La conexión Buonarroti
Prólogo y capítulo I del libro "La conexión Buonarroti"
de Mariano F. Urresti, Editorial Styria, junio 2009
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Prólogo
Santa María la Redonda. Logroño. 13 de julio de 1986
¿Cuándo comienza a escribirse el último capítulo de nuestras vidas? ¿En qué instante la poderosa mano que traza nuestro destino decide que ha llegado el momento de narrar nuestro final?
Yo no lo sé, y Valentín Elvira tampoco lo sospechaba cuando aquella ardiente mañana del mes de julio entró en la iglesia de Santa María la Redonda. Él creía que tenía una cita, pero en realidad tenía dos; la segunda era con su muerte.
Había anhelado aquel momento con impaciencia. El hombre que lo aguardaba en el fresco interior del templo tenía la respuesta que ansiaba. Y tan ensimismado caminó hacia la iglesia que no reparó en que alguien lo seguía a cierta distancia por la calle Portales. El espía era más joven que Valentín quien, a pesar de que nadie lo hubiera dicho por su aspecto cuidado y por lo desenfadado de su atuendo, había superado la barrera de los cincuenta hacía cuatro años. El espía, en cambio, no parecía haber cumplido los cuarenta, aunque en realidad tenía cuatro más.
La frescura del interior de la iglesia fue un bálsamo. Logroño ardía como el corazón de Valentín, que se encabritó aún más cuando descubrió sentado en uno de los bancos a quien tanto deseaba encontrar.
-¿De modo que al final te has atrevido? –dijo el hombre sin mirar a Valentín cuando este se sentó junto a él.
-Sabías que vendría. Llevo esperando esto demasiado tiempo como para detenerme ahora.
El desconocido tenía el pelo rapado y una perilla cana que prolongaba su rostro levemente hacia el suelo. No era alto, su aspecto era de cierta fragilidad y vestía camisa y pantalón verde. Si decidiéramos apostar sobre su edad, seguramente erraríamos. Sólo con verlas, las arrugas que araban su piel delataban algo más que el paso del tiempo; eran surcos de reflexión y sabiduría. Aquel hombre no era un hombre corriente. Cualquiera se hubiera dado cuenta.
También el espía debió comprenderlo. Había entrado en Santa María la Redonda tan sólo unos segundos más tarde que Valentín y se ocultó en un lugar discreto, una capilla situada junto al coro y frente a la puerta de entrada. Desde allí podía ver perfectamente a los dos hombres, aunque no podía escuchar el contenido de su conversación.
-¿Lo has traído? –Valentín miraba al altar, como si hablara con Dios y no con quien estaba a su lado.
Por toda respuesta, el hombre de la perilla sacó del bolsillo de su camisa un papel doblado. Lo desdobló con delicadeza y se lo entregó a Valentín.
-Lo he traducido –dijo- Yo tengo otra copia.
-¿Y el original?
-Está en lugar seguro, no te preocupes.
-¿Dónde?
-Muy cerca de aquí. Y ahora, debemos darnos prisa –dijo lanzando miradas inquietas a su alrededor- Es extremadamente peligroso estar juntos.
Pero Valentín estaba absorto leyendo el documento que su interlocutor le había dado. Sus ojos no podían abandonar la lectura. Aquella revelación era la verdad anhelada. A medida que devoraba las líneas, más palidez había en su rostro. Ya no podía tranquilizarse deseando que todo aquello fuera una pesadilla. Ahora sabía que estaba en lo cierto. Que todo era terriblemente cierto.
Había leído la firma del autor del texto (Eusebius Sophronius Hieronymus) y masculló la traducción del nombre: San Jerónimo.
Fue en ese instante cuando aparecieron los dos sacerdotes. Eran jóvenes y ambos vestían clerigman. Mostraban una expresión resuelta y se dirigieron sin vacilación hacia Valentín y su acompañante, los únicos que a esa hora se encontraban en el interior del templo riojano, con la excepción del espía, en el que nadie había reparado.
-¡Rápido! ¡Corre! –el hombre de la perilla propinó un codazo a Valentín al descubrir a los dos clérigos.
Con una agilidad imposible de sospechar por su frágil aspecto, el enigmático hombre de verde se levantó y corrió con un loco hacia la salida. Uno de los dos clérigos trató de interceptarlo, pero le resultó imposible: había logrado escapar.
El segundo sacerdote estaba ya junto a Valentín. Los ojos del joven religioso se clavaron primero en el papel que Valentín tenía en la mano; después, hicieron presa en su mirada.
En ese preciso instante, Valentín tuvo la iluminación ansiada. La mirada de aquel sacerdote, de un hiriente color plata, le sirvió para saber que todo cuanto había leído en el texto era cierto. Y aunque no sabía cuándo se había comenzado a escribir el último capítulo de su vida, supo con certeza que en ese mismo momento se ponía el punto y final.
El sacerdote puso su mano en el pecho de Valentín y éste cayó fulminado.
Desde su escondite, el espía ahogó una exclamación de terror.
-Escapó –informó el segundo clérigo- ¿Es el original?
-No –dijo el cura asesino- Es una maldita traducción al español. Este –añadió sin mirar siquiera el cadáver de Valentín.
¿Cuándo comienza a escribirse el último capítulo de nuestras vidas? ¿En qué instante la poderosa mano que traza nuestro destino decide que ha llegado el momento de narrar nuestro final?
Yo no lo sé, y Valentín Elvira jamás hubiera imaginado que su final hubiera comenzado a escribir San Jerónimo sin saberlo en un lugar tan lejano como una tosca cueva próxima a Belén.
Sobre el autor:

Mariano F. Urresti, licenciado en Historia y miembro del Consejo Asesor de RTVE en Cantabria.
Nacido en Santander, vive en Santillana del Mar (Cantabria) Es autor de los ensayos Los templarios y la palabra perdida; Un Viaje mágico por el Camino de Santiago; La vida secreta de Jesús de Nazaret; Colón, el Almirante sin rostro; A la sombra del Grial; Felipe II y el secreto de El Escorial y de la novela El talismán de Raziel, todos ellos editados por Edaf.
Es autor también de Camino a la Atlántida (Aladena), Las claves del Código da Vinci y La cara oculta de Jesús (Nowtilus), Los pecados de la Biblia (Espejo de Tinta) y coautor de Gótica (Aguilar) y de 20 historias inquietantes (Minotauro).
Sobre el libro:
Ficha:
Título: La conexión Buonarroti
Autor: Mariano F. Urresti
Editorial: Styria
ISBN: 978-84-96626-25-1
Páginas: 400
Dimensiones: 16 x 23 cm.
P.V.P.: 20,00 €

