El incidente de Saucedilla - Octubre 1984 -

 Mari Carmen Ramos, de 14 años de edad, regresaba caminando a Saucedilla por la Avenida de González Amézqueta, una calle ancha y solitaria rodeada de almacenes de pienso por la que apenas transita nadie. Va imbuida en sus asuntos hasta que algo le hace fijar la mirada instintivamente en el fondo oscuro. Un “chasquido” o algo que no logra identificar la ha puesto en guardia. Tras calmarse, avanza unos pasos y se fija en que una persona llega en sentido opuesto y por la acera contraria. El frío comenzaba a hacerse notar y el viento a helar los campos que circundaban la zona. Al volver la vista al frente Mari Carmen observa a la “mujer”, de considerable altura y negro atuendo, aproximándose a una velocidad desmesurada.

Había recorrido casi un centenar de metros en apenas unos segundos, o al menos eso es lo que le pareció a la testigo en un primer momento. Un tanto intrigada, Mari Carmen se detuvo a observar a la “transeúnte” y enseguida prefirió no haberlo hecho. Tras clavar sus ojos en la esbelta figura oscura, comprobó como ésta se deslizaba a un palmo del suelo, revoloteando el faldón de la inmensa sotana o capa que portaba por la acción del viento. La imagen era dantesca, aquella mujer, que parecía guiada por un resorte o “patín invisible” llevaba los brazos pegados al cuerpo y era como una torre humana. Al parar bajo una de las solitarias farolas de la avenida, observó su cabeza completamente entre sombras, sin atisbos de rostro o facciones...

Un recuerdo imborrable

Aquella “mujer” sobrepasaba los tres metros de altura y se dirigía a gran velocidad hacia la testigo. En los alrededores no había nadie a quien pedir ayuda, sin embargo, Mari Carmen tampoco tenía fuerza para escapar corriendo. Se había quedado petrificada por el miedo. Acto seguido, el humanoide de negras galas se cruzó de acera en un movimiento diagonal, atravesando el asfalto sin que se observaran pies de ningún tipo. Aquello, simplemente flotaba en el aire.

Enfilando su misma acera, el encontronazo entre testigo y perseguidor parecía inmediato, pero algo extraño sucedió. “Cuando ya di por hecho que aquello venía a por mí, vi como la mujer del patín giraba recto y se metía por un callejón ciego que nos separaba a las dos. Estuvimos como a cinco metros y 15 años después de los incidentes y tras haberse marchado del pueblo, la muchacha aún tuvo la sangre fría de mirar hacia el callejón para comprobar que ni allí había nadie, ni era posible esconderse en aquellas paredes lisas y sin hueco alguno.

Días más tarde otros niños aseguraron, sin conocer la historia de Mari Carmen que decidió guardar silencio, haber observado “una figura alta y negra como un fantasma” en las cercanías de la piscina municipal. Además, otra muchacha, María del Mar Mariscal, aseguró haberse topado con una espantosa figura alargada de rostro humano y mirada fija, junto a la cancela de su chalet mientras bajaba a sacar la basura. Toda la familia de la chica, encabezada por el padre, que portaba un gran machete, salió a toparse con el intruso. Pero aquello se había vuelto a esfumar. Esos tres sucesos en el espacio de apenas unas horas produjeron un gran estado de alarma, acrecentado aún más por otro testimonio que había visto a la “mujer de la sotana” en la carretera proveniente de la central nuclear de Almaraz.

El corresponsal extremeño de ENIGMAS, Gonzalo Pérez Sarró e Iker Jiménez localizaron a los testigos de estos hechos quince años después. Comprobaron cómo ninguno de ellos, a pesar del tiempo transcurrido y de la circunstancia de que algunos como Mari Carmen Ramos ya no viviesen en Saucedilla y hubiesen sufrido algún tipo de burlas por parte de un sector del pueblo, podían olvidar aquellos días de miedo. La mujer del patín jamás regresó pero, tal y como confesó la primera protagonista de esta historia: “Yo la vi, la tuve a mi lado y jamás podré olvidar a aquel gigante en la avenida de González Amézqueta”.

Extractado de "Encuentros: El enigma OVNI". Iker Jiménez © 2002