por Santiago Camacho
- Extracto del libro LEYENDAS URBANAS, Editorial EDAF -
La leyenda, como forma de narración surgida espontáneamente y transmitida de
forma oral, no es algo propio de tiempos remotos, sino un género literario que
en la actualidad goza de extraordinaria salud, y este libro pretende ser una
muestra de ello.
Hasta ahora las leyendas urbanas habían sido tratadas como conejillos de Indias,
sujetos a laboratorio que folcloristas, psicólogos, antropólogos y sociólogos
utilizaban para ilustrar sus teorías, expuestas en pulcras y asépticas tesis más
o menos académicas. Pero lo que se suele olvidar de las leyendas urbanas es que
son historias, narraciones surgidas del imaginario popular, auténtica tradición
oral que ha nacido, ante todo y sobre todo, para ser contada, para emocionar,
hacer reír o llorar, aterrorizar o, simplemente, divertir.

Por esta razón, en
vez de atribuirnos el papel del estudioso que solo expone la leyenda para
ilustrar su análisis, hemos preferido múltiples vehículos de difusión, en un
juglar del siglo XXI que no tiene más propósito que entretener con las historias
que ha escuchado aquí y allá.
Las leyendas urbanas son, en cierto sentido, historias reales. Lo único que les
sucede es que suelen ser demasiado buenas para ser verdad, y tienen la irritante
particularidad de proceder siempre del «amigo de un amigo», un misterioso
personaje al que, por mucho que indaguemos, jamás podremos llegar –los cuñados
suelen ser muy socorridos para estos casos-.
La primera leyenda
urbana que escuché, siendo un adolescente, fue la historia de una chica que
durante un guateque bebió un refresco en el que sus amigos habían introducido un
potente afrodisíaco. La desgraciada muchacha fallecía al poco tiempo tras una
agotadora sesión de masturbación compulsiva. Curiosamente, esta fue la primera
leyenda urbana cuya refutación tuve ocasión de conocer años después.
Muchos de los lectores se sentirán asombrados en algún momento del libro al
encontrarse con una historia que daban por auténtica y descubrir que no lo era
tanto. Bueno, y qué más da. A fin de cuentas, todos los que inadvertida o
premeditadamente hemos escuchado o transmitido una leyenda urbana deberíamos
sentirnos orgullosos de haber sido partícipes de la única forma de cultura
popular que en la actualidad puede aspirar legítimamente a ser digna de tal
nombre. Son historias que surgen del pueblo y son transmitidas por este, sin la
participación de empresas o medios de comunicación.
Por tanto, las leyendas urbanas nos hablan en muchas ocasiones de la realidad
social con mayor elocuencia que cualquier encuesta o titular de noticia.
Historias con animales...
Una de las leyendas urbanas más antigua, más conocida y que se ha extendido por
los cinco continentes es sin duda la de los cocodrilos en las alcantarillas. Los
relatos referidos a animales suelen estar dotados de una cualidad sádica que los
caracteriza especialmente. Se trate de simpáticas mascotas o de feroces bestias
salvajes, los protagonistas de estas historias se ven envueltos en incidentes a
cual más desagradable de los que generalmente no suelen salir demasiado bien
librados. Otro sector muy importante lo forman aquellas que reflejan el miedo
instintivo del hombre hacia los animales y sirven como ilustración de lo
peligroso que puede ser jugar con unos seres que pueden actuar por su propia
cuenta y con resultados muchas veces inesperados.
Tronquitos del
Brasil
Todo comienza con un inocente regalo (por lo general, del día de la madre) que
alguien hace a otra persona. Se trata de una planta, un frondoso tronco de
Brasil. Un bonito detalle.
La semana transcurre con total normalidad para el dueño de la planta hasta que
una noche le parece oír un ligero chirrido. Al principio no le da importancia,
pero poco a poco el ruido se va haciendo más y más fuerte hasta que finalmente
lo identifica como procedente del interior del tronco de Brasil que, al ser
tocado, parece emitir una extraña vibración. Muy asustado, el dueño llama a la
policía, que le ordena salir inmediatamente de la habitación donde está la
planta y esperar en la calle la llegada de los bomberos.
Al cabo de una media hora se presenta una dotación de bomberos provistos de unas
extrañas escafandras y portando un instrumental que nunca había visto en bombero
alguno.
