«El agua de los océanos de la Tierra tiene un origen extraterrestre»
Asteroides cubiertos de hielo trajeron el agua de los actuales océanos, según explica el geoquímico francés Francis Albarède en la revista científica Nature. La revista científica también revela el descubrimiento de una estrella que explotó hace 13.000 millones de años. Se trataría del objeto astronómico más lejano observado hasta el momento desde la Tierra.
2 noviembre 2009.- El Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia (CNRS) ha publicado las investigaciones del científico Francis Albarède, quien sostiene que "asteroides gigantes cubiertos de hielo" chocaron contra la Tierra entre 80 y 130 millones de años después de la formación del planeta.
Según la tesis de Albarède, la colisión de estos cuerpos helados extraterrestres provocó además un movimiento de las placas tectónicas que favoreció la creación de los continentes y los océanos, condición probablemente necesaria para la aparición de la vida, indica el CNRS en un comunicado. Este fenómeno sería también responsable de la formación de la atmósfera, hasta ahora atribuida a los "vapores emitidos durante el amanecer de nuestro planeta".

Según el investigador francés, esos impactos pudieron también repetirse en Marte, pero "el agua se habría secado antes de llegar a penetrar en profundidad", mientras que en lo que a Venus se refiere, nadie sabe cuáles eran las condiciones del segundo planeta del sistema solar antes de que una intensa actividad volcánica remodelase su superficie.
Las estrellas estaban antes
Las estrellas ya existían cuando el Universo tenía sólo 600 millones de años, después de producirse el denominado 'Big Bang' que lo originó. Es otra de las conclusiones publicadas en Nature. Un equipo internacional de investigadores, entre ellos españoles, ha determinado la explosión de rayos gamma GRB 090423, más lejana detectada hasta la fecha.
En abril de este año el satélite SWIFT detectó la emisión de rayos gamma de una estrella que explotó hace 13.000 millones de años. Entonces, según explicó Alberto Castro-Tirado, uno de los expertos del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC).
El descubrimiento supone la detección del objeto más lejano del Universo hasta la fecha y señala dónde hay que buscar la galaxia más lejana conocida. En realidad, esta galaxia donde se ha producido el cataclismo estelar sólo será perceptible cuando se lance el sucesor del Hubble, el Telescopio Espacial J. Webb, dentro de aproximadamente cinco años.
Según los autores, más allá de romper un record, la edad del recién descubierto objeto abre una ventana a una era cosmológica que no había sido accesible a la observación. "Por medio de estos objetos vamos a poder estudiar las galaxias más distantes del Universo y el medio que existen en la línea de visión hasta nosotros", añade Castro-Tirado.
Hasta el momento, los investigadores pensaban que la aparición de las primeras estrellas se produjo cuando el universo tenía entre 200 y 400 millones de años. Esta explosión, que por sus características no corresponde a una estrella de primera generación, de las que aún no se conoce ninguna, parece confirmar la idea.
Según explica Alberto Fernández Soto, del Instituto de Física de Cantabria (CSIC-Universidad de Cantabria) y firmante en el segundo de los artículos, "es el objeto más antiguo jamás observado. El mero hecho de que lo veamos confirma que en aquella época ya había estrellas, algo que hasta ahora era una hipótesis sin confirmar". Es más, Fernández Soto concluye que "la aparición de objetos como este quiere decir que la formación de los cuerpos celestes fue más rápida de lo que se pensaba".
Según los científicos, a medida que se detecten más explosiones de rayos gamma de estas eras iniciales del Universo los astrónomos serían capaces de seguir el progreso que condujo al desarrollo del medio intergaláctico que observamos en la actualidad.
+ dossier de prensa:
CadenaSER.com: «El agua de la Tierra tiene origen extraterrestre»
Agencia EFE: «Los mares son de origen extraterrestre, según científicos franceses»
Agencia AFP: «El agua de los océanos se debe a asteroides congelados»
Público.es: «El agua de la Tierra es de origen extraterrestre»
ikerjimenez.com
El SMOS, el satélite que «vigilará el agua»

A 760 kilómetros de la superficie terrestre orbita desde hoy el satélite franco-español SMOS, la nueva pupila galáctica de la Agencia Espacial Europea (ESA) para entender mejor las transformaciones del Planeta Azul.
El SMOS, segundo satélite del programa de seis misiones de observación de la Tierra de la ESA -dentro del programa Planeta Vivo-, se encargará de estudiar la salinidad de los océanos y la humedad del suelo terrestre, parámetros que servirán para ayudar a los científicos a predecir la evolución del cambio climático.
Con este proyecto múltiple, la Agencia pretende profundizar en el conocimiento del sistema de la Tierra y la forma en la que la actividad humana afecta en los procesos naturales del planeta.
Los datos relativos a la salinidad de la superficie marina que aporte el "Soil Moisture and Ocean Salinity" (SMOS) facilitarán la comprensión de las corrientes oceánicas, mientras que la información sobre la humedad del suelo favorecerá una mejor pronóstico de los acontecimientos meteorológicos.
En sus cinco años de vida útil, las "fotografías" que genere el SMOS -que se procesarán en el centro espacial de Villafranca, al noroeste de Madrid- beneficiarán, entre otros, a meteorólogos, marinos, agricultores, pescadores y agencias de gestión hidráulica.
"El océano guarda y transporta, vía las corrientes submarinas, enormes cantidades de calor" que la variación de la salinidad es capaz de desregular, acrecentando así el cambio climático, explica Pierre-Yves Le Traon, del instituto francés dedicado a investigar los mares.
Respecto al segundo de los cometidos del SMOS, conviene remarcar que "la disponibilidad de agua será un componente más importante en los cambios en los ecosistemas que la variación de la temperatura", señala Yann Kerr, uno de los responsables franceses de la misión.
Analizar la cantidad de agua de la superficie ayudará a distintos países a gestionar sus recursos acuíferos y a predecir los riesgos de incendios, las variaciones del clima y la posibilidad de plagas agrícolas, indicaron los responsables del proyecto.