«Félix es el último chamán que nos enseñó los secretos del mundo»

R. Pérez Barredo / Diario de Burgos / 26 abril 2010
Nacido en Vitoria en 1973, pilota en radio y televisión sendas naves del misterio con un éxito que deja sin argumentos a sus detractores. Viajero, aventurero, apasionado investigador de cuantos acontecimientos escapan a lo racional, Iker Jiménez es también autor de libros y novelas sobre los principales secretos y enigmas de la Humanidad. Gran comunicador, aterriza esta semana en Burgos para hablar del comunicador por excelencia, Félix Rodríguez de la Fuente, de quien se declara rendido admirador.

Es, por méritos propios, uno de los gurús de la televisión y radio actuales. Con ‘Cuarto Milenio’ y ‘Milenio3’ (más de medio millón de oyentes en el último EGM) ha roto moldes. Comunicador de raza, sus programas de misterio se han convertido ya en objeto de culto. También en internet arrasa. Sus seguidores son legión. El próximo jueves, a partir de las 20,15 horas en Cultural Cordón, el periodista Iker Jiménez ofrecerá la conferencia ‘Félix: enigma y voz de la naturaleza’ dentro del ciclo de actividades dedicadas al universal biólogo burgalés con motivo del 30 aniversario de su fallecimiento en Alaska. Para Jiménez, el naturalista pozano es mucho más que un referente: se trata, asegura, de un genio, un ser especial de los que nacen pocos.

Afirma que Félix fue un personaje clave para usted ¿por qué?

Es el mayor ejemplo de vida, de pasión, de búsqueda, que he conocido. El ejemplo de perseguir los propios sueños. El ejemplo de cómo cambiar el mundo con la voz, la imagen, la aventura. El hombre que recuperó un universo que se moría y nos lo devolvió como patrimonio vital a todos los seres humanos. Pero por encima de todo, Félix era un mago auténtico. Un mago capaz de hechizar, capaz de hacer la realidad más bella. Capaz de cambiar nuestros cromosomas con su palabra, con su vibración, con su mirada. Félix es el último chamán que nos enseñó los secretos del mundo. Por eso sigue vivo 30 años después. Más vivo que nunca en este mundo decadente, primario y amoral.

¿Qué representó él para un niño curioso como usted?

Lo descubrí de niño y me fascinó. Cada semana era una aventura. Un mundo inexplorado y nuevo. La fuerza de aquella voz antigua, que lo irradiaba todo, parecía sacada de lo más hondo de las cavernas de la prehistoria. Era una voz muy reconocible. Que hablaba directamente al alma. La pasión en cada reto, en cada imagen. La sensación de saberse tocado por una luz, por un brillo especial. Eso es lo que yo veía a través de la televisión, con siete años.

Félix sabía cuál era su misión y la cumplió contra todos y contra todo. Fueron muchos los que le pusieron zancadillas, por la envidia, por el rencor, por el cainismo de este pueblo llamado España. Tuvo que saber muy bien lo que era la soledad. Pero tenía una misión. Y eso era lo más importante. Tenía que despertar la conciencia de millones de niños. Y lo logró. Todo eso lo aprendí en 2006, cuando lo redescubrí ‘por accidente’. Un libro me llevó a otro, después muchos recuerdos… y visionar sus obras de nuevo. Y sentí la misma emoción o más, mucho más, que de niño.

Comprendí su labor, su cruzada en toda su profunda dimensión. Como hombre de televisión que soy, vi como Félix se adelantó a todos. Y aún sigue a años luz. Dime si eso no es un misterio.

¿De qué manera ha influido su magisterio en tu exitosa manera de transmitir?

No fui realmente consciente de lo que Félix me había impregnado hasta que en la Navidad de 2006 compré un libro donde se le atacaba. Me indigné. Y empecé a recuperar de mi biblioteca todo lo que había de Félix. Un libro a la contra produjo el milagro. Y cómo me alegro. Lloré de emoción al comprender que la maestría de Félix también me había «troquelado». En mi mente de niño, en ese recuerdo imborrable que permanece ahí, dormitaban muchas cosas que vi en Félix.

Félix es un monstruo irrepetible, inclasificable. Un titán de la comunicación. Los demás solo podemos aprender. Pero veo, compruebo, que hay cosas, muchas, muchísimas, que yo inconscientemente adoptaba, hacía, sin ser consciente. A lo largo de mis 37 años. En mi alma de niño dormía el mensaje de Félix. Y si algo había de importante en ese mensaje era el emocionarse y sentir de verdad lo que uno hace. Eso lo capta el público de inmediato. Algunos creen que el espectador o el oyente no tiene criterio. Y se equivocan. Ellos saben cuándo alguien vive y cree en su labor. Uno, equivocado o no, a contracorriente o no, con asuntos más populares o no, debe ser pasión y vivir lo que hace. Esa fue mi forma de hacer realidad el mensaje y legado de Félix.

