanta trasera de su coche, tras hacer extraños ruidos, se sale bruscamente golpeando con fuerza la carretera. El coche, que circulaba aún tras ella, la adelanta y se para… Se ofrece para ayudarla, y ella sube en su coche junto a su bebé, al que lleva en brazos. A él no parece importarle esa pequeña compañía: “cuantos más, mejor”, dice…

Kathleen comienza a ponerse nerviosa cuando, tras pasar una gasolinera y varias estaciones de servicio, y pedirle que pare allí, aquel hombre no dice nada, se limita a seguir conduciendo a toda velocidad. Ante esto, cuando el conductor aminora en una intersección, Kathleen salta del coche con su hijo en brazos y se oculta entre los matorrales del bosque colindante. El conductor sombrío bajó del coche y empezó a buscarlas, pero ante la llegada de un camionero, volvió a subir a su coche para huir del lugar…

Posteriormente, Kathleen denunciaría este hecho a la policía, asegurando que aquel hombre era idéntico al retrato robot que se había realizado de Zodiac; aseguró que había sido secuestrada por aquel mediático asesino durante 3 horas en su coche, en un viaje que parecía no acabar nunca. Sin embargo, varias inconcluencias en el relato de esta supuesta víctima pusieron en duda su autenticidad; algunos pensaron que se trataba de un modo de formar parte de aquel juego mediático que se había organizado en torno al asesino de la Bahía de California.

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