«Ucrania desvela los secretos de la URSS»
El Servicio de Seguridad de Ucrania (SSU) ha abierto los archivos de la época soviética al público nacional y extranjero, investigadores o curiosos sin más, que pueden acudir sin trámites a 26 centros de lectura electrónica ubicados en otras tantas ciudades del país.
14 diciembre 2009.- "Ucrania se está transformando en una meca para los especialistas en la URSS, que vienen a trabajar aquí en vista de que los archivos en Rusia se han cerrado o son cada vez más inaccesibles", afirma Volodymir Viatrovych, el director del archivo estatal del SSU. Entre los historiadores hay también rusos con problemas de acceso a sus propios archivos, puntualiza.
En el centro de lectura electrónica de Kiev, Viatrovych muestra en la pantalla de un ordenador el índice de miles de documentos escaneados. Van de 1919 a 1991 y, entre otros temas, se refieren a la consolidación del poder soviético, la gran hambruna (holodomor, 1932-33), la II Guerra Mundial y el sistema represivo, comenzando con la Cheka y acabando con el KGB. También están los documentos de las organizaciones contra las que luchaban estos órganos, desde las nacionalistas hasta las democratizadoras.
El centro de lectura de Kiev se abrió en otoño de 2008, pero su trabajo se sistematizó, según Viatrovych, tras el decreto del presidente Víctor Yúshenko de enero pasado para impulsar la desclasificación de documentos y dar prioridad a temas como "represión política, hambruna y movimiento de liberación".

“Los documentos van de 1919 a 1991, y abarcan desde la hambruna al KGB...”
La desclasificación se ha acelerado, a contrapelo con la legislación vigente, "orientada hacia un trabajo más lento". Por ahora, Viatrovych lidia con decenas de miles de documentos, pero "tenemos 800.000 tomos que deben ser desclasificados y eso sólo del SSU. Además, están los del Ministerio del Interior y los del espionaje".
El SSU ha creado un grupo de trabajo interno formado por especialistas de los mismos servicios. Este núcleo colabora con un "grupo de historiadores que marca las directrices sobre los temas con especial importancia social", señala. El 90% de los documentos sobre el holodomor han sido ya desclasificados, dice Viatrovych. "Puede que se encuentren más en los archivos de provincias, que son bastante caóticos, porque no fueron creados para los investigadores sino para la persecución y el exterminio de los adversarios del régimen", explica.
Las "lagunas" existentes son más grandes en los últimos años de la URSS, señala, y precisa que cuando el KGB dio orden de destruir documentos en 1990, los funcionarios "empezaron por hacer desaparecer lo que les afectaba a ellos y sus agentes".
El archivo que dirige Viatrovych colabora con instituciones semejantes en Polonia, República Checa y Lituania. Con los archivos del Servicio Federal de Seguridad (SFS) de Rusia la cooperación es limitada. "Esta primavera le propusimos al SFS un acuerdo de colaboración como el que tenemos con los polacos o los checos, para intercambiar experiencia de desclasificación y copias y también hacer publicaciones conjuntas. Nos contestaron que consideran suficientes los acuerdos existentes entre ambos servicios de seguridad", explica.
"No imponemos ninguna interpretación de la historia", exclama, y califica de "casi cómica" la relación entre los archivos ucranios y rusos. "Nosotros desclasificamos documentos sobre uno u otro tema, e inmediatamente, como respuesta, los rusos desclasifican otros que indican otra cosa".
Abordando su materia desde una perspectiva de "misión" nacional, Viatrovych dice haber encontrado "muchos documentos interesantes sobre las operaciones llevadas a cabo [por los órganos de seguridad soviéticos] para comprometer a activistas del movimiento nacional ucranio y hacerlos aparecer como colaboracionistas con los nazis, antisemitas y héroes negativos". "Ucrania continúa el trabajo de desenmascaramiento del régimen estalinista que iba en paralelo al proceso de democratización a fines de los ochenta en la URSS. En los noventa, Rusia juzgaba el totalitarismo e iba a la cabeza del proceso de desclasificación y publicación de documentos, pero ahora Rusia ha dado marcha atrás, mientras Ucrania ha recibido un nuevo impulso", opina.
"Comparto la opinión de que una parte de los materiales se sacaron de Ucrania en 1990 y 1991 y puede que estén en Rusia. Una prueba indirecta es que el último dirigente del KGB de Ucrania, Nikolái Golushko, se convirtió en jefe del SFS de Rusia".
+ dossier de prensa:
ikerjimenez.com
«Rusia asegura que guarda la mandíbula y partes del cráneo de Adolf Hitler»

El general Yuri Jristofórov, actual jefe del Archivo del FSB, sostiene que en el Archivo Estatal de Rusia «se guardan trozos del cráneo de Hitler», uno de los cuales presenta un orificio de bala; y en el Archivo del FSB «se conserva parte de la mandíbula». Según sus palabras, «son los únicos restos que han quedado del führer. Lo demás fue incinerado en 1970». Jristofórov subraya que «estas piezas son los únicos testimonios documentales de la muerte de Hitler».
Sin embargo, en un estudio dado a conocer en septiembre por científicos de la Universidad de Connecticut se asegura que el cráneo, según las muestras recogidas por el arqueólogo Nick Bellantoni en un viaje a Moscú, perteneció a una mujer. No se ha podido establecer si era Eva Braun, la compañera del caudillo nazi, al no disponer de una muestra de referencia de algún familiar.
Presunto robo
Al parecer, Bellantoni obtuvo las esquirlas del hueso clandestinamente, aprovechando un descuido de los empleados del Archivo Estatal de Rusia. No está del todo claro si fue él mismo quien lo hizo o alguien del equipo del canal norteamericano Hoggard Films, que logró autorización para acceder al archivo y filmar documentos.
El general Jristofórov, precisamente, advierte que los científicos estadounidenses «nunca nos pidieron permiso para tomar muestras de ADN del cráneo y, aunque las llegaran a obtener, nos preguntamos con qué las compararían para aseverar que no son de Hitler».
El historiador ruso Lev Bezimenski escribió en 1992 que, tras suicidarse en la tarde del 30 de abril de 1945 en el búnker de la Cancillería, los cuerpos de Hitler y Braun deberían haber sido quemados, lo mismo que se ordenó hacer con los de Josef Goebbels, su familia y el general Hans Krebs. Pero, según Bezimenski, fueron hallados «casi intactos» cuatro días después por Iván Churakov, uno de los soldados de las tropas soviéticas que acababan de entrar en Berlín.