¿De haber vivido hoy estaríamos hablando de un comunicador global que tendría cautivado al mundo entero? ¿Quién sería hoy Félix?

Hoy sería un líder mundial. Un heraldo de otro mundo que sí es posible. Un embajador de la conciencia humana que agoniza hoy. Félix, y a eso conducían sus últimos programas, se estaría preguntando por el misterio del hombre, del universo, de la vida, de las estrellas, del pasado. Solo hay que revisar sus programas y audios para comprobarlo. Y nos seguiría enamorando a todos, con nuevos medios, con más posibilidades. Sería algo grandioso que, en parte, la naturaleza y el infortunio nos arrebató hace treinta años en un extraño accidente.

Pero esa muerte, solo en lo físico, le convirtió en leyenda. Y las leyendas son inmortales. Yo creo que él sigue reencarnado en gran lobo blanco, por los interminables páramos de Burgos y de Alaska. Lo creo firmemente porque era su sueño. Y Félix cumplió sus sueños hasta el final.

Alguien decía hace poco que sus programas eran futuristas, que con medios alejados años luz de los actuales, consiguió cosas increíbles.

Félix hizo cosas que forman parte de un sueño. Un sueño de imagen, de música, de belleza inenarrable. Nadie lo podrá volver a hacer nunca. Solo se puede admirar y aprender. Nada se parece a lo que él hizo. Ni se parecerá. Como nadie puede ser Goya o Leonardo. Ni en España ni en el mundo. No importaban tanto las imágenes en sí. Ni los animales siquiera. Era él. Él y su mensaje que lo impregnaba todo.

Veo en su obra, la más acabada, la más genial, la más sensible creación audiovisual. Hay tantas cosas que laten en la obra de Félix que no se pueden considerar ni televisión. Es, otra cosa. Es poesía ancestral, es canto hipnótico, es música del viento y la naturaleza. Es el eco del misterio de la tierra y los hombres. Un coro que amíme sigue poniendo la carne de gallina.

¿Qué lugar debe ocupar Félix en la Humanidad?

Félix Rodríguez de la Fuente es una muestra de que los seres de luz existen e irradian. Y yo creo en él. Él hubiera sido el político al que yo votaría siempre. El más alto dios en el panteón de la libertad humana. El hombre a quien brindaría mi sangre si sirviera para continuar la labor; el ejemplo que me gustaría para mis hijos y los hijos de mis hijos como salvaguarda de un futuro mejor. Es el embajador de una idea del hombre, la esencia y la búsqueda que no tiene parangón. En lo que para mí significa humanidad, representa el más alto escalafón. El ejemplo máximo de consagrar una vida a una labor hermosa y crucial. Tan hermosa que por ella dio la vida.

Se habla de un hombre irrepetible; quizás por eso nadie ha sabido continuar su labor

Hacer lo que Félix hizo es imposible. Ya lo hizo y ahí está para irradiarse de esa luz, para aprender y comprender. Pero creo que la labor se puede continuar de muchas formas, desde diferentes trincheras. Por ejemplo haciendo cosas interesantes, comprendiendo el enigma y misterio de la vida, de la naturaleza, del hombre, de la muerte. Esas cosas que muchos quieren que no nos preguntemos. Yendo a contracorriente en este mundo audiovisual que llena el país de odio, primitivismo, pulsiones bajas, competencias, materialismo. Ir en contra, promulgando el interés, la lectura, la pregunta, la reflexión, la duda….todo eso es seguir la labor de Félix. Félix no solo hablaba de animales. La vida, su enigma, su profundidad, eran su campo de acción. Y muchos, humildemente, queremos continuar con la labor de despertar y hacer pensar a un mundo cada vez más adormecido. Por eso la misión de Félix sigue viva, encarnada por muchas personas que están en conexión con ese espíritu, con esa forma de ver la realidad y la vida.

¿Cuánto de vivo está su legado?

Hay mucho vivo de ese legado. Hay mucha gente, comenzando por su hija Odile, por naturalistas como Luis Miguel Domínguez, González Sitges, biógrafos como Varillas, Pou, Ramos Cumplido…. y por mucha otra gente en los campos de la comunicación, la naturaleza el pensamiento, la filosofía, la historia… que prosiguen con ese legado. No es cuestión de naturaleza solo. Esa es la clave. El legado es amplio.

Ser feliz, ser consecuente con nuestro planeta, aprender de cada cosa, entusiasmarse con cada enigma de la vida, del espacio, de la leyenda, del rito, del pasado, de las piedras, de las células…. es revivificar ese legado. Solo hay que escuchar a Félix para comprobar que le interesaba todo. Que todo era asombroso para él. Y en eso, por lo menos en eso,me parezco a él. Te doy mi palabra de que cada día me entusiasmo con lo ignorante que soy y lo que me queda por aprender de todo.

Hace poco, en una entrevista, su viuda confesaba que siempre tuvo la sensación de que Félix sabía que sabía; que era consciente, aunque no lo dijera, de que lo que estaba haciendo era algo grande. ¿Félix fue excepcional también en ese sentido, en ser un ser humano especial entre millones?

Fue un ser de luz. Un ser irrepetible y excepcional. Un hombre con una altísima misión. Claro que sabía que lo que estaba haciendo era germinar, sembrar… para cambiar el mundo. Me da mucha pena, y mucha rabia, que se marchase a la otra orilla tan pronto. Pero sé que sigue en libertad. Y fascinándose del mismo modo por todo lo que le rodea. Seguro que tiene muchas respuestas a tantos interrogantes.

Él mismo confesó muchas veces que no hubiera sido como fue de no haber nacido en Poza de la Sal; tú conoces bien esa zona, el páramo inhóspito que lo corona desfiladero arriba, donde tantas veces reinó el lobo. ¿Qué opina de esa reflexión?

Ahí hay una clave importante. Hace años, entrevistado en este mismo medio, ya hablé del Páramo y de esa zona como auténtico lugar de poder, lugar absolutamente mágico. Y nada es casual. Él hacía referencia constante a sus raíces. Al poder de ese enclave. Él fue niño paleolítico en un lugar mágico. El Páramo, Poza, el Burgos agreste y auténtico. La naturaleza viva.

¿Cómo iba a contarlo como un biólogo o como un especialista normal de la ciudad? Por eso le envidiaban muchos. Y, amigo, para esa magia, para ese ancestro, para ese legado interior, no valen titulaciones ni oposiciones. Eso se tiene o no se tiene.

Él, que había vivido en Poza sintiendo a los animales, al lobo, al zorro, al buitre, al halcón… a la tierra, a las leyendas y los hombres. Él, nacido en la ancestral Poza de la Sal, en un lugar bellísimo y mágico, con sus saludadores, sus curanderos, su brujería antigua, sus ritos… su conexión intacta entre El Hombre y La Tierra. Él fue el niño que absorbió un mundo que se moría. Y lo resucitó. Él llevaba en su sangre, en sus células, todo ese legado y nos lo supo transmitir.

No concibo labor más grande y hermosa. Fue un viajero del tiempo que nació en el lugar exacto. Su niñez es una gran clave. Una niñez libre, llena de luz, de aire fresco, de sierras, de horizontes infinitos. Una niñez como un sueño. Un sueño que ha significado mucho para millones de personas en todo el mundo.

Sucede con Félix una cosa muy curiosa que no sé si usted comparte: pudo ser olvidado, ninguneado e incluso detestado por determinados poderes e instituciones. Sin embargo, para el pueblo llano, para toda la gente, Félix no ha muerto ni morirá nunca.

Esta entrevista es un ejemplo. Los mediocres, los mezquinos, los envidiosos, los que son incapaces de soportar la grandeza de alguien excepcional, es que no merecen un solo minuto. Ni uno. Ahí está Félix, y el tiempo y la Historia pone a cada uno en su lugar. Pero más que eso, más que las palabras grandilocuentes, más que en calles, plazas, recordatorios y estatuas, Félix está en millones de corazones. Y en millones de espíritus con los ojos limpios y las ganas constantes de mejorar y aprender. Eso es un logro que muy pocos, muy pocos, consiguen. Ser ejemplo y vivir, eternamente como arquetipo. Como símbolo en el inconsciente de un pueblo. Y eso es Félix, le pese a quien le pese y para azote de tantos mediocres. Algo, en mi opinión, superior a lo estrictamente humano.

Félix es ya una idea, un pensamiento imborrable, un anhelo de ser mejores, de constante superación, de inquietud. Félix Rodríguez de la Fuente es amor por la libertad, por la comunicación. Amor por el hombre y la tierra. Por el misterio de la creación.

Amor por el gran misterio de la vida.

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