Las profecías del tercer milenio
Jesús Callejo
Introducción. ¿Otro libro de profecías?
Si en los próximos días tiene previsto pedir una hipoteca, comprarse un apartamento en la playa, hacerse un plan de pensiones o hacerse monje en un monasterio cartujo, espere primero a leer este libro. Y no se asuste.
Dicen que el futuro está escrito y que algunos privilegiados lo saben. Quizá tras la lectura de este libro tenga otro concepto de ese «futuro» y de esos «privilegiados». No pierde nada por esperar unos pocos días, los que tarde en recabar un poco más de información sobre lo que dicen que nos espera.
Dicho esto, voy a ser rotundo: las profecías están hechas para no cumplirse, no así las premoniciones. Nunca se debe dar credibilidad a las fechas, sino a los hechos. Así lo pienso y así lo creo.
La profecía es un don muy peligroso: si no te creen, malo, y si te creen, peor. El oficio de profeta se basa en el miedo, en el castigo, o en el control del tiempo, algo que a nadie le gusta. Saber nuestro futuro, y más si está asociado a muerte o catástrofes, no es plato de buen gusto y, aun así, a lo largo de la historia han surgido personajes de lo más variopinto que se han ofuscado en predecirlo.
Y aún siguen. Son incansables por muchos fracasos que acumulen sus predecesores. Se empeñan una y otra vez en decir que han tenido revelaciones o sueños proféticos o que vienen de parte de algún ente superior para anunciarnos que si no cambiamos nuestra actitud recaerán sobre nuestras pobres cabezas unas cuantas calamidades pestilentes.
Antaño los profetas iban de pueblo en pueblo vociferando la buena o la mala ventura. Algunos, los más cultos, dejaron sus predicciones por escrito en polvorientos legajos, almanaques o pronósticos a veces encriptados, para que fueran leídos e interpretados por generaciones posteriores.
Ahora se utilizan los libros y la red de redes (Internet) para difundir algunos de esos mensajes que siguen siendo los mismos: «El fin de este mundo está próximo». Luego vienen las interpretaciones a posteriori: que si se trata de un fin de ciclo, del final de los tiempos o del ocaso de esta civilización.
Los religiosos se refieren a éste como la segunda venida de Cristo y los neopaganos hablan de una nueva era o etapa para la humanidad, lo que implica que antes tiene que haber una purificación a nivel mundial que zarandee nuestras conciencias y nuestros cuerpos.
¿Y en qué consiste esa purificación? De nuevo las profecías son de lo más variadas: catástrofes naturales, guerras nucleares, asteroides que se precipitan sobre la Tierra, virus mortíferos que se adueñan de todo organismo vivo, invasiones extraterrestres, cambio climático, ira divina...
Para que muchos profetas tengan una aureola de credibilidad se les atribuyen aciertos en el pasado. Bien es verdad que gran parte del contenido de las profecías que popularmente se aceptan como éxitos, fue retocado o incluso deformado con posterioridad a su presunto cumplimiento para que todas las piezas encajaran.
Una hábil labor de maquillaje, con interpretaciones sacadas de contexto y modificaciones interesadas con el fin de que el profeta fuera infalible. Y por un sencillo silogismo, si fue certero en el pasado, también lo debería ser en el futuro y aquí es donde fallan casi todos, porque ni fueron buenos en el pasado ni lo serán en lo que está por venir, como los hechos contumaces se encargan de demostrar una y otra vez.
Por si no les ha quedado claro, cuando terminen de leer este libro comprobarán que el porcentaje de aciertos sobre acontecimientos futuros ya pasados, valga la aparente contradicción, resulta muy reducido y mucho más cuando se dan fechas concretas. Cuanto más vago, abstracto e impreciso sea el vaticinio, mejor para todos, pues siempre se podrá encajar en la realidad de cada momento.
Teniendo en cuenta que, por lo general, se formulan profecías para no cumplirse, éstas deben ser vistas como avisos y nunca como amenazas insalvables. Entonces será cuando comprenderemos por qué ha habido tantos fallos. Muchas eran llamadas de atención para que enderecemos nuestro rumbo destructivo.
Ese viejo dicho de «por las buenas o por las malas». Los videntes sinceros y honestos ven retazos de nuestro futuro en momentos de trance, pero no pueden fijar fechas concretas sencillamente porque no las ven y no las saben. Los que ponen fechas muchas veces son sus exégetas y entonces es cuando empiezan a liarla...
Sobre el autor:
Jesús Callejo es leonés (de Valderas). Abogado, escritor, divulgador e investigador especializado en la historia insólita, las tradiciones y las leyendas.
Colabora en las revistas Año Cero, Más Allá de la Ciencia y Enigmas, en esta última publica la sección mensual «Crónicas Extravagantes».
Es autor de una veintena de libros sobre viajes mágicos, enigmas de la historia u orígenes de las fiestas y personajes mitológicos: Guía de los seres mágicos de España (Edaf, 1995), Fiestas sagradas (Edaf, 1999), La España extraña (en colaboración con Javier Sierra, Edaf, 2006), El bestiario (Edaf, 2000), Los dueños de los sueños (Martínez Roca, 1998), Enigmas literarios (Corona Borealis, 2004), Breve historia de la brujería (Nowtilus, 2006) o Secretos medievales (Temas de Hoy, 2006).
Desde hace diez años colabora en el programa La Rosa de los Vientos de Onda Cero Radio.

