El asesino del zodiaco
por Javier Pérez Campos
Durante los años 60 un extraño personaje sembró el pánico en el norte de California durante varios meses. Algunos lo bautizaron como “el Jack el Destripador del S.XX” ya que escribió varias cartas a la prensa, algunas cifradas y, a pesar de las posibilidades que dichas misivas podían ofrecer, su identidad sigue siendo una incógnita a día de hoy. Incluso el número exacto de víctimas es aún un misterio.
De hecho, las avanzadas tecnologías en la actualidad no han hecho más que sembrar aún más dudas sobre el autor de los crímenes de la bahía de California; los análisis del ADN encontrado en las cartas solo han servido para descartar a los sospechosos de aquellos asesinatos; se barajaron 2500 sospechosos en un periodo de años.
Los medios de comunicación jugaron un importante papel, y la gente llegó a emitir mensajes haciéndose pasar por él, e incluso inventaron ser víctimas del personaje para ganar, quizá, unos minutos de efímera fama. En algunas ciudades se llegó a implantar el toque de queda, para que todos los ciudadanos permanecieran en sus casas a partir de las 10 PM…
Pero para conocer mejor esta sorprendente historia debemos empezar por donde es debido…
Viernes, 20 de diciembre de 1968. Hacia las 11 PM. Condado de Vallejo.
David Arthur Faraday y Betty Lou Jensen circulan por la carretera del lago Herman, para estacionar en una zona que muchas parejas jóvenes como ellos conocen casi a la perfección por ser un lugar alejado y solitario en el que poder buscar intimidad. Tienen 17 y 16 años respectivamente. Y desafortunadamente, esa misma noche, el tiempo se congelaría eternamente para ellos.
Todo lo que allí aconteció en esos momentos es a día de hoy tan oscuro como aquella fría noche de diciembre. Ninguna pista, ningún testigo, ningún indicio… Como si la negrura invernal se los hubiera tragado a todos.

David Faraday y Vetty Jensen, primeras víctimas...
Tan solo los cadáveres de aquellos dos jóvenes que habían acudido al lugar para pasar una velada nocturna. David Arthur Faraday presentaba un disparo del calibre 22 en la cabeza, mientras que Betty Lou Jensen presentaba cinco disparos del mismo calibre en su espalda.
La policía dedujo, no con dificultad, que mientras el extraño desconocido disparaba contra la primera víctima, Betty Lou intentó escapar; razón por la que esta última presentaba los disparos en la espalda y, además, con tal ensañamiento.
Así, la policía apenas tenía indicios para iniciar una investigación; los familiares aseguraron que nadie tendría razones para hacer aquello, y lo único que pudo sacarse en claro aquella noche es que el que perpetuó aquellos asesinatos sabía manejar bien el armamento.
Y cuando las suposiciones apuntaban hacia el crimen pasional, alguien volvió a disparar en la madrugada…
Viernes, 4 de julio de 1969. Hacia la medianoche. Condado de Vallejo.
Michael Renault Mageau, agente de policía de 19 años, y Darlene Elizabeth Ferrin, de 22 años, circulan a escasos kilómetros de la zona donde aconteció el crimen anterior. Estacionan en el aparcamiento del campo de golf Blue Rock Springs. Allí, un desconocido aparca junto a su coche. Minutos después, ante el desconcierto de Michael y Darlene, el extraño conductor se marchó para volver, de nuevo, minutos después y estacionar, esta vez, detrás de ellos. Este dato sería bastante significativo, ya que es una costumbre muy policial la de dejar su coche tras el vehículo de algún delincuente para evitar que este pueda huir con facilidad.
Acto seguido, el desconocido abre fuego contra los dos ocupantes del vehículo con un arma que llevaba una linterna pegada con cinta aislante.
Aproximadamente a las 12.40 pm., el departamento policial de Vallejo recibe la llamada de un hombre que asegura haber asesinado a una pareja en aquel lugar; ofrece, además, ciertos datos que le atestiguan y, además, se confiesa autor de los asesinatos del 20 de diciembre.
Por asombroso que parezca, las dos víctimas sobrevivieron en el momento a los impactos de bala, aunque Darlene murió mientras era trasladada al hospital. Sin embargo, el testimonio de Michael Renault Mageau fue crucial para la elaboración de un retrato robot.
Mucho se especuló a partir de ahí sobre si Darlene reconoció al asesino cuando vio su rostro; se habló de un oscuro pasado en el que Darlene había mantenido varias aventuras con hombres de diversa índole, o incluso había tenido algún contacto con organizaciones sectarias. Estos datos fueron tenidos en cuenta durante las investigaciones, pero finalmente no llegaron a ningún puerto…
Javier Pérez Campos, estudia periodismo en la Universidad Complutense de Madrid.
Se puede definir como una joven promesa en el mundo del "periodismo de lo desconocido" y un intrépido investigador...
Colabora en diversos medios de comunicación entre ellos ikerjimenez.com donde ha publicado ya varios reportajes que despertaron gran interés.
Sus recientes investigaciones las podrás encontrar en su bitácora personal:
«Estancias marcadas»
Las habitaciones de hotel dan mucho juego a la hora de rodar una película o escribir un libro. Si no, que se lo digan a Stephen King, autor de El resplandor, y de 1408. Ambas se desarrollan en un hotel y en una habitación de hotel respectivamente.
En el prólogo de ésta última, King decía:
"Las habitaciones de hotel son lugares espeluznantes por defecto… ¿Cuántas personas habrán ocupado esa misma cama? ¿Cuántas de ellas estaban enfermas? ¿Cuántas estaban perdiendo el juicio? ¿Cuántos estaban pensando en leer unos cuantos versículos de la Biblia del cajón de la mesilla antes de ahorcarse en el armario junto al televisor?..."

