¿Nuevas evidencias de vida en un meteorito marciano?
En 1984, fue hallado por científicos norteamericanos que formaban parte de una misión gubernamental a la Antártida en busca de meteoritos. Las pequeñas marcas encontradas en su superficie fueron objeto de una agria polémica. Los descubrimientos iniciales, dados a conocer por el propio presidente Clinton en agosto de 1996, apuntaban a estructuras microfósiles dejadas por organimos vivos, posiblemente bacterias.
30 noviembre 2009.- Un meteorito encontrado en la Antártida se hizo mundialmente famoso en 1996 cuando la NASA y la Casa Blanca hicieron público de forma conjunta un extraordinario descubrimiento. En la piedra, de 13.000 años de antigüedad y proveniente de Marte, aparecían posibles huellas de vida extraterrestre.
El hallazgo del meteoro, conocido como Allen Hills 840001, suscitó entre los astrobiólogos un intenso debate que ha llegado hasta nuestras días sin una respuesta definitiva. ¿De verdad esconde la roca evidencias de una vida microscópica llegada del Planeta Rojo?

Una nueva investigación realizada por el mismo equipo que la analizó por primera vez asegura que sí. La NASA podría realizar algunas declaraciones al respecto dentro de pocos días, según publica la web especializada Spaceflight now.
El Allen Hills se formó hace unos 4.000 millones de años como parte de la corteza original de Marte. Pasado el tiempo, se desprendió de la superficie, posiblemente por el choque de otra roca, y comenzó un viaje de 16 millones de años por el espacio que terminó en nuestro planeta en una lluvia de meteoritos hace 13.000 años.

En 1984, fue hallado por científicos norteamericanos que formaban parte de una misión gubernamental a la Antártida en busca de meteoritos. Las pequeñas marcas encontradas en su superficie fueron objeto de una agria polémica. Los descubrimientos iniciales, dados a conocer por el propio presidente Clinton en agosto de 1996, apuntaban a estructuras microfósiles dejadas por organimos vivos, posiblemente bacterias. Pronto surgieron detractores, que criticaron duramente la investigación. Negaban tajantemente un origen biológico y achacaban las marcas a cambios de temperatura en la roca.
Sorprendente revelación
En esta ocasión, los investigadores del Centro Espacial Johnson han utilizado un microscopio electrónico de alta resolución, mucho más avanzado que el que se empleó hace trece años.

Los sensores han analizado los cristales de magnetita que forman pequeñas estructuras, como collares de perlas, muy parecidas a las que dejan algunas bacterias terrestres. Al parecer, los nuevos datos apuntan a rastros biológicos de criaturas microscópicas que podrían haber habitado las balsas de agua de la superficie o del subsuelo del planeta Rojo.
Los hallazgos han sido publicados en la revista Geochimica et Cosmochimica Acta, de la Sociedad de la geoquímica y meteoritos. De confirmarse, el descubrimiento supondría una de las revelaciones más sorprendentes sobre el Universo, una revolución para la ciencia y un espaldarazo al programa de misiones espaciales de la agencia espacial norteamericana, tan cuestionado por falta de fondos.
+ dossier de prensa:
ABC.es: «¿Nuevas evidencias de vida en un meteorito marciano?»
Público.es: «Un nuevo mapa de Marte defiende la existencia de un antiguo gran océano»
+ fuentes y referencias:
Geochimica et Cosmochimica Acta: «Origins of magnetite nanocrystal in Martian meteorite ALH8001»
Spaceflightnow.com: «Martian meteorite surrenders new secrets of possible life»
NASA Press Release (Archive May 5, 2004): «Study may cast doubt on some 1996 evidence of past life on Mars»
ikerjimenez.com
Unas evidencias ya anunciadas en el año 2000 por científicos españoles

En 1996, David McKay y otros científicos estadounidenses, en una solemne rueda de prensa celebrada en la Casa Blanca y con Bill Clinton como maestro de ceremonias, anunciaron el descubrimiento de fósiles de bacterias en un meteorito marciano, el denominado ALH84001. Sin embargo, desde entonces la controversia científica no ha cesado, puesto que hay muchos investigadores que piensan que tales fósiles son muy pequeños para ser de bacterias y que podrían haber sido originados por procesos naturales.
Con este panorama, en diciembre del año 2000, Carmen Ascaso y Jacek Wierzchos anunciaron en una conferencia celebrada en el Planetario de Madrid, el descubrimiento de pruebas de la existencia de vida en el pasado de Marte.
Para ello, Ascaso (Servicio de Microscopia de Ciencias Medioambientales-CSIC) y Wierzchos (Universidad de Lleida) investigaron el ALH84001 mediante un sistema microscópico diferente al usado por hasta ese momento los estadounidenses que les permitía analizar el interior del meteorito sin destruirlo. Ascaso explicó que lo que habían descubierto eran «pequeños cristales de magnetita, pero no aislados, sino en forma de cadenas. Esto en la naturaleza sólo lo producen los excrementos de unos seres vivos llamados bacterias magnetotácticas».
La magnetita está formada por óxido de hierro (Fe3O4) y se producen inorgánicamente en la Tierra. Pero los cristales de magnetita fabricados por las bacterias magnetotácticas son diferentes: son químicamente puras, libre de defectos y su tamaño y forma son características. Las bacterias magnetotácticas agrupan los cristales de magnetita en cadenas dentro de sus células. De esta forma, los cristales se convierten en una brújula muy eficiente, que es esencial para ayudar a la bacteria a localizar fuentes de comida y energía.
Los investigadores creen que hace más de 4000 millones de años existieron bacterias de tipo magnetitácticas en Marte, y que serían las responsables de las estas estructuras en cadena. Aunque hoy en día Marte tiene un campo magnético apenas perceptible (y por tanto, de difícil uso para las brújulas), en 1998 científicos estadounidenses hallaron indicios de que éste fue mucho más potente en el pasado del Planeta Rojo.
Carmen Ascaso concluía que «a la luz de los resultados que tenemos, podemos afirmar que hay indicios, aunque no evidencias, de actividad biológica en el fragmento de roca marciana. Hemos observado también estas cadenas de magnetitas en muestras geológicas del Atolón de Mururoa. La existencia de estas cadenas me hace pensar que hubo microorganismos en Marte».