El dueño, desconcertado por lo que estaba pasando, se dirigió al jefe de
bomberos y le exigió una explicación. Este le contó que en el interior de los
troncos de Brasil pone sus huevos una araña tropical muy venenosa. A las pocas
semanas los huevos eclosionan y miles de pequeñas arañas comienzan a buscar
desesperadamente la salida al exterior. A planta comienza a emitir extraños
ruidos e incluso a moverse y, si no se llega a tiempo, la muerte de los
habitantes de la casa es segura. Mientras habla su jefe, los bomberos han metido
la planta en una urna de aislamiento. Justo a tiempo, pues nada más cerrar la
puerta los cristales se ven oscurecidos por una marea negra formada por un
millar de pequeñas arañas.
Esta historia, absurda por otra parte, ha circulado por todos los países del
mundo con diferentes variaciones en las que la planta en cuestión puede ser un
cacto o una planta de yuca. También existen variaciones en cuanto a las
criaturas que salen de su interior, pudiéndose tratar de las citadas arañas o
también escorpiones, gusanos y hasta serpientes. Pero con total seguridad la
variante más espantosa de esta historia es aquella en que los dueños de la
planta se encuentran dormidos cuando esta vierte su inusual contenido
amparándose en la oscuridad de la noche, y despiertan con el rostro cubierto de
pequeñas arañas que pugnan por introducirse en todos los orificios de su cuerpo.
Esta es una de las pocas leyendas urbanas cuyo origen ha podido ser trazado con
precisión, situándose en los países escandinavos a principios de la década de
los setenta.
De ahí pasó a Gran Bretaña, donde se convirtió en un chisme muy popular,
achacándola a una planta de yuca comprada en Mark & Spencer. De ahí pasó al
resto del planeta, y sorprende el hecho de que esta leyenda ha aparecido como
noticia en un número sorprendente de ocasiones a pesar de que todos los expertos
en botánica y entomología consultados la han calificado como absurda e
imposible. Tanto como la variante más moderna de esta historia, en la que las
arañas surgen de un ordenador y otro aparato electrónico de fabricación
extranjera. Como vemos, la clave del asunto se encuentra en una xenofobia
latente semejante a la de la historia del chihuahua.
De todo un poco...
Parece inevitable que, cuando se pretende establecer una clasificación sobre
algo, al final tenga que aparecer un apartado de miscelánea en el que, a modo de
cajón de sastre, meter todo aquello que no tiene acomodo en ninguno de los otros
casilleros que hemos creado. Aquí no íbamos a ser menos ni más.
Hay leyendas urbanas para todos los gustos, y tal profusión hace que hayan
quedado extensos territorios que no hemos tenido espacio u ocasión de explorar
adecuadamente. Uno de los más sugerentes es el de las leyendas relacionadas con
famosos. /…/
Paul está muerto
Blas llevaba un buen rato intentando convencer a su amigo. Le había puesto
discos al revés, con mensajes ocultos, pero nada, no había manera.
- Tronco, a ti te ha sentado mal el canuto.
- Qué canuto ni qué leches, te digo que es cierto. En la radio lo han explicado
de puta madre; Paul McCartney lleva muerto desde que estaba con los Beatles.
- Eso es una parida. Y no rebusques más discos, que ya estoy harto de los
mensajes al revés.
- Nada de mensajes al revés, esto seguro que te convencerá –dijo triunfante,
extrayendo la carpeta de un disco de su abultada colección-.
Este es el de Abbey
Road, la portada más conocida de los Beatles, con los cuatro cruzando el paso de
cebra. En realidad se trata de una alegoría del entierro de Paul McCartney. John
va el primero con un impecable traje blanco, representando al sacerdote. Ringo
va detrás. Su traje es negro, como el de los empleados de pompas fúnebres.
George cierra la comitiva vestido de pantalón y camisa vaqueros, representando
al enterrador. Entre Ringo y George está Paul, el muerto. Es el único que lleva
el paso cambiado, simbolizando que está en otro plano. Es el único que va
descalzo (los muertos no necesitan zapatos) y es el único que lleva un
cigarrillo, seguro que por aquello de «cenizas a las cenizas». Pero lo más
morboso de todo es que tiene los ojos cerrados…
- ¡Caramba!
- Pues aún no te he enseñado lo mejor. ¿Ves el coche que está aparcado en la
acera? El Volkswagen…Ahora fíjate en la matrícula: «28 IF» (28 SI, en español).
Paul McCartney habría tenido 28 años si hubiera estado vivo en el momento de la
foto.
- Todo eso está muy bien, pero entonces ¿cómo se supone que murió?
- En la radio también contaron eso. Paul tuvo un accidente de tráfico el 2 de
noviembre de 1966 a las cinco de la madrugada. El coche se incendió y el cadáver
quedó tan desfigurado que fue imposible identificarlo. Los Beatles ocultaron la
noticia y se apresuraron a sustituirlo por un doble.
- ¿Un doble? Sí, hombre… ¿Dónde vas ahora?
- A por un espejo y otro disco, espera un momento…
En el cuarto de al lado se oyó un ruido de revolver cajones, y Blas regresó
trayendo un espejito rectangular y la carpeta de otro álbum de los Beatles, esta
vez el Sgt. Pepper´s.
Entregó ambos elementos a su amigo:
- Coloca el espejo de forma que corte por la mitad el bombo y lee lo que pone
debajo de la imagen de Paul.
- ¡Joder, tron! Dice «he die» (él muere).
- Esta portada está llena de pistas. Fíjate bien. Sobre la cabeza de Paul hay
una mano, lo que en algunas religiones orientales es un símbolo de muerte. Si te
quedan dudas, fíjate en lo que pone la escarapela que lleva en el brazo Paul o
quienquiera que sea.
- ¿O.P.D.?
- Exacto, O.P.D., «Officially Pronounced Dead» (Declarado Oficialmente Muerto),
unas siglas muy utilizadas en Inglaterra. Pero hay más. Fíjate aquí abajo. Es un
bajo hecho con flores. Paul tocaba el bajo, por lo que esto es com si fuera una
corona de flores para él. Un detalle más, el bajo tiene tres cuerdas en lugar de
las cuatro habituales, como indicando que solo quedan tres Beatles.
- Vaya…, oye ¿me puedes poner otra vez esos discos?
- Claro, escucha esto en el final de Strawberry Fields. ¿Lo oyes? John dice
claramente «I buried Paul» (Yo enterré a Paul).
- Pone los pelos de punta…
- Y cuando pones al revés Revolution 9, mira en lo que se convierten las
palabras «number nine, number nine».
Blas pulsó el botón de su reproductor y una voz gangosa comenzó a repetir por
los altavoces, una y otra vez de manera razonablemente clara e increíblemente
siniestra, la frase «Turn on dead man» (Ponme en marcha hombre muerto). La cara
de su amigo le indicó que este ya no era tan escéptico.
- Déjame que te traduzca esta canción:
«Vi la fotografía,
su mente estalló dentro de un coche,
No advirtió que el semáforo había cambiado,
una multitud se agrupó y observó,
habían visto su cara antes…»
- Vale, vale, puede que tengas razón. Pero, entonces, ¿quién se ha estado
haciendo pasar por Paul durante todos estos años?
- Esa es la mejor parte de la historia. El representante de los Beatles se movió
muy rápido nada más tener noticia del accidente. Convocó un concurso de dobles
de Paul que fue ganado por un tal William Campbell. El parecido era asombroso y
los pocos detalles que no coincidían al cien por cien fueron limados con ayuda
de la cirugía. De hecho, es este Campbell el que oficialmente aparece en lugar
de Paul, y como una broma en el póster que se incluía junto a su álbum Blanco.
- Jo, pues el tal Campbell debía ser un genio, porque Paul McCartney ha seguido
haciendo buena música después de los Beatles.
- Bueno…Eso va en gustos.
A pesar de que han sido decenas los artículos que se han escrito al respecto,
nadie puede afirmar con absoluta certeza que sepa dónde se originó este rumor.
Es muy posible que fueran los propios Beatles quienes lo originaron, bien como
maniobra de marketing, bien como simple travesura, tal y como le contó en su
momento el propio Paul McCartney (¿seguro que era él?) al conocido periodista
radiofónico Joaquín Luqui, después de que durante años hubieron negado
obstinadamente, a veces con muy malos modos, cualquier relación con este
esperpéntico asunto...
Más información en:
LEYENDAS URBANAS de editorial EDAF
EL ARCHIVO DE IKER JIMÉNEZ
Escrito por Santiago Camacho
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