«La NASA detecta el desprendimiento de un bloque de un glaciar en Groenlandia»
NASA califica este suceso de inusual porque se produce justo después de un caluroso invierno en el que no se formó nada de hielo en la bahía circundante.
19 julio 2010.- El glaciar Jakobshavn Isbrae, en la costa oeste de Groenlandia, ha perdido un trozo de hielo de kilómetros cuadrados de la noche a la mañana. Se apreciaron las grietas el 6 de julio y al día siguiente el trozo frontal del glaciar había desaparecido, de manera que la línea de costa ante el océano había retrocedido un kilómetro y medio. La constante observación mediante satélites ha permitido detectar este fenómeno prácticamente en tiempo real.

Se han producido fracturas de hielo de esta magnitud en el pasado en este glaciar y en otros, pero esta es inusual porque se produce al final de un invierno templado en el que no se ha formado hielo en la bahía", explica Thomas Wagner, especialista en criosfera de la NASA. "Aunque la relación exacta entre estos fenómenos está por determinar, el fenómeno apoya la idea de que el calentamiento de los océanos es responsable de las pérdidas de hielo observadas en Groenlandia y en la Antártida".
El Jakobshavn Isbrae, a 69 grados de latitud Norte, ha retrocedido más de 45 kilómetros en los últimos 160 años (diez kilómetros en la pasada década) y en el proceso se ha dividido en dos partes, una al Norte y otra al Sur. La fractura de la semana pasada ha sido en la Norte, explica la NASA en un comunicado.

Según las estimaciones de los científicos, el 10% de la pérdida de hielo que se está registrando en Groenlandia procede de este glaciar, considerado el mayor contribuyente individual a la subida del nivel del mar en el hemisferio norte del planeta.
La observación de la fractura de hielo de un día para otro ha sido posible gracias a toda una red de satélites (Landsat, Terra y Aqua, entre otros), que están vigilando los cambios en los glaciares polares.
En concreto, fue el satélite WorldView 2, de Digital Globe, el que captó las grietas el 6 de julio. Del análisis de los datos se encargaron los estadounidenses Ian Howart (Universidad de Ohio) y Paul Morin (Universidad de Minnesota), con sus respectivos equipos. Además de los satélites, los investigadores cuentan con cámaras y diferentes sensores en los glaciares para registrar las alteraciones y conocer cómo funcionan esas enormes masas heladas.
+ dossier de prensa:
ElPaís.com: «El hielo de Groenlandia se rompe»
ELMundo.es: «Se desprende un bloque de hielo de un glaciar en Groenlandia»
ABC.es: «Un gigantesco bloque de hielo se desprende de un glaciar en Groenlandia»
EuropaPress.es: «La NASA detecta el desprendimiento de un bloque de un glaciar en Groenlandia»
+ fuentes y referencias:
NASA.gov: Researchers Witness Overnight Breakup, Retreat of Greenland Glacier
National Snow and Ice Data Center (NSIDC)
Byrd Polar Research Center at the Ohio State University
ikerjimenez.com

“La mayor inundación de la historia de la Tierra llenó el Mediterráneo en menos de dos años...”
De repente, una avalancha de agua como no podemos imaginar encontró camino en el Estrecho de Gibraltar desde el Atlántico y convirtió la zona en el mar que conocemos ahora. El ímpetu del «trasvase», mil veces superior a la corriente del río Amazonas, fue tan potente que el nuevo mar se formó en menos de dos años, un abrir y cerrar de ojos si se considera el tiempo desde un punto de vista geológico.
Cada día, el nivel de las aguas subía diez metros. El estudio, realizado por investigadores españoles del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que publica esta semana la revista Nature, descarta las teorías de que este mar «en medio de las tierras» había tardado en formarse de 10 a 10.000 años.
El Mediterráneo se encontraba entonces absolutamente seco -la llamada crisis salina del Mesiniense-, al quedar aislado de los océanos durante un largo período de tiempo, alrededor de unos 300.000 años. Pero el Estrecho sufrió un hundimiento tectónico y las aguas del Atlántico descargaron con toda su fuerza sobre la zona del Mediterráneo, que se encontraba 1,5 kilómetros por debajo del nivel del mar.
La inundación fue «rapidísima», tuvo un ritmo frenético que provocó en el fondo marino una erosión de cerca de 200 kilómetros de longitud y varios kilómetros de anchura. El Mediterráneo tardó entre unos meses y dos años en llenarse, un «guiño» en el tiempo de la Tierra.