«Apolo XII: la vida es persistente»

por Miguel Gilarte

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La misión Apolo XII (continuación)

En el primer paseo lunar, los astronautas Bean y Conrad (el tercero, Gordon orbitaba alrededor de la Luna a la espera de recoger a sus compañeros) se dedicaron a recoger muestras lunares (rocas y arena) e instalaron algunos aparatos, que fueron colocados a unos 200 metros de distancia de la antigua sonda y en dirección diametralmente opuesta al Surveyor con respecto al módulo de aterrizaje.

La situación de los aparatos fue así para no dañarlos por los efectos de los gases de los cohetes al despegar de la Luna o por los perjuicios que pudiera ocasionar el polvo del suelo lunar (regolita) al elevarse y volver a caer por efecto de los mimos gases de la propulsión del despegue.

Durante el segundo paseo se recogieron también muestras de suelo lunar, pero esta vez en dirección al Surveyor III. Tomaron en total 40 kg de suelo lunar (de las mejores cosechas de las misiones Apolo), también instalaron un espectrómetro para las partículas del viento solar, un magnetómetro para medir campos magnéticos de extrema debilidad, un revelador de iones para intentar algún resto de atmósfera lunar, una antena para comunicaciones, etc.

El final del paseo de la recogida de muestras, era acabar en la posición del Surveyor III para analizarlo y ver los efectos del aterrizaje en la luna de aquel aparato que había aterrizado 31 meses antes de la llegada de los astronautas.

Estaba bien asentado y todo parecía en perfecto estado. El aterrizaje había sido correcto, teniendo en cuenta que eran las primeras misiones que aterrizaban en la Luna y la carrera espacial había comenzado pocos años atrás.

Al final del reconocimiento de la nave, los astronautas desmontaron varias de las piezas del Surveyor III, entre ellas, la cámara de TV.

El examen de las muestras y
la gran sorpresa de la persistencia de la vida

Cuando regresaron a la Tierra con las muestras recogidas del suelo lunar y de las piezas del Surveyor III, estas piezas fueron entregadas a los laboratorios para su examen.

La cámara de TV de la Surveyor III había sido instalada tres años antes por unos de los técnicos de la NASA, que debía tener un resfriado y estornudó sobre la espuma de estileno de las piezas de la Surveyor. Cuando fue analizada la espuma de estileno por un microbiólogo encontró unas espículas secas. Al microscopio se observó que las bacterias estaban vivas.

Los microbios habían viajado de la Tierra a la Luna y de la Luna a la Tierra y habían sobrevivido, pero no sólo fue el viaje que duró varios días entre ambos astros, sino la permanencia en la Luna de estas bacterias que duró en condiciones extremas, varios años.

Uno de los mejores soportes que pudiera tener la vida para llenar el Universo, es precisamente su persistencia, su facilidad en algunas ocasiones de permanecer aletargada durante años, a la espera de unas mejores condiciones ambientales, que pueda llamarla nuevamente para continuar.

Condiciones como pasaron estas bacterias en la Luna, se podría dar en otros planetas, que en tiempos anteriores reunieron ambientes fabulosos para crear y desarrollar vida y que por motivos circunstanciales, aquellas condiciones óptimas fueron desapareciendo, tal vez de forma repetitiva, alternándose ciclos favorables y ciclos nefastos.

El lirón y otros animales lo hacen, invernando pocos meses a la espera de una estación mejor, este ejemplo serviría para ilustrar el aletargamiento de otro tipo de vida acostumbrada a períodos de tiempo mucho mayores, vida obviamente desconocida, surgida en otros planetas.

La teoría de la panspermia, o lo que es lo mismo; la vida no se originó en la Tierra, sino que vino a lomos de un cometa o asteroide aletargada, tal vez procedente de otro planeta y al caer en la Tierra, encontró unas condiciones alentadoras para su desarrollo (no tiene por qué ser así, la vida pudo aparecer en la Tierra).

Las bacterias que trajo el Apolo XII, y que pudieron al menos perdurar durante algunos años en otro mundo, nos abrió las puertas a pensar y deducir que la vida no sólo puede hallarse en otros planetas, sino que pudiera tener cierta facilidad para perdurar y viajar entre los planetas y entre las estrellas, alcanzando en ocasiones objetivos predispuestos para recibir aquella vida.

Marte es el mejor candidato y posiblemente reúna todas las condiciones descritas, de períodos favorables y desfavorables y de vida activa y aletargada.

Los robots hoy instalados en Marte y el detallado estudio de la luna de Saturno, Titán, podrían disipar esta ansiada curiosidad humana...

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