Arqueología de los dioses

por Nacho Ares

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En la piedra en cuestión vemos a un hombre rodeado de símbolos astrológicos que representan el cielo —el límite espacial de la tierra del hombre y la morada de los dioses, donde el curso fijo de las estrellas marca el implacable ritmo del tiempo—. El hombre reposa sobre la tierra, representado por una grotesca cabeza con rasgos fúnebres, ya que la tierra es un monstruo que devora todo lo que vive; y si el hombre reclinado parece caerse hacia atrás es porque su inherente destino es caer a la tierra, el país de los muertos.

Pero sobre el hombre se alza el bien conocido motivo cruciforme, que, en algunas representaciones es un árbol, en otras la estilizada planta del maíz, pero que siempre es el símbolo de la vida surgiendo de la tierra, la vida triunfante sobre la muerte».

Vayamos por partes. La propia representación del individuo que protagoniza la escena y que se supone ser el mismo que hay enterrado en la sepultura —al menos así lo señalan los textos de la losa—, cuenta con todos los elementos necesarios para encuadrar en la morfología típica de un maya.

Todo parece indicar que el relieve del «astronauta» no es mas que la representación de la divinización de Pacal, mandada realizar seguramente por su hijo K’inich Kan Balam. Por su parte, la «nave» o «cohete» no sería tal sino una elaborada representación de una cruz o árbol de la vida que vemos con frecuencia sobre relieves conservados no solamente en muchos lugares de Mesoamérica sino en el propio Palenque.

Este tipo de cruz o árbol siempre tiene la misma estructura. En su parte superior el árbol está coronado por un pájaro quetzal, símbolo del dios sol. El tronco está formado por ramas cubiertas por una serpiente, y de cuyos extremos surgen mazorcas de maíz antropomorfas. Finalmente en la parte inferior, junto a las raíces de la planta, léase el infierno, vemosun demonio.

Éste es el esquema, podríamos decir «tipo», de la llamada cruz que podemos ver en varios lugares de Palenque como en el templo de la Cruz Enramada. Curiosamente en estos paralelismos que vierten luz sobre el verdadero significado del «cohete» de Pacal, se puede ver al propio soberano junto a la cruz haciendo de extremo de alguna de las ramas; una especie de antropomorfización vegetal de la
divinización de Pacal.

Un viaje a la muerte no al espacio

Alberto Ruz ya adelantó esta interpretación al ver en la figura de la losa al rey de Pacal reposando al pie del árbol de la vida, mientras su espalda descansa sobre el demonio en forma de esqueleto de los cuatro puntos cardinales. De esta forma quedaría una compleja propuesta iconográfica en la cual se podrían ver los tres planos del mundo de las creencias mayas, el subterráneo con sus demonios, el terrenal con el rey de Pacal y finalmente el celeste con el pájaro quetzal, símbolo del sol.

En cierto modo se puede ver un paralelismo grande con los mitos egipcios manifestados en el Libro del Amduat. Se trata de un texto religioso de la XVIII dinastía (ca. 1500 a. de C.) en el que el rey es asimilado al sol y debe superar el peligroso periplo del sol por las doce horas de la noche para volver a renacer al día siguiente como el dios Ra. En la losa de Pacal, algunos investigadores han querido ver algo similar al entender que el rey es devorado por los demonios del averno para luego renacer con los rayos del sol de un nuevo día.

A uno se le queda el cuerpo un tanto descompuesto después de leer la interpretación arqueológica del Señor de Pacal. La interpretación astronáutica pierde todo su valor desde el principio. Como decía antes, a simple vista no es difícil ver que efectivamente el rey maya parece estar pilotando una nave o un cohete. Como curiosidad está francamente bien.

No obstante, es ilógico que los mayas diseñaran cohetes como los existentes en la década de 1960. Hoy, por ejemplo, la supuesta «tecnología» astronáutica de la losa perdería todo su significado ya que en pleno siglo XXI los cohetes no se emplean en el traslado de tripulantes al espacio sino que son naves mucho más sofisticadas.

Por ello se ve una vez más un problema muy común entre los investigadores de los misterios del mundo de lo antiguo: intentar buscar en nuestro entorno diario paralelismos que den una explicación a representaciones que nos resultan sorprendentes. Y no hay error más grave en un investigador. Lo primero que hay que hacer es salir de nuestras coordenadas espaciotemporales e intentar pensar, en este caso, como un maya del siglo VII de nuestra era.

Por ello, si vamos un poco más allá, es lógico pensar que hay algo que no encaja en un razonamiento tan audaz. Con los tiempos que corren es absurdo pensar que Pacal fuera un extraterrestre o que alguien se adelantó en casi tres siglos al ingeniero André Citroën cuando en 1910 abrió su primera fábrica de automóviles para diseñar años después el celebérrimo 2 CV.

Bibliografía

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