«400 años del 'Mensajero sideral'»

Galileo publicó hace 400 años el 'Mensajero sideral', en el que anunciaba cómo se veía el cielo con un nuevo instrumento: el telescopio.



Mariano Esteban Piñeiro

Escucha esta noticia

11 de abril 2009.- En mayo de 1610 el catedrático de Matemáticas de la universidad de Padua, Galileo Galilei, publicó en Venecia un librito, apenas 30 páginas en latín, titulado Sidereus Nuncius (Mensajero Sideral). El éxito de este tratadillo fue inmediato, los 550 ejemplares de la edición se vendieron en pocos días, también lógico y natural.

Daba noticia del nuevo aspecto que los cielos ofrecían cuando se observaban con un nuevo y original instrumento que aproximaba y agrandaba los objetos lejanos: la Luna no era lisa pues mostraba montañas y valles, muchas y nuevas estrellas aparecían donde antes sólo había oscuridad, la Vía Láctea no era una mancha lechosa, sino un conjunto casi infinito de pequeños puntos luminosos, y el planeta Júpiter ya no estaba sólo, sino acompañado por cuatro pequeños puntos que giraban a su alrededor.

Todas estas novedades las había podido contemplar Galileo entre el otoño de 1609 y los dos primeros meses de 1610, gracias a un perspicilli, telescopio, construido por el propio matemático.

"La publicación de 'Sidereus Nuncius' representó uno de los momentos decisivos de la ciencia, ya que echaba por tierra convicciones seculares..."

La aparición del Sidereus Nuncius representó uno de los momentos decisivos en la historia de la ciencia, pues las nuevas imágenes celestes que presentaba echaban por tierra convicciones seculares y lanzaban a la Europa culta a un torbellino de debates. Por otro lado, un tosco tubo con dos lentes de escasa calidad se había convertido, en manos de un hombre de ingenio, quizás en el más perturbador y revolucionario instrumento científico de todos los tiempos.

La consecuencia casi inmediata es que numerosos astrónomos europeos procuraron hacerse con ejemplares de ese nuevo instrumento óptico. Antes de concluir 1610 ya constan, por ejemplo, las observaciones realizadas empleando telescopios por jesuitas del Colegio Romano o del convento de San Antón en Lisboa.

Un mérito "merced a la gracia de Dios"

Por otro lado, pronto se suscitó la polémica sobre la identidad del inventor. Aunque Galileo se atribuyó ese mérito, "merced a la gracia de Dios que primero me iluminó el entendimiento", según sus propias palabras, hoy se conoce con certeza que ejemplares de telescopios fueron fabricados en distintos lugares de Europa por maestros constructores de "visorios" o gafas desde los últimos años del siglo XVI.

Cubierta del libro 'Uso de los antojos', escrito por Benito Daza de Valdés y publicado en Sevilla en 1623 | Haz click en la imagen para ampliar

En este texto, el segundo que se escribió en Europa sobre telescopios, el autor muestra un taller sevillano en el que se fabricaban telescopios de doce tamaños diferentes, desde el pequeño de "cuatro dedos de largo" hasta el de "cuatro varas", en función de la lejanía del objeto que se quisiera observar.

Los telescopios utilizados por los astrónomos se montaban en tubos de cartón o de madera, frecuentemente forrados en piel o tela. Los burgueses ricos, los nobles y los príncipes muy pronto se hicieron con bellos y lujosos instrumentos con monturas metálicas, pagando por ellos elevadas cantidades, unas veces para adornar sus gabinetes, otras para ofrecerlos como exquisitos presentes a los personajes más poderosos, como Felipe III, Paulo V o Cosme de Médicis.

+ Dossier de prensa:

ELPAÍS.com: "El telescopio: instrumento científico y adorno de príncipes"

+ en inglés:

TELEGRAPH.co.uk: "How Galileo brought the stars down to Earth "
FinancialTimes.com: Discovery in an age of dogma
TheNewYorkTimes.com: A Telescope to the Past as Galileo Visits U.S.

Ikerjimenez.com