Análisis forense de la crucifixión y la resurrección de Jesucristo

por Miguel Lorente

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Tomando, pues, a la Sábana Santa como la prueba principal de los hechos (las heridas que refleja coinciden exactamente con las que, según los documentos históricos, sufrió Jesús), un análisis minucioso, desde el punto de vista médico forense, arroja conclusiones sorprendentes.

Lo que nos dice la imagen de la Sábana Santa es que el cuerpo que fue envuelto en ella no era el de una persona fallecida. Hay dos grupos de razones que avalan esta conclusión: no hay signos de muerte en ese cuerpo, como la rigidez cadavérica y otros, y hay señales de vida, como las características de las manchas de sangre o la posición de las manos.

El contexto de la crucifixión; religión y política

Alrededor de esta tesis central, tan estimulante como provocadora, el autor analiza también un buen número de cuestiones relativas a la pasión y muerte de Jesús. Se refiere, por ejemplo, al ambiente caracterizado por la tranquilidad militar y, a la vez, por una cierta inquietud religiosa.

Es en ese contexto en el que Jesús es recibido triunfalmente en la ciudad; un Jesús que traía una palabra nueva: frente al ritualismo en que estaba anquilosándose la religión judía, él traía un mensaje de amor y de vida; no era la religión la que se convertía en una forma de vida, llenando a ésta de normas y preceptos, sino la vida la que se convertía en una forma de religión.

Ese mensaje atacaba directamente a la aristocracia sacerdotal judía que llevó a Jesús ante Pilato; pero hubo también una participación activa, un interés directo de las autoridades romanas para eliminar a aquel personaje aclamado por las masas. Las acusaciones de tipo religioso y las de tipo político estuvieron entreveradas en el juicio de Jesús.

La cruz: símbolo y realidad

La muerte en la cruz tenía una intención y un significado muy claros. Era la forma más cruel de dar muerte, y tenía la intención de humillar al condenado y de borrar de raíz su recuerdo; el suplicio era tan espantoso que a los familiares y seguidores del ejecutado sólo les quedaba la posibilidad del olvido para superar el trauma.

Por parecidas razones, los primeros cristianos no emplearon el signo de la cruz, que no aparece hasta el siglo IV. En los primeros siglos, son otros símbolos más ligados al mundo judío, como el pez, los que dominan en la iconografía cristiana.

Por su parte, la iglesia posterior no ha hecho mucho hincapié en el sufrimiento físico de Jesús. Al contrario que en la película de Mel Gibson, la iglesia ha preferido subrayar los elementos simbólicos, el triunfo de la redención, por encima de la sangre y las torturas.

El autor se detiene también en un aspecto que no siempre, o no para todo el mundo, está claro: ¿cómo se muere en la cruz? ¿qué procesos provocan la muerte de un crucificado? "Todavía no se conoce con exactitud ni hay una posición unánime por parte de los científicos para explicar el proceso fisiopatológico que conduce a la muerte por crucifixión", escribe Miguel Lorente.

En todo caso, hay tres causas que pueden explicarla: la asfixia, el shock hipovolémico por pérdida de sangre y el shock traumático. Explica también el autor que, frente a la iconografía habitual, los clavos no se colocaban sobre las palmas de las manos, sino sobre las muñecas, para impedir que el cuerpo se desprendiera.

Los días oscuros

Recuperado del tormento en la cruz en las circunstancias descritas, la curación de Jesús prosiguió en algún lugar al cuidado de unos pocos discípulos. Esos días, hasta su desaparición definitiva, permanecen en la oscuridad casi absoluta; guardan, sin embargo, dice el autor, "gran parte de las claves del cristianismo".

Según los Evangelios, Jesús tuvo algunos encuentros con los apóstoles. Éstos habían permanecidos escondidos y asustados a raíz de la crucifixión, y cuando vuelven a encontrar a Jesús revivido, su reacción se caracterizó más por la incredulidad y el temor que por la esperanza y la alegría.

Quizá pesó sobre ellos el miedo a que les acusaran de la desaparición del cuerpo (algo que habían anunciado las autoridades judías); el caso es que no reaccionaron como cabía suponer ante lo que era el cumplimiento de una gran esperanza. Siguieron ocultos y dispersos; el arresto de Jesús actuó com un hachazo sobre lo que había sido un grupo unido y homogéneo.

Así, las apariciones de Jesús se produjeron "en circunstancias y en un estado muy distinto al reflejado en los Evangelios".

De todas formas, aunque pesaran más en ellos el miedo y la desesperanza que la alegría por el encuentro, hubo algo que entendieron claramente: si Jesús había muerto y ahora estaba vivo es que había resucitado.

La resucitación biológica de Jesús, que fue un proceso natural, fue vivida como una auténtica resurrección por los apóstoles. "Sin las apariciones y la consecuente fe en la resurrección habría sido difícil, tal y como transcurrieron los acontecimientos, que sus discípulos se hubieran vuelto a unir para formar una comunidad cristiana".

Los 42 días se prolongaron así "hacia la luz de los primeros rescoldos del movimiento cristiano". Un movimiento cuyo desarrollo a lo largo de los siglos, partiendo de aquellos orígenes inciertos, tiene también algo de milagroso en el mismo sentido en que fueron milagrosos los hechos relatados en este libro, hechos inexplicables, naturales y excepcionales a la vez, pero capaces de desencadenar unas consecuencias extraordinarias.

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