«Seis voluntarios inician una misión a Marte en un vuelo simulado de 520 días»
Permanecerán aislados exactamente el tiempo que lleva el vuelo de ida y vuelta a Marte, 490 días, más otros 30 de estancia simulada en el planeta. A los 250 días los seis astronautas se dividirán durante un mes en dos equipos de tres. Uno simulará llegar a la superficie marciana, con trajes espaciales y todo, mientras el otro seguirá en la nave orbital.
3 junio 2010.- Por primera vez en la historia de la conquista espacial, seis hombres simularán un vuelo a Marte con su duración real, 520 días de ida y vuelta, de los que 30 discurrirán sobre una imitación de la superficie del planeta. Los dos experimentos previos del proyecto 'Marte 500' realizados hasta ahora se habían prologando poco más de tres meses.
Los rusos Alexéi Sítev, Sujrob Kamólov y Alexánder Smolenski, el italiano de origen colombiano, Diego Urbina, el francés Romain Charles y el chino Wang Yue se enclaustraron hoy en el interior de una construcción compuesta por tres módulos en forma de cilindro con una capacidad total de 550 metros cúbicos.

El montaje, ubicado dentro de las instalaciones del Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú (IMBP), incluye además un decorado de la superficie del Planeta Rojo y un pequeño habitáculo que asemeja ser la nave en la que descenderán a su superficie, pero no podrán utilizarse antes de que se culmine el viaje de ida.
Se trata de reproducir de la forma más fidedigna posible las condiciones de una singladura interplanetaria a fin de determinar el impacto psicológico que sobre los tripulantes tendrá tanto tiempo de encierro en un espacio tan limitado. Mijaíl Bárishev, uno de los psicólogos que harán el seguimiento asegura que “la convivencia de las mismas personas durante largo tiempo en un lugar cerrado provoca inevitablemente irritabilidad”. Habrá averías y todo tipo de situaciones extremas para evaluar la capacidad de reacción del equipo y en Marte tendrán que ponerse las escafandras.
Una experiencia "difícil"
Charles dice saber a lo que se enfrenta: “no es una cárcel, pero será una experiencia difícil”. Sin embargo, el cosmonauta galo afirma que “nuestro objetivo es estar aquí 520 días y lo haremos”. No obstante, en caso de una crisis psicológica grave, cualquiera de los componentes podrá abandonar la misión, lo que supondrá renunciar, no sólo a posibles contratos futuros, sino a parte de los tres millones de rublos (unos 80.000 euros) que cada uno tiene asignado. A los que abandonen se les daría por muertos.
Los seis cosmonautas realizarán tareas propias de la tripulación de una nave espacial de largo recorrido y llevarán a cabo experimentos científicos. Para ello, el complejo cuenta con todo el equipamiento necesario. El interior, forrado de madera, no se parece demasiado al que se acostumbra a ver en las películas de ciencia ficción. Parece más bien una casa de campo sin ventanas. Tampoco vivirán en condiciones de ingravidez.

Igual que durante un vuelo real, Internet no siempre podrá utilizarse y tendrá perturbaciones muy frecuentes. Las señales de radio les llegarán con un retraso de 20 minutos, que llegará hasta más de media hora cuando se acerquen a su destino.
El módulo principal, en el que vivirán habitualmente los componentes de la dotación, cuenta con un comedor-cocina y seis camarotes con su cuarto de baño. La ducha sólo podrá utilizarse cada 10 días. Hay también una despensa y un laboratorio.
Con colaboración de EEUU y España
El experimento está supervisado por las agencias espaciales europea, rusa y china y el centro neurálgico de la misión será el Centro de Control de Vuelos (TsUP) de Koroliov, en las afueras de Moscú, como si se tratase de un viaje espacial auténtico. España y EEUU también colaboran.
Sítev, de 38 años de edad y capitán de la nave, es miembro del centro de entrenamiento de cosmonautas de la “Ciudad de las Estrellas”, cercano a la capital rusa. Kamólov y Smolenski, de 32 y 33 años respectivamente, son médicos. Charles, 31 años, y Urbina, 27 años, son ingenieros. El más joven de todos es Wang, que tiene 26 años y es empleado del centro de entrenamiento de cosmonautas chinos. Fueron seleccionados entre miles de aspirantes, entre los que había también españoles.
+ dossier de prensa:
ElPaís.com: «Seis voluntarios parten hacia Marte en un vuelo simulado de 520 días»
ElMundo.es: «Despega el 'Gran Hermano' marciano»
ABC.es: «520 días de vuelo a Marte en el simulacro más real realizado hasta ahora»
Público.es: «Arranca el 'gran hermano' marciano»
+ fuentes y referencias:
ikerjimenez.com

“Phoenix muere en Marte...”
La NASA ha decidido oficialmente abandonar su intento por reactivar a su sonda Phoenix en Marte, dos años después de que la nave aterrizara en la gélida superficie polar del Planeta Rojo.
Phoenix -una nave que funciona a base de energía solar, cuyo tamaño se aproxima al de una furgoneta- aterrizó en Marte el 25 de mayo del 2008, y operó por cinco meses recolectando y analizando muestras de suelo y buscando composiciones químicas que pudieran sustentar la vida.
Pero la sonda quedó inactiva una vez que el Sol quedó bajo el horizonte polar, dejando al sitio de aterrizaje en una oscuridad helada y permanente durante los meses del otoño y el invierno del calendario marciano. Marte tarda poco menos de dos años terrestres en completar una sola órbita alrededor del Sol.
61 vuelos, cero señales
El fracaso de la nave Odyssey de la NASA -que orbita Marte- para hacer contacto por radio con la sonda después de sobrevolarla 61 veces recientemente sobre su sitio de aterrizaje confirmó que Phoenix no puede ser revivida.

Además, una nueva imagen transmitida por un segundo satélite de la NASA, el Mars Reconnaissance Orbiter, mostró señales de daño severo causado por el hielo a los paneles solares de la sonda.
Phoenix fue la sexta nave espacial en aterrizar exitosamente en Marte desde que la exploración robótica de la superficie del planeta comenzó en la década de 1970 con el programa Viking.
Dos sondas de la NASA continúan operativas en la superficie marciana: los todoterreno Spirit y Opportunity, que llegaron a comienzos del 2004 y han superado su pronóstico de vida útil en varios años, aunque Spirit está atascado en una duna de arena desde el año pasado.
Uno de los descubrimientos más extraordinarios del Phoenix fue el hallazgo en el suelo marciano de perclorato, un químico oxidante que nutre a algunos microbios pero que es potencialmente tóxico para otros.