Felipe II y el secreto de El Escorial
Una biografía maldita
por Mariano F. UrrestiEn cualquier caso, fuera El Bosco o no adamita, lo que nos deja sin aliento es el resto de esa obra. Allí, una fuente de la vida extravagante; acullá, un Árbol del Bien y del Mal estrambótico, y todo repleto de seres fabulosos jamás vistos en estos páramos de la realidad ordinaria.
En la tabla central el sensualismo rebosa carne. Un lago repleto de mujeres desnudas es rodeado en romería lujuriosa por una multitud mientras las ilusiones del mundo se representan con el dibujo preciosista del artista flamenco.
Finalmente, a la derecha aguarda al infierno. Pero no contento con las torturas típicas y los tormentos socorridos, Hieronimus ve en el fondo de su mente instrumentos musicales que sirven para dar escarnio a los pecadores.
¿Adamita? ¿Conocimientos secretos? ¿Crítica social? ¿Quién inspiró a El Bosco? ¿Qué supo de él Felipe II que quiso cruzar al otro lado contemplando los mundos invisibles pintados en aquellas tablas?
Finis Gloriae Mundi
Mencionábamos en líneas precedentes las obras del pintor barroco Valdés Leal porque nos recordaban la muerte de Felipe II, aunque no guardan relación directa alguna con ella. Y si antes nos demoramos en el cuadro titulado Triunfo de la Muerte, más popularmente conocido como In ictu oculi, en la hora del final de nuestro personaje nos pareció de interés posar la mirada sobre otra de las obras de este pintor andaluz: Finis Gloriae Mundi.
Se trata de un óleo sobre lienzo en el que el autor representa lo efímera que es la vida y sus regalos ejemplificando la lección con una fosa donde los cadáveres se descomponen.
Son claramente identificables los cuerpos carcomidos de un obispo, puesto que se advierte su mitra, y un caballero de Calatrava a quien denuncia su manto con la cruz de su Orden. Una mano llagada, que naturalmente pertenece por ello a Jesucristo, sostiene sobre los cuerpos en corrupción una balanza, escenificándose la vieja pesada del alma de los egipcios. En los platillos de la balanza se pesan las buenas y malas acciones, y leemos dos inscripciones en ellos: Ni más, Ni menos.
En el platillo izquierdo de la balanza se representan los siete pecados capitales. En la obra de Valdés Leal esos pecados se representan alegóricamente con animales.
Mientras, en el platillo de la derecha aparece una serie de objetos que, en algún caso, están a punto de ser mencionados también en esta historia maldita de Felipe II: disciplinas, cilicio y cadenas.
Esta obra tenebrista y truculenta que Valdés Leal pinta en 1672, casi un siglo después de la muerte del soberano de El Escorial, nos inquieta. El frágil equilibrio entre ambos platillos puede conducir al difunto al cielo o al infierno, independientemente de los poderes y glorias terrenales de que haya disfrutado en vida. Recordando este cuadro de fuerza terrorífica una mañana en la que me detuve ante la alcoba en la que murió Felipe II en El Escorial me pregunté si el rey se hallaba en paz consigo mismo y con Dios. Creo que no, y de ahí su resistencia a nacer a la otra vida.
Durante los 53 días de su agonía, en vísperas de que también una mano invisible pusiera sobre el fiel de la balanza sus virtudes y sus defectos, a mí me parece que el rey mostró terror a morir. Aquellos cuadros de El Bosco aludiendo al infierno, aquella sed suya de oraciones y lecturas…
Temiendo caer en un estado de inconsciencia del que ya no le fuera posible salir, el primer día de septiembre el monarca solicitó la extremaunción, pero no de cualquier modo, sino a lo grande. Dice Sigüenza que “mandó a su confesor que le llevase el Manual, libro donde se administran los Santos Sacramentos, y le leyese todo lo que éste tocaba sin dejar letra”. Y para recibir el sacramento esmeró su precaria higiene, de modo que le cortaron las uñas y le lavaron las manos.
Antes de recibir la extremaunción, el moribundo se confesó. Después, ordenó que estuviera presente su hijo Felipe, “porque veáis en lo que paran las monarquías deste mundo”, le dijo al príncipe.
He hecho alusión a su higiene, y para mostrar aún mejor el dramatismo de aquellos últimos días tal vez sea necesario ahondar aún más en ese aspecto. Y es que el sufrimiento físico del rey era atroz, pero aún lo hacía más cruel la imposibilidad de lavarse como a él tanto le gustaba.
Felipe II había sido extremadamente meticuloso en su higiene personal, pero ahora que las glorias del mundo estaban a punto de apagarse, también eso le fue vedado. Jean L’Hermite describe aquel terrible escenario de este modo:
“Sufría de incontinencia, lo cual, sin ninguna duda, constituía para él uno de los peores tormentos imaginables, teniendo en cuenta que era uno de los hombres más limpios, más ordenados y más pulcros que vio jamás el mundo…No toleraba una sola mancha en las paredes o suelos de sus habitaciones… El mal olor que emanaba de estas llagas era otra fuente de tormento, y ciertamente no la menor, dada su gran pulcritud y aseo”
Impedido, sin poder hacer sus necesidades sino en el propio lecho, se abrió un agujero en la misma cama para que de ese modo pudiera aliviar su cuerpo. Todos los cronistas mencionan el olor insoportable en medio del cual el rey tuvo que vivir sus últimos días. Una agonía de la que no perdieron un solo detalle los huesos y pellejos de todos aquellos santos mártires que hizo instalar ante su cama maloliente. Pero, por encima de todos, había un crucifijo.
Sobre el libro:
"Felipe II y el secreto de
El Escorial"
(continuación...)

La leyenda dice que san Lorenzo trajo de Oriente a Europa el Santo Grial. Pero ¿qué es exactamente la fuerza mágica que representa el Grial? ¿Es una mera casualidad que siglos después Felipe II, convencido de ser el nuevo rey Salomón, construyera el enigmático monasterio coincidiendo con la festividad d San Lorenzo?
¿Qué sucedería si ese proyecto ya estuviera en la mente del rey mucho antes de que tuviera lugar la batalla de San Quintín?
¿Qué ocultó a lo largo de su vida Felipe II?
¿Qué aguarda a ser descubierto bajo las piedras dispuestas según criterios herméticos por Juan de Herrera en El Escorial?
¿Qué relación tuvo Felipe II con el Mal a lo largo de su vida?
Descúbralo en esta obra, tan rigurosa como apasionante, que hará que ya nunca pueda ver del mismo modo que antes la figura del Felipe II y su asombrosa obra del monasterio de El Escorial.
Ficha del libro:
Autor: Mariano F. Urresti
Características:
Colección Mundo Mágico y Heterodoxo. Editorial EDAF
Formato 16 x 24 cm., tapa dura con sobrecubierta,
408 páginas.