«El mapa más antiguo de Europa se grabó en una cueva de Arraitz»
Tiene 13.660 años de antigüedad y procede de Abauntz, en Ultzama. Fue grabado en una piedra encontrada en 1993 y representa "el paisaje concreto que se ve desde la cueva".
10 de agosto 2009.- El mapa más antiguo que se conoce en Europa Occidental se grabó en una piedra hallada en la cueva de Abauntz, en Arraitz (Ultzama), según un descubrimiento publicado por un grupo de científicos de la Universidad de Zaragoza en la revista científica Journal of Human Evolution.
Los grabados en la piedra, encontrada en 1993 por Pilar Utrilla y Carlos Mazo, fueron realizados hace 13.660 años, en unas fechas relativamente cercanas a las pinturas de la cueva de Altamira y, según la interpretación de los arqueólogos, refleja el paisaje cercano a Abauntz.
Utrilla comenzó a excavar la cueva de Abauntz en 1976, poco después de , ya que el antropólogo José Miguel de Barandiarán le recomendó que la excavara poco después de haber terminado la tesis doctoral. Se trataba de una cueva donde aparecían numerosos restos humanos en la superficie, que eran pisoteados por los visitantes.

La piedra, de 17,5 centímetros de longitud, 10 de anchura y 5,4 de espesor máximo está llena de incisiones. Algunas de ellas son de fácil identificación, como las que representan animales, entre ellos un gran ciervo y dos pequeños renos o terneros. Superpuestas, hay una serie de líneas que son las que se han interpretado ahora.
Un croquis con ríos y valle
Es un croquis, un mapa -subraya Pilar Utrilla-. Nos ha costado descifrarlo pero creemos que no hay duda posible. Quien lo hizo plasmó en la piedra ríos que van y que vienen, la montaña que hay justo enfrente de la cueva, y que actualmente se llama de San Gregorio, los afluentes que recibe el río y los animales que hay en la zona. Representó el paisaje concreto que se ve desde la cueva y una serie de signos ojivales a los que parecen llegar senderos".
La interpretación de esos signos ojivales que aparecen en diversos lugares del croquis está abierta, pero quizá sea la clave de todo.
Haz click en la imagen para ampliar ![]()
No podemos saber a ciencia cierta qué significan -subraya Pilar Utrilla en Heraldo de Aragón-, pero está claro que tenían importancia para los hombres que poblaron la cueva. Quizá eran zonas adonde iban a recoger setas, o huevos de pájaros, o sílex para elaborar sus herramientas. No parece que la piedra tenga ningún sentido religioso. Parece más bien un croquis, un mapa realizado allí y que dejaron también allí quizá para acordarse de algo en una nueva visita. Marcaron en el mapa una serie de puntos que querían recordar más adelante. Hay que tener en cuenta que la gente que pobló la cueva en el momento en que se grabaron esas piedras venía de la vertiente norte del Pirineo, en la zona de Aquitania. Lo hemos descubierto porque trajeron con ellos pieles de antílope saiga, que no se ha documentado en la Península".
El relato de un cazador
Otra posible interpretación es que fuera el dibujo de un relato, que un pequeño grupo de cazadores, mientras habitaba la cueva en sus labores de ojeo, entretuviera la espera relatándose sus hazañas. Y que uno de ellos, especialmente dotado para el dibujo, grabara en la piedra uno de sus relatos.
En cualquier caso, el mapa está ahí. Apareció en el mismo nivel arqueológico que otra piedra que llevaba carbón adosado, y por eso se ha podido fechar con exactitud: tiene 13.660 años de antigüedad, en fechas calibradas.

En toda Europa occidental no hay nada igual -concluye Pilar Utrilla-. Tan solo en Europa Central, en la antigua Checoslovaquia, se han encontrado grabados en hueso similares a los de la cueva navarra".
Para llegar a estas averiguaciones han utilizado medios audiovisuales, microscopios y escáner en tres dimensiones, entre otras técnicas, siempre sin entrar en contacto directo con las piedras para no dañarlas.
Utrilla ha dirigido diez campañas de excavaciones en la cueva ulzamesa en dos series, una entre 1976 y 1979 y otra entre 1988 y 1996, éstas con la codirección de Carlos Mazo.
La amenaza de que el embalse de Arraitz anegase la cueva llevó a extraer en en los últimos años de las excavaciones la mayor cantidad de información posible.
Desde entonces hasta hoy -añade Pilar Utrilla- no hemos vuelto a excavar. Aunque nos quedan los niveles más antiguos, de hasta 50.000 años de antigüedad, el Gobierno de Navarra ya hace tiempo que ha suspendido la arqueología de investigación, y solo financia las urgencias. Así que falta por completar el trabajo".
El artículo de Journal of Human Evolution lo firman Pilar Utrilla, Carlos Mazo, Mari Cruz Sopena, Manuel Martínez-Bea y Rafael Domingo, todos ellos del Grupo de Investigación Primeros Pobladores del Valle del Ebro, del Departamento de Ciencias de la Antigüedad (Prehistoria) de la Universidad de Zaragoza.
+ Dossier de prensa:
ELMUNDO.es: «El mapa más antiguo de Europa Occidental»
ABC.es: «La piedra del tesoro»
DiariodeNavarra.es: «El mapa más antiguo de Europa se grabó en una cueva de Arraitz»
Heraldo.es: «Arqueólogos aragoneses descubren en Navarra el mapa más antiguo de Europa Occidental»
ElPeriódico.com: «Hallado en Navarra el mapa más antiguo de Europa occidental»
ElPeriódicodeAragón.com: «El gps del hombre de las cavernas»
EuropaPress.es: «Una cueva navarra esconde un mapa de hace 13.000 años»
Ikerjimenez.com
«El GPS del hombre de las cavernas»

Primero encontraron una lámpara prehistórica, una piedra en forma de cazoleta cóncava para poner en ella grasa de ciervo e iluminar la cueva.
El grupo de arqueólogos de la Universidad de Zaragoza que en el año 1993 excavaba en la cueva de Abauntz (Navarra), con botas de pocero bajo una verdadera lluvia de goteras, la extrajeron de aquel barrizal, la catalogaron y la llevaron al laboratorio.
Una vez lavada la piedra, descubrieron que en un lateral tenía grabados a buril un caballo, un macho cabrío y cinco cabras con las cabezas vueltas hacia una serie de signos semicirculares. Realizadas las pruebas de datación concluyeron que el dibujo fue realizado hace unos 13.660 años.
La profesora Pilar Utrilla relata que entonces decidieron, el último día de la excavación cuando ya no había dinero para seguir, extraer todo el suelo de la cueva al nivel de lo excavado en ese año. Era un pavimento de decenas de piedras.
"Pesaban más de un kilo cada una y nos costó mucho bajarlas en cajones. A Carlos Marzo le dio un tirón, y él que tiraba con arco y hasta tenía premios, ya no ha vuelto a tirar".
Dejaron el suelo de la cueva dibujado y numerado. Cada piedra tenía sus coordenadas, nombre y posición.
Cuando, tras el descanso de agosto de 1993 los arqueólogos volvieron a la facultad y lavaron las piedras extraídas en julio destacaron las tres que tenían incisiones grabadas, calcaron los trazos de animales que había en ellas y los publicaron en 1996.
"No nos dimos cuenta entonces de las rayas hasta que en el Congreso Mundial de Arqueología del 2001 que se hizo en Lieja, empezamos a ver que eso que habían dibujado entre los animales no solo era un paisaje en el que había ríos y montañas, sino que era un mapa", señala Pilar Utrilla.
No solo estaba plasmado a la perfección el perfil del entorno frente a la cueva, el peñasco de San Gregorio, una montaña que es muy perpendicular por la izquierda y cae en suave pendiente por la derecha, y está marcada la cueva del Magdaleniense que hay en ese peñasco, y unos escalones marcados para acceder a ella y los charcos de agua que se crean en la zona llana.
Además, en la piedra figuran seis o siete signos en espiral que marcan "algo que para ellos era significativo, quizá fuentes, huevos de pájaros, o lugares donde había sílex o donde coger setas". Tuvo que servir de recordatorio para gente que iba y venía de la vertiente norte del Pirineo, de la zona de Aquitania.
Pilar Utrilla descarta que esa piedra pudiera ser un documento de propiedad portátil de algún grupo nómada sobre ese lugar: "Es un poco difícil --dice--, primero, porque la piedra la dejan allí.
Además, la piedra pesa lo suyo para ser llevada de aquí para allá. Creo que la dejan allí para que cuando vuelva, ellos u otros, sepan dónde están los recursos o han escondido tal o cual cosa , como el mapa del tesoro".
La profesora admite que pudiera ser un divertimento artístico: "Estamos a finales del Magdaleniense, cuando el arte parietal rupestre cae en desuso y es sustituido por los santuarios mobiliares, como se da en el caso de Istúriz donde se encuentran 180 esculturas y placas con animales".
Pero con paisajes sólo se conocen dos, halladas en la República Checa, en Moravia, sobre hueso, que son del Gravetiense, del 25.000, donde "se representa también el paisaje real, pero más idealizado. Parece que representan las puertas que controlan la entrada del Danubio por los Cárpatos".
