Un monstruo dentro del campanario - 1 Noviembre 1976 -

Pedro Higuera Pérez llevaba más de treinta años desempeñando las labores de sacristán en Isla (Cantabria) y a sus 77 años ya estaba acostumbrado a las tinieblas y la humedad que cada madrugada reinaban en el viejo campanario del la iglesia. Aquella jornada subió decidido la enroscada escalinata portando una pequeña linterna. Pero al llegar arriba, tuvo la extraña sensación de no encontrarse solo. En el habitáculo superior notó con espanto cómo lo que parecía ser un grueso bulto se colocaba frente a la tenue luminosidad que penetraba por uno de los arcos.

Chorro luminoso

Al dirigir el chorro luminoso de la linterna hacia aquel ángulo, Pedro Higuera creyó desmayarse del susto. Tendida en posición horizontal, una criatura humanoide de grandes dimensiones permanecía flotando a un metro del suelo. A pesar de que el pánico le tenía atenazado por completo, el sacristán aún mantuvo el pulso necesario para seguir enfocando al intruso y comprobar que su atuendo lo componían una túnica amplia de color oscuro —“como de un naranja fuerte y resplandeciente”— cuya parte superior le cubría pecho y cuello.

Un ser de 2,80 metros

El ser —que según los cálculos efectuados posteriormente alcanzaba los 2,80 metros de altura— permaneció constantemente con sus dos finísimos brazos pegados al tronco y las piernas ligeramente arqueadas hacia el suelo. En la cabeza, de forma almendrada y desproporcionada respecto al cuerpo por lo pequeña, no apreció el asustado testigo ojos, boca ni rasgo facial alguno.

Tras quince segundos de observación Pedro Higuera soltó la linterna y bajó de estampida la escalera de caracol, a tiempo de observar por el rabillo del ojo cómo el ser volvía a disolverse en la oscuridad reinante.

Aquel día, por primera vez en más de treinta años, no hubo campanadas en el bello rincón cántabro de Isla.

Extractado de "Encuentros: El enigma OVNI". Iker Jiménez © 2002