«Éboli»
Secretos de la vida de Ana de Mendoza

por Nacho Ares

Textos del libro "Éboli. Secretos de la vida de Ana de Mendoza", de Nacho Ares, Algaba, Madrid 2005

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Fundaciones de santa Teresa (continuación...)

Y a pesar de las burlas de doña Ana hacia la faceta mística de santa Teresa, hay que reconocer que la princesa de Éboli fue una mujer muy religiosa. Su devoción a la Virgen María no solamente queda patente en la divisa de su familia, en cuyo blasón podemos leer el mencionado “Ave Maria Gratia Plena”, sino en la generosidad que demostró en las continuas donaciones que otorgaba a los dos monasterios fundados por santa Teresa. Su devoción principal fue la de la llamada Santísima Virgen de Nuestra Señora del Soterraño, imagen conservada hoy en el Museo de la Iglesia Parroquial de la Colegiata de Pastrana.

La tradición cuenta que esta figura fue descubierta en una cueva, de ahí el nombre de Nuestra Señora del Soterraño (“del subterráneo”), bajo el castillo de Zorita de los Canes, a 10 kilómetros al sur de Pastrana. Este lugar fue en su momento una especie de área de recreo de los príncipes de Éboli. En la actualidad, su estado ruinoso apenas llama la atención de los modernos automovilistas que pasan a su pie, descubriendo sólo un montón de muros y torreones sin forma. Los orígenes de esta fortaleza se remontan a la época medieval en tiempo de la lucha con los moros, en el siglo X.

Tras pasar de mano en mano durante siglos, en el año 1565 fue comprado por don Ruy Gómez. Junto a la princesa de Éboli, ambos esposos realizaron reformas en el castillo para poder habitarlo. Hasta allí gustaba ir doña Ana descendiendo río Arlés abajo para contemplar desde la gran terraza que se abre en la cima del torreón sur del castillo, las ruinas de lo que se ha venido a identificar con la población visigoda de Recópolis, la cual se encuentra a muy poca distancia del lugar, muy cerca de la ermita de la Virgen de la Oliva. En la actualidad el lugar está totalmente en ruinas, habiendo perdido cualquier recuerdo del paso de la Princesa.

Pues bien, en el castillo había una pequeña iglesia o capilla bajo la cual se habría una antigua cripta en donde se adoraba a la Virgen del Soterraño. Fray Pedro González de Mendoza cuenta en su Historia del Monte Celia que allí apareció la imagen de la Virgen, en esta vieja iglesia de la Orden de Calatrava, escondida en una cripta excavada en la roca de la montaña a la que se llegaba a través de un misterioso pasadizo secreto abierto a modo de tumba. Fue descubierta siglos antes, estando siempre acompañada por una lámpara que nunca se apagaba.

Según cuenta Jesús Simón Pardo, la imagen fue venerada desde el siglo XIII. La Virgen del Soterraño era frecuente meta de peregrinaciones de los vecinos de la comarca que, conocedores de los milagros que se le atribuían, iban hasta el castillo de Zorita para pedirle la solución de sus males y problemas.

Cuando la princesa de Éboli construyó la iglesia del monasterio de San José, un año después de su fundación, en 1570, quiso hacer en él un hueco para venerar la imagen de la Virgen del Soterraño. Ello implicaba retirarla de su ubicación original en la que había permanecido durante siglos. Aunque doña Ana era la dueña del castillo de Zorita y, por lo tanto, de la imagen, el alcalde del castillo, don Mateo López Cerezo, intentó disuadir a la Princesa argumentando que cuando en situaciones previas se había intentado llevar a cabo algún traslado, de forma sobrenatural la imagen de la Virgen había vuelto a la cueva subterránea.

Como las gentes de Pastrana temían las represalias de la Virgen, nadie se prestó a realizar el traslado. Ni corta ni perezosa, doña Ana se presentó en el castillo en su carruaje y con sus propias manos tomó la imagen, la subió al coche y emprendió el camino hacia el monasterio de San José.

La leyenda dice que incluso la princesa de Éboli se vio afectada por los poderes sobrenaturales de la talla. Al parecer, al vadear el Tajo en una barcaza, descubrió que la imagen se había volatilizado. Tras varios intentos infructuosos, se conoce que la Virgen se cansó de jugar al gato y al ratón con doña Ana y finalmente consintió quedarse en el monasterio de Pastrana. Allí permaneció desde 1570 hasta que recientemente ha pasado a engrosar la colección de piezas del museo de la colegiata en donde hoy se puede ver.
La fama de milagrera de la Virgen del Soterraño empujó a las religiosas del monasterio a que en 1605 reclamaran al cardenal Sandoval y Rojas para que constituyese una comisión para investigar lo sucedido. En aquella ocasión se entrevistó a más de 30 personas, incluida doña Ana de Silva y Mendoza, la hija pequeña de la princesa de Éboli. En aquel año residía como monja concepcionista bajo el nombre de sor Ana de San Francisco. La comisión fue presidida por el deán de la colegiata, don Juan Mazuelas, y ante la presencia del notario apostólico, don Pedro Ruiz Montesdeoca.

De ese documento de 1605, se conserva en el monasterio de San José una copia auténtica realizada el 5 de febrero de 1723. En el fragmento que aquí reproduzco se alude al interés de la Princesa por la talla y al anecdotario sobre si hacía o no milagros fuera o dentro de su cripta original:

“...estando esta testigo en palacio de esta villa excelentísima de la princesa doña Ana de Mendoza y de la Cerda y duquesa que fue de ella, oyó hablar de la Santísima Virgen de Nuestra Señora del Soterraño y entonces supo esta testigo y entendió cómo esta Santa Imagen hacía milagros, porque viendo doña Teresa, secretaria que entonces era de la otra señora Princesa, cómo su excelencia había traído al convento de la Concepción de esta villa (de Pastrana) la otra imagen y que al principio se había vuelto al Soterraño y capilla de donde dicen se apareció que fue en la fortaleza de Zorita. Y viendo que por acá en aquel tiempo la sagrada imagen no hacía milagros como allá los hacía, oyó esta testigo a la otra doña Teresa que dijo a la otra señora Princesa después, que su excelencia hizo traer esta sagrada imagen a este convento de la Concepción, no hace milagros como solía; su excelencia dé orden de mandar volverla a su soterraño y capilla, y entonces respondió la otra señora Princesa que si Dios le daba vida que haría de poner en el convento que ella tenía una imagen que ella tenía de Nuestra Señora en su cárcel de la Plaza y que haría de hacer volver la imagen de Nuestra Señora del Soterraño a su lugar; y que (nuestro) Señor [...] que se murió luego pasados algunos días hizo mandar volver la otra imagen, y así se quedó en el convento a donde después está con gran veneración en el altar mayor de la iglesia de él”.

Fray Pedro González de Mendoza, hijo de la Princesa, también nos reseña sus propiedades milagreras.

“con la devoción de sus cristianos pechos y la grandeza que pedía la obra, (mis padres) la trasladaron (a Pastrana) donde ha hecho y hace todavía grandes milagros particularmente con enfermos del mal de peste”.

La imagen de la Virgen del Soterraño, que hoy se puede ver en el museo de la antigua colegiata, es una talla románica tardía de los siglos XII o XIII, en posición sedente. A lo largo de los siglos ha sufrido no pocas restauraciones y apaños, como la corona que hoy porta, supuestamente colocada por fray Pedro, que la han convertido seguramente en una versión recargada.